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La provincia de Santa Cruz vive un panorama inédito. Luego de la derrota del kirchnerismo/peronismo que estuvo tres décadas en el poder, era esperable el reacomodamiento de las piezas políticas que engranaron, de mejor y peor manera, con los cuatro gobernadores distintos elegidos por el pueblo de manera consecutiva, algunos de ellos con más de un período encima. Se podrá decir que tanto Sergio Acevedo (2003-2006) como Daniel Peralta (2007-2015) no eran del riñón kirchnerista, pero aún en sus peores momentos de distanciamiento con el proyecto que gobernó el país más de una década, la mayoría de sus funcionarios no renegaban ni escondían su procedencia. Si no era en sus primeras líneas, en sus segundas y terceras seguro había alguien del “Comando” o que había pasado en algún momento por el “Ateneo” o que tenía una calcomanía de Néstor o Cristina en su vehículo.

Los tiempos cambiaron, las generaciones cambiaron y hasta el mapa político nacional cambió. Una parte de la oposición, la que estuvo siempre parada en la vereda de enfrente al kirchnerismo en Santa Cruz, se acomodó plácidamente, en algunos casos pidiendo muy poco a cambio, al sol del poder de turno, que no es ni más ni menos que una escisión del gremialismo que históricamente acompañó a los “k“, pero siempre lo hizo desde un lugar de retaguardia. Ese mismo sector gremial, que había avanzado varios casilleros en el peor momento de la relación entre Daniel Peralta y la Casa Rosada a partir del 2011, encontró en una figura relativamente nueva en la política como lo era el secretario general de Petroleros Privados, Claudio Vidal, la oportunidad de pasar al frente; gobernar por primera vez sin pedirle permiso a nadie. Hay, en cierto discurso del oficialismo actual, bastante de revancha. Es que el kirchnerismo siempre les tiró encima sus cuadros formados, dirigentes muchos de ellos profesionales, de universidad, con militancia en la JP.

El proyecto político que gobierna, enraizado en un partido político denominado SER Santa Cruz, aún parece ir buscando su identidad. Todavía no se sabe muy bien qué es. Se parece un poco a los partidos provinciales que gobiernan hace décadas Río Negro y Neuquén; sectores provinciales con fuerte acento localista. Sin embargo, en ambos casos tienen en el peronismo uno de sus principales apéndices. Uno no se concibe sin el otro. Y ese es uno de los problemas que hoy tiene SER, el peronismo (con el kirchnerismo) está afuera y, al menos por ahora, no parecería tener intención de participar. No sólo eso, a medida que pasan los meses, la figura del hoy referente del justicialismo santacruceño, Pablo Grasso, crece a un plano provincial casi a la misma velocidad que su figura es atacada por el Gobierno. Se podría decir, sin miedo a equivocarse, que a Grasso lo subió al ring el propio Vidal.

En este contexto de crisis económica nacional ¿Cuánto tiempo pasará para que aquellos que creyeron en que el cambio era posible, vuelvan a desilusionarse una vez más? La relación hoy ambigua, pero al comienzo de la gestión inocultablemente de cercanía con el gobierno del libertario Javier Milei, dejó en una posición muy incómoda con la sociedad al Gobierno provincial. A eso hay que sumarle los “favores políticos” en el Congreso, como cuando los senadores Carambia y Gadano se fueron a fumar a una escalera mientras se debatía la privatización de empresas en Ley Bases, entre ellas, YCRT. En cambio, Grasso se diferenció de entrada; combatió el discurso de Milei desde el primer momento que se sentó en el Sillón de Rivadavia, y en apenas algo más de 9 meses, empezó a cosechar sus primeras ganancias. Hoy, si el intendente de Río Gallegos critica con dureza el aumento del gas, nadie duda de sus intenciones.

Aunque parezca una eternidad, las elecciones de medio término del 2025 están a la vuelta de la esquina. Con el panorama actual, es posible que el escenario en Santa Cruz quede dividido en cuartos: el Gobierno (SER y su coalición de aliados); los libertarios locales que parecen ir en crecimiento; el Peronismo, y la UCR con un enorme asterisco. ¿Qué podría ocurrir con el radicalismo? En caso de ir en soledad, se arriesgan a quedar afuera del reparto de las bancas. Incluso, hasta algunos les vaticinan un cuarto lugar. Las otras dos alternativas: terminar de ser absorbidos por Vidal e intentar meter a alguno de sus principales referentes en las listas del oficialismo; la otra, plegarse a La Libertad Avanza. Ambas cosas pueden resultar muy incómodas desde el punto de vista ideológico, pero no es algo por lo que no hayan pasado últimamente en el Congreso de la Nación. En las últimas horas, la diputada Roxana Reyes ya salió a marcarle la cancha a Vidal: en síntesis, sin aún romper lanzas, le reprochó que no saben para dónde va el gobierno.

El año que viene se juega gran parte del 2027. Si el panorama económico no cambia (¿Empeorará?) crecen las chances de un revés para el gobierno de Milei. Si hay efecto cascada, es posible que, a dos años de perder la provincia, el PJ kirchnerista tenga una buena oportunidad de empezar a redimirse con el electorado. En el escenario, ya aparecen algunas opciones como la de Pablo GonzálezGrasso y la capital, Río Gallegos, podrían ser determinantes; seguro habrá presencia del intendente en las listas. Son tres las bancas de diputados nacionales en juego. La Libertad Avanza, con posiblemente Jairo Guzmán a la cabeza, aun haciendo una mala elección respecto del 2023tiene chances de meter un diputado nacional. Los oficialismos provinciales, aun perdiendo, siempre logran al menos una banca. En tanto, la UCR podría volver a impulsar a Roxana Reyes como legisladora nacional. Cuatro para tres lugares. La disputa por el 2025 ya empezó.

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