Your browser doesn’t support HTML5 audio

Seis meses pasaron desde aquella madrugada en la que un incendio arrasó con lo poco que tenían y cambió para siempre la vida de una familia del barrio Patagonia, en Río Gallegos. El fuego consumió un colectivo que funcionaba como vivienda precaria y dejó un saldo dramático: un niño gravemente herido que debió ser derivado de urgencia al Hospital Garrahan de Buenos Aires y un padre con secuelas físicas severas que hoy le impiden trabajar. A medio año del siniestro, la familia sigue en situación de extrema vulnerabilidad y ahora pide la colaboración solidaria de la comunidad para poder regresar a su ciudad de origen y recomenzar.

El incendio ocurrió en un contexto de extrema precariedad habitacional. El colectivo, adaptado como hogar, estaba estacionado en el barrio Patagonia y era el refugio cotidiano de Juan Carlos y sus hijos. El avance de las llamas fue tan rápido que apenas hubo tiempo para escapar. En medio del caos, Giovanni, uno de los niños, sufrió heridas de gravedad y fue trasladado primero al hospital local y luego derivado al Garrahan, donde fue intervenido quirúrgicamente y logró sobrevivir “de milagro”, como resume su padre.

Este 6 de enero, exactamente seis meses después del hecho, Juan Carlos habló con La Opinión Austral y puso en palabras una realidad que sigue siendo angustiante. Contó que Giovanni fue operado y recibió la atención médica necesaria en Buenos Aires, pero que la familia quedó fragmentada tras el episodio.

Así quedó el colectivo el día después del siniestro. (FOTO: LA OPINIÓN AUSTRAL)

Su pareja decidió no regresar y rehacer su vida en otro lugar, mientras él quedó a cargo de cinco de sus hijos en Río Gallegos. Un séptimo hijo vive en La Plata con su madre. Hoy se alojan de manera provisoria en una vivienda del barrio Evita, sin un lugar propio y dependiendo de la ayuda de terceros.

Lejos de pedir una casa, un terreno o un alquiler, Juan Carlos explicó que el objetivo es poder regresar a Bahía Blanca, donde los espera su hermano con la posibilidad concreta de un departamento para comenzar de nuevo. “Allá vamos a reempezar la vida”, dijo con sencillez, marcando que el pedido es puntual y urgente: reunir el dinero necesario para seis pasajes.

El camino administrativo tampoco fue sencillo. Relató que presentó toda la documentación requerida para acceder a una asistencia oficial, incluyendo certificaciones de domicilio y antecedentes, pero que finalmente le informaron que no había fondos disponibles para cubrir el costo de los pasajes. Según explicó, el monto total solicitado es de 1.200.000 pesos, una cifra imposible de afrontar para una familia que hoy apenas logra cubrir los gastos básicos. La ayuda económica que reciben de algunos familiares se destina casi exclusivamente a la comida diaria.

La situación personal de Juan Carlos agrava aún más el panorama. Como consecuencia directa del incendio, su salud quedó seriamente comprometida. Según pudo saber La Opinión Austral, no puede caminar con normalidad debido a lesiones en los tendones y sufrió un pequeño accidente cerebrovascular.

Un agente comunal viendo los destrozos del incendio. (FOTO: LA OPINIÓN AUSTRAL)

Debe realizar rehabilitación y fisioterapia, aunque los tratamientos se vieron interrumpidos por cuestiones de agenda médica. Además, atravesó una intervención quirúrgica de urgencia tras salir de terapia intensiva: una perforación en el intestino grueso obligó a extirparle 30 centímetros y actualmente vive con una colostomía, una condición que lo mantiene alejado del mercado laboral.

En ese contexto, el pedido de ayuda adquiere un carácter urgente y profundamente humano. No se trata solo de pasajes, sino de la posibilidad real de cerrar una etapa marcada por la tragedia y apostar a un futuro con mayor contención familiar y mejores condiciones de vida. La solidaridad, tantas veces visible en momentos difíciles en Río Gallegos y en Santa Cruz, vuelve a ser una esperanza concreta para quienes lo perdieron todo.

Quienes puedan y deseen colaborar pueden hacerlo a través del alias eltobi1818, a nombre de Tobías Santiago Mazuy. Cada aporte, por pequeño que sea, puede acercar a esta familia al objetivo de volver a empezar, lejos del recuerdo del fuego y más cerca de una oportunidad de reconstrucción.

Leé más notas de La Opinión Austral

Ver comentarios