Las rejas del Kiosco Mafalda, ubicado sobre la calle Corrientes, cerca de Urquiza de Río Gallegos, reflejan mucho más que un comercio cerrado. Detrás de esas puertas violentadas hay años de esfuerzo, jornadas interminables de trabajo y el sacrificio de una emprendedora que, como tantos vecinos de la capital, buscaba salir adelante combinando distintas actividades para sostener su economía familiar. Pero en cuestión de minutos, todo ese esfuerzo quedó reducido a una escena de destrozos, cerraduras rotas y estanterías vacías.

El robo ocurrió durante la madrugada del lunes y fue descubierto horas después. Los responsables no solo se llevaron mercadería y elementos de valor: también cargaron con herramientas de trabajo, productos elaborados artesanalmente y parte del capital con el que Mabel Ramírez proyectaba seguir trabajando durante los próximos meses.

Las cámaras de seguridad de comercios vecinos permitieron reconstruir cómo actuaron los delincuentes. “Se tomaron todo el tiempo. Iban como si nada, Se iban como si nada y mirando para atrás como para ver si se les cayó algo”, relató este jueves a LU12 AM680 todavía con incredulidad.

Las imágenes que fueron publicadas por La Opinión Austral, muestran a tres personas actuando con absoluta tranquilidad. Sin apuros, forzaron primero la puerta de rejas y luego la puerta principal hasta lograr ingresar al local. En apenas media hora concretaron el robo y abandonaron el lugar cargando distintos elementos en varias direcciones.

Mientras la investigación quedó en manos de la Comisaría Segunda y del Juzgado de Instrucción de turno, la comerciante intenta calcular pérdidas que van mucho más allá del valor económico de los objetos robados.

Momento en el que dos de los delincuentes se alejaban con los objetos. FOTO: LA OPINIÓN AUSTRAL

Después del hecho, comenzó otra carrera: volver a asegurar el negocio. “Pudimos cambiar las rejas, la cerradura, pero para la otra todavía no porque hay que llevar un herrero… provisoriamente compramos candados más gruesos, pero bueno, todo implica gasto.”

Cada reparación representa dinero que hoy no tiene. Y ese es uno de los mayores golpes que dejó el robo: además de perder mercadería, ahora debe afrontar nuevos costos para poder volver a abrir.

Sin embargo, el mayor dolor aparece cuando habla de lo que fabricaba con sus propias manos. Lejos de limitarse a la atención del kiosco, Mabel encontraba otra fuente de ingresos confeccionando productos sublimados que luego comercializaba en distintas ferias de la ciudad.

Muñecos, llaveros, stickers para termos y otros artículos personalizados ocupaban buena parte de sus días. Todo desapareció. “Yo hago muñecos sublimados… y se llevaron toda la bolsa que yo por ahí voy a la feria de fines de semana. Como hay poco movimiento en el kiosco, te la rebuscás como emprendedora en las ferias. Bueno, toda esa bolsa con todo eso me lo llevaron” indicó a la Decana de la Patagonia.

Cada uno de esos productos representaba horas de diseño, impresión, costura y armado. No eran simplemente objetos exhibidos en un estante. Eran el resultado del trabajo silencioso que muchos emprendedores realizan para complementar ingresos en un contexto económico cada vez más complejo.

La lista de elementos robados incluye además un televisor de 21 pulgadas, una pava eléctrica, un caloventor indispensable para calefaccionar el local -que no cuenta con conexión de gas-, cigarrillos, bebidas, golosinas y otros artículos del kiosco.

Pero para Mabel, lo más difícil de aceptar no es únicamente el valor material. “No solamente roban, sino que te rompen las cosas. Se llevaron hasta stickers que yo hago para termos.”

Con décadas viviendo en Río Gallegos, Mabel observa una ciudad muy distinta de aquella que conoció. aseguró que el crecimiento de los hechos delictivos preocupa a vecinos y comerciantes, quienes sienten que la inseguridad se volvió parte de la vida cotidiana. “Nos enteramos que por ahí la Policía está moviendo lento, pero se mueve… el tema es que no tienen personal y todo lo que está pasando.”

También cuestiona las dificultades del sistema judicial para impedir que personas involucradas en delitos reincidan rápidamente. “Son gente que entra y sale. Si fijan domicilio, al otro día están robando otra vez y concluyó diciendo: “No es el Gallegos que conocimos décadas pasadas… se ven caras diferentes. Hay mucha gente sin trabajo, pero eso no es excusa para robar.”

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