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Una tarde de sábado atravesada por la incertidumbre y la máxima tensión en la capital santacruceña terminó convirtiéndose en un testimonio de profesionalismo policial, contención familiar y sensibilización humana. En el interior de una vivienda ubicada sobre la calle África al 2200, un hombre de 34 años atravesó un episodio crítico y se encerró armado con un cuchillo junto a su hija menor de edad, su padre y la pareja de este. Durante tres horas y veinte minutos, el pulso del barrio permaneció en suspenso mientras el Equipo de Negociación de la Policía Provincial trabajaba contra el reloj para desactivar el peligro a fuerza de palabra y contención emocional.

Al abordar el caso en el día después de los hechos, las autoridades explicaron el trasfondo de una intervención que requirió temple y una precisión quirúrgica. En diálogo exclusivo con La Opinión Austral, el comisario Elbio Ramírez, a cargo del Equipo de Negociación de la Policía de Santa Cruz, detalló la complejidad del escenario enfrentado. Ramírez remarcó que durante el operativo “se aplicó todo, no solo lo del encuentro de negociación policial que tuvimos la semana pasada, sino también lo que es la parte de nuestro protocolo de la Policía Provincial”.

El jefe policial precisó que el cuadro superaba con creces un hecho delictivo convencional, demandando un abordaje centrado en la vulnerabilidad médica del protagonista. “Se aplicaron varios protocolos, no solo ese, sino el de salud mental; tuvimos una intervención bastante dura dado que la psicopatología de base de este chico se trataba de un brote de esquizofrenia“, sostuvo Ramírez.

Elbio Ramírez, Jefe del Equipo de Negociación Policial. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRAL.

El negociador profundizó sobre la percepción que tuvo al tener contacto directo con el hombre: “Esto es una cuestión de lo que vi, de lo que noté y de lo que charlé por dos horas y media con él, que es una persona que no es que no quería, sino que no podía, encerrado en su propio estado de salud mental en el que se encontraba en ese brote”.

La importancia de la familia

En medio del despliegue, la presencia del entorno afectivo resultó un pilar fundamental para evitar un desenlace violento. La actitud protectora y colaborativa de los allegados fue decisiva para entablar un puente de confianza. “Después, vimos una familia muy colaborativa, una familia que nos ayudó y mucho“, reconoció Ramírez, quien añadió datos sobre la dinámica del hogar: “Él estaba en esa casa viviendo con un amigo, entonces la familia vino después a ayudar y ahí es donde para mí se nota mucho el compromiso de las familias ante un familiar, un hijo o un sobrino que padece de una enfermedad mental y que están ahí al pie del cañón“. Para el equipo especializado, ese respaldo fue determinante: “Eso para nosotros fue casi avanzar 10 casilleros”.

A la par del diálogo sobre la puerta, la coordinación interinstitucional permitió moldear una salida segura tanto para los allegados como para el propio vecino descompensado. “Si bien se lo pudo contener en principio, después se lo pudo esperar y se pudieron coordinar cuestiones con el hospital”, señaló el comisario.

La locutora Gisella Castillo, el comisario Elbio Ramirez, la comisario Romina Gañan, oficial inspector Javier Rearte y la oficial Rocío Vera Baigorria, el equipo de Negociación de la Policía cuando visitaron los estudios de LU12 AM680. FOTOS: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Asimismo, destacó la labor del soporte profesional interno: “Trabajó mucho la psicóloga del equipo porque ahí es donde el negociador -o sea yo en este caso- tuve que consultar y mucho; estábamos ante una persona que está en una etapa donde reconoce la enfermedad y la reconoce cuando está en el brote”. Esta interacción permitió ajustar los términos de la conversación, dejando una lección operativa: “Eso para nosotros fue un aprendizaje grande“.

El balance final dejó la satisfacción del deber cumplido bajo premisas de estricto respeto por la vida. “Que no hubieran personas heridas es otro punto a favor“, sintetizó Ramírez, remarcando que el uso de la fuerza fue descartado por completo gracias a la efectividad de la palabra: “Para nosotros es importante que el equipo táctico no tuvo que ingresar”. Fue una demostración de que la calma puede imperar en situaciones límite: “No hubo una negociación táctica, sino negociación pura y exclusiva de la intervención verbal”.

Agentes afuera de la casa donde se registró el hecho. FOTO: LEANDRO FRANCO/LA OPINIÓN AUSTRAL.

El desenlace del encierro se dio de manera ordenada y pacífica. “La persona, cuando desistió y entregó el cuchillo, se retiró de la vivienda junto a su familiar y escoltado por el equipo táctico por seguridad, pero fue directamente a la ambulancia“, detalló el jefe de la unidad.

El después

Lejos de dar por concluida la labor con el traslado del paciente al nosocomio, el equipo especializado permaneció en la vivienda de la calle África para atender a quienes habían atravesado horas de extrema angustia. “Nos quedamos trabajando con las personas que estaban dentro de la vivienda para brindarles primeros auxilios psicológicos”, explicó Ramírez.

Respecto de esta instancia del protocolo, subrayó: “Esto es algo muy importante de aplicar porque detrás de cada eventualidad crítica donde hay personas privadas de libertad quedan secuelas, y atenderlas a tiempo por parte de la psicología permite expresar las emociones ante un profesional que escuche sin juzgar”. Al respecto, el comisario evaluó el impacto de la contención: “Lo noté porque al normalizar lo que sienten se valida que es normal sentirse así ante una eventualidad de estas. Creo que sirvió de un montón desde cualquier óptica donde se lo mire“.

Un móvil afuera de la vivienda. FOTO: LEANDRO FRANCO/LA OPINIÓN AUSTRAL.

Más allá del operativo técnico y policial, las declaraciones del comisario Ramírez abrieron una valiosa ventana de reflexión sobre la estigmatización que rodea a los padecimientos psiquiátricos en nuestra sociedad. Con absoluta claridad y empatía, el responsable de la negociación buscó desmitificar el episodio: “Después, en cuanto a la enfermedad o a la parte de salud mental, toda persona que padezca esquizofrenia atendida y medicada tiene una vida normal, eso hay que tenerlo en cuenta”. De forma contundente enfatizó: “No quiero criminalizar algo así“.

En esa misma línea, Ramírez recalcó la trascendencia del acompañamiento médico y familiar permanente como barrera de prevención ante posibles descompensaciones: “Obviamente las detecciones tempranas son buenas, y la medicación junto al trabajo de los psiquiatras es más que importante para que tenga una vida normal; más pensando en esta persona, que es un buen padre, un buen chico, un buen laburador y no vi tema de consumo ni nada de eso”.

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