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El Observatorio Económico de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco confirmó en su último informe que Río Gallegos encabeza el ranking de las ciudades más caras de la Patagonia para vivir durante el mes de julio, con una Canasta Básica Total que trepó a los $2.017.968.
En segundo lugar se ubica Caleta Olivia con $2.014.051, mientras que un hogar tipo necesitó más de $900.000 solo para no caer en la indigencia. Comodoro Rivadavia quedó en el tercer puesto.
Sobre estos guarismos y las dinámicas del consumo dialogó en Radio LU12 AM680 el director del organismo, César Vicente Herrera. Explicó que el fenómeno responde a la superación de varios límites estadísticos dentro de la región.
“Se superaron como tres límites, uno que para ustedes no es tan importante, pero que para nosotros sí lo es, que es el adulto equivalente, necesita más de 400.000 pesos para comer solamente; después la familia que ahí se integra, digamos, una mujer de 31 años y dos niños pequeños, suma más de 900.000 pesos, y ya pasamos el mes pasado en Río Gallegos los 2 millones de pesos en nuestra canasta”, precisó.
Mercados concentradores: ¿La alternativa?
Agregó que este escenario plantea interrogantes para la gestión pública. “Hay que ver cómo la miramos desde la política pública, alguna posibilidad de generarnos mercados concentradores, mirar cómo podemos interactuar con los supermercados en cada una de las regiones y ver cómo está su actividad”, indicó.
Cómo se modifica el consumo
Respecto de las pautas de compra en la Patagonia sur, remarcó las modificaciones detectadas en la conducta de los consumidores. “En general es un fenómeno parecido lo que sucede en Patagonia que los supermercados caen en las ventas tanto en valores reales, es decir, el valor nominal dividido en la inflación, como nosotros hemos elegido las transacciones; caen en transacciones, pero a su vez aumentan los supermercados mayoristas“, señaló.
A su vez, puntualizó la incidencia de otros actores comerciales en la zona. “Hay un fenómeno que son los supermercados chinos que están en todos los lugares de la Patagonia, pero en Comodoro Rivadavia, que es lo que tenemos estudiado, suman 28 supermercados y la cantidad de operaciones que tienen es muy importante, entonces todo es un combo que hay que tratar de analizar de una manera cada vez más fina en función de lo crítico que está en la Patagonia sur”, expresó.
Además, detalló las herramientas de medición que implementan y los avances tecnológicos alcanzados por el equipo de trabajo. “Es muy interesante cómo nosotros vamos construyendo para cada una de las provincias patagónicas un indicador sintético que habla del consumo de metros cúbicos o litros de nafta, la cantidad de obra nueva que están en Patagonia, cómo ha evolucionado en los últimos tiempos y cómo ha evolucionado los primeros meses de este año, tratando de armar indicadores sintéticos físicos para después también avanzar más sobre la parte económica”, detalló.
Añadió sobre la metodología utilizada en las mediciones. “Ya tenemos la primera edición del cálculo automático de la canasta para Comodoro y eso lo vamos a ir replicando en cada una de las ciudades patagónicas, que para nosotros es un salto cualitativo muy importante; el proceso ahora se automatizó casi completamente, así que siempre avanzando en ese sentido desde el observatorio como para poder brindar información cada vez más precisa”, remarcó.
El flete, un viejo debate en el precio
En cuanto al impacto logístico y la formación de los precios finales, matizó la influencia exclusiva del transporte. “El flete es un elemento central y hay otros que es cómo se forman los precios; estamos mirando cómo se forman los precios en el mercado de frutas y verduras, que representa para nosotros un modelo basado en agentes, un comercio relevante o representativo: a quién le compra, cómo se abastece”, explicó.
Asimismo, se refirió a las mediciones conjuntas que realizan en la región. “En Santa Cruz la Confederación Argentina de la Mediana Empresa hace una encuesta que nosotros ayudamos a hacer aquí en Comodoro Rivadavia, que es precios origen-destino, para ver si mide el mercado concentrador de Buenos Aires y el traslado hacia Comodoro Rivadavia o hacia Río Gallegos; evidentemente ese plus de 800 y algo de kilómetros más juega, pero también juegan otros elementos de cómo forman los precios, de dónde se abastecen, quiénes son sus clientes y cómo podemos hacer un modelo de cómo es el consumo de frutas y verduras en las ciudades”, sostuvo.
Consultado sobre los rubros con mayores variaciones estacionales, relacionó los registros propios con la medición oficial a nivel nacional. “La información que trae el INDEC, dentro de ese 2,1% el 4,5% son referencias de los estacionales con incrementos en la carne, pero también en las frutas y verduras, que son los dos incrementos que hemos registrado más fuertemente nosotros”, indicó.
Amplió este concepto al mencionar un alimento de consumo masivo en la dieta diaria.
“La carne y las frutas y verduras han dado un incremento fundamentalmente por estacionalidad; la papa es uno de los elementos que más integra lo que nosotros comemos habitualmente, la tenemos muy integrada a nuestras comidas y depende de dónde venga: hay diferentes momentos en que está mucho más barata, que sale de Bahía Blanca y su zona de influencia, y otros momentos en que entra de Mendoza“, especificó.
Sobre la cadena de comercialización en su conjunto, resumió el impacto de los intermediarios. “Lo que sucede también es que hay una intermediación importante en todo; cuando ves la cadena, le hacen un reportaje a un productor lácteo tambero de Santa Fe y dice: ‘No, tenemos problemas con los precios, nos pagan muy poquito'”, graficó.
Costo de vida
Finalmente, el profesional trazó un panorama comparativo entre las distintas localidades de la región y su evolución reciente.
“Los datos de Comodoro son parecidos a los de Caleta Olivia por cercanía, Caleta Olivia siempre da unos pesos más caros y Río Gallegos siempre es la más cara de todas”, afirmó.
Al concluir la entrevista, aludió al comportamiento particular registrado en otras zonas de la Patagonia.
“Después están Ushuaia y Esquel, que ahora se ha quedado y tenemos que estudiarlo, porque Esquel había arrancado como una de las más caras de la Patagonia y ahora está como una de las más baratas junto con Ushuaia, donde juega el tema del impuesto al valor agregado en la comida, siendo una canasta que todavía no supera los $1.900.000 de la Canasta Básica Total”, concluyó.
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