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El dolor no se apaga con el paso del tiempo. Tampoco la necesidad de respuestas. A más de dos años de la muerte de Gael Carrizo, el niño de ocho años que fue atropellado en Río Gallegos en abril de 2024, su familia volvió a alzar la voz con un reclamo que combina angustia, indignación y una demanda concreta: que la Justicia avance, fije una fecha de juicio y reencuadre el caso como dolo eventual.
Este lunes, en el estudio de LU12 AM680, Erika Erazo -madre del niño- se presentó acompañada por Belén Álvarez, integrante de la organización Familias del Dolor. Ambas expusieron con crudeza lo que describen como una espera interminable y un sistema que, aseguran, no logra dar respuestas a quienes buscan justicia tras una tragedia.
“Hace dos años que estamos en esto esperando una fecha de juicio, esperando que la justicia haga algo y todavía no pasa nada”, expresó Erika, visiblemente conmovida. Su testimonio no sólo refleja el desgaste emocional, sino también una sensación de abandono institucional que, según denuncian, se profundiza con el paso del tiempo.
El hecho que marcó sus vidas ocurrió el 19 de abril sobre la calle Prefectura Naval. Ese día, Gael fue atropellado por un vehículo cuando cruzaba acompañado por su hermana mayor. La madre se encargó de aclarar una versión que circuló en su momento y que, según dijo, no se corresponde con lo ocurrido: “Él iba con su hermana mayor a comprar un paquete de galletas al frente cuando lo chocaron”. La precisión no es menor: busca desmontar cualquier intento de responsabilizar a la víctima.
El conductor involucrado, identificado como Germán Álvarez, continúa en libertad. Ese dato es uno de los ejes centrales del reclamo actual. Para la familia y la organización que los acompaña, no sólo se trata de una demora judicial, sino también de la falta de medidas que, a su entender, deberían haberse adoptado desde un primer momento.
Belén Álvarez fue contundente al describir la situación. “Sigue su vida como si nada… sigue consumiendo bebidas alcohólicas y manejando porque lo han visto vecinos”, afirmó, al tiempo que denunció un “acoso constante” hacia la madre, la hermana y otros familiares del niño. Estas situaciones, según planteó, agravan el cuadro y refuerzan la necesidad de una intervención judicial más firme.
Otro de los puntos que remarcan es el estado del vehículo involucrado, un Ford Falcon que -de acuerdo a testimonios- era utilizado para picadas y circulaba a alta velocidad en la zona. “Era consciente de lo que estaba haciendo, muy consciente”, sostuvo Belén, en relación al pedido de cambio de carátula. La intención es que el caso deje de ser considerado como homicidio culposo y pase a ser juzgado bajo la figura de dolo eventual, lo que implicaría penas más severas.
La familia también cuestiona la posibilidad de un juicio abreviado. “Es una locura que se haya ofrecido una condena de tres años”, expresó Belén, al rechazar cualquier salida que no contemple -según su visión- la gravedad del hecho.
En paralelo, ante la falta de medidas judiciales, la organización recurrió a la Agencia de Seguridad Vial y logró una inhabilitación provisoria para conducir por dos años. Sin embargo, el temor persiste. Consideran que, una vez cumplido ese plazo, el imputado podría retomar la conducción sin que la causa haya tenido un desenlace.
El expediente, según indicaron, se encuentra en la Cámara desde noviembre del año pasado sin avances significativos. “Esto es revictimizar a la familia”, señaló Belén, al describir el impacto que genera la demora en quienes atraviesan un duelo atravesado por la búsqueda de justicia.
Erika, por su parte, también puso el foco en las limitaciones del sistema. Si bien cuentan con defensa oficial, perciben que la estructura está desbordada. “Muchas veces te dicen que las defensorías están colapsadas… ¿pero del otro lado quién se pone?”, planteó, en una frase que resume la sensación de desamparo que atraviesa su testimonio.
En medio de ese escenario, el recuerdo de Gael aparece como un refugio y también como motor. “Como él era. Un niño alegre, eh, que no tenía maldad porque tenía 8 añitos”, dijo su madre al describir cómo le gustaría que la comunidad lo recuerde. Contó además que le gustaba la Escuela 41 y que tenía un vínculo especial con los animales, al punto de alimentar todos los días a una perrita callejera.
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