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A una semana del brutal ataque ocurrido dentro de la Unidad Académica Río Gallegos de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, la investigación judicial continúa sumando elementos y nuevas versiones sobre uno de los episodios de violencia más graves registrados dentro de la institución. Mientras el estudiante José Fernando Águila sigue recuperándose de las graves heridas sufridas durante el hecho, en las últimas horas comenzó a tomar fuerza la estrategia defensiva del principal acusado.
Pablo B., trabajador no docente del área de mantenimiento de la universidad, quedó en el centro de la escena luego de ser señalado como el autor del ataque con arma blanca ocurrido el pasado 19 de mayo dentro del campus universitario. Sin embargo, su defensa sostiene que la secuencia habría sido diferente a la que inicialmente trascendió públicamente y asegura que el acusado también fue víctima de agresiones durante el enfrentamiento.
El abogado Jorge Trevotich, reconocido letrado de Río Gallegos y representante legal del sospechoso, brindó declaraciones en las que planteó una versión alternativa de los hechos que ahora deberá ser analizada por la Justicia junto con el resto de las pruebas recolectadas en la causa.
Según indicó el defensor en declaraciones a La Opinión Austral, el arma utilizada durante el episodio pertenecería en realidad a la propia víctima. Además, afirmó que el conflicto habría estado vinculado a una presunta deuda relacionada con “cosas prohibidas”, aunque evitó brindar mayores precisiones al respecto debido al avance de la investigación.
En ese contexto, Trevotich aseguró que existen registros fílmicos que mostrarían parte de la secuencia previa al ataque. “Están las imágenes donde se ve que Pablo B. fue atacado cuando se estaba yendo”, sostuvo el abogado, quien busca instalar la hipótesis de que su defendido actuó en medio de una situación de agresión física.
La defensa también remarcó que el trabajador no docente habría resultado herido durante el enfrentamiento. “Pablo recibió una puñalada en una mano y un golpe en la frente con una piedra”, afirmó el letrado, insistiendo en que la investigación debe contemplar el contexto completo de lo sucedido dentro de la universidad.
Las declaraciones introducen un nuevo escenario en una causa que desde el primer momento generó una fuerte conmoción social en Río Gallegos. El caso impactó de lleno en la comunidad educativa de la UNPA, especialmente luego de conocerse la gravedad de las lesiones sufridas por José Fernando Águila, estudiante de primer año de la Licenciatura en Comunicación Social.
El joven recibió varias puñaladas y una de ellas le perforó un pulmón, motivo por el cual debió ser intervenido quirúrgicamente de urgencia en el Hospital Regional Río Gallegos. Aunque su evolución médica es favorable, continúa atravesando un proceso de recuperación física y emocional.
Mientras tanto, la universidad retomó las clases presenciales luego de varios días de suspensión. Sin embargo, el regreso estuvo marcado por asambleas estudiantiles, reclamos de seguridad y cuestionamientos hacia las autoridades institucionales.
En distintos encuentros realizados dentro del campus, estudiantes y docentes expresaron temor, indignación y preocupación por situaciones previas que -según denunciaron- ya habían sido advertidas ante áreas institucionales sin obtener respuestas concretas.
La reapertura de la UARG también llegó acompañada de nuevas medidas de seguridad, entre ellas la instalación de cámaras de vigilancia y la modificación de accesos internos vinculados a espacios donde el acusado desarrollaba tareas laborales.
Pese al fuerte impacto que generó el episodio, la causa judicial todavía se encuentra en plena etapa investigativa. Los peritajes, testimonios y registros audiovisuales serán fundamentales para reconstruir con precisión qué ocurrió dentro del campus universitario y determinar las responsabilidades penales correspondientes.
Por ahora, la defensa del sospechoso intenta posicionar la idea de que existió una pelea previa y que Pablo B. no fue el único lesionado durante el episodio. Del otro lado, la comunidad universitaria continúa reclamando justicia por el brutal ataque que dejó al borde de la muerte a un estudiante dentro de un espacio destinado a la formación académica.
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