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Por Redacción Mil Patagonias
Un gesto en redes sociales volvió a mover el tablero político de Chubut. La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, publicó un mensaje sobre su visita a la provincia junto al gobernador Ignacio Torres para presentar el programa “Ver para ser libres”. Hasta ahí, nada demasiado extraño: Nación y provincia muestran gestión, se prestan visibilidad mutuamente y cada uno capitaliza políticamente lo que le sirve.
Lo que alteró la lectura fue otra cosa: Javier Milei reposteó esa publicación. Y el dato, por mínimo que parezca, activó especulaciones en más de un búnker peronista. Porque si Torres terminara avanzando hacia algún tipo de entendimiento con La Libertad Avanza, el escenario de tercios que desde hace tiempo ordena la política chubutense podría empezar a deformarse.
No faltan quienes imaginan incluso que el gobernador podría mirar con simpatía la conveniencia de no adelantar las elecciones para dejar que el clima violeta también pinte parte de Despierta Chubut. En esa línea, algunos leyeron el voto de Jorge “Loma” Ávila a favor de la ley de glaciares como otro indicio de reacomodamiento. Pero la política, como casi siempre, se resiste a las flechas rectas.
Porque cuando parecía que todo apuntaba a una mayor cercanía entre Torres y la Casa Rosada, apareció un gesto en sentido contrario. El jueves, Máximo Kirchner presentó el proyecto denominado “Ley de Protección Económica frente a la Inestabilidad Global”, una iniciativa que declara la emergencia en materia energética, alimentaria y de insumos críticos, con el objetivo de amortiguar en la Argentina el impacto de la crisis internacional desatada por la guerra en Medio Oriente. Entre otras herramientas, propone modular el traslado de precios energéticos a tarifas, intervenir transitoriamente sobre exportaciones y precios internos en caso de desabastecimiento, y crear un derecho de exportación móvil sobre el crudo para capturar renta extraordinaria y volcarla a un fondo de estabilización.
Pero el dato no fue solo el contenido del proyecto. Lo que hizo ruido fue la lista de firmas. Allí, entre diputados de Unión por la Patria, apareció el nombre de Jorge Ávila, diputado chubutense del espacio político del propio Torres.
Esa firma introdujo una cuota de complejidad en las lecturas lineales. Mientras Milei le regalaba al gobernador un gesto de centralidad con un retuit, uno de los dirigentes más relevantes del oficialismo chubutense estampaba su nombre en una iniciativa impulsada por Máximo Kirchner, de tono claramente intervencionista y con impacto directo en el negocio hidrocarburífero.
¿Contradicción? No necesariamente. En Chubut, donde la gobernabilidad se apoya en equilibrios delicados entre Nación, provincia, sindicatos, petroleras y bloques legislativos, muchas veces los gestos no hablan de alineamientos cerrados sino de negociaciones abiertas. Un retuit puede ser una señal. Una firma también. Pero ninguna, por sí sola, alcanza para clausurar el sentido de una etapa.
Tal vez eso sea lo más interesante de la secuencia. Mientras en Buenos Aires algunos buscan ordenar la política con categorías simples, en Chubut el poder sigue funcionando con una lógica más terrenal: mantener abiertos todos los canales posibles, hablar con todos y no entregar ninguna ficha antes de tiempo.
En ese juego, Torres consigue mostrar diálogo con el gobierno nacional sin romper del todo con sectores que todavía orbitan alrededor del peronismo. Y Ávila, al firmar con Máximo, deja en claro que dentro del oficialismo provincial también conviven reflejos, intereses y lenguajes distintos.
El retuit de Milei agitó rumores. La firma de Loma los desordenó. Y entre ambas escenas quedó expuesta una verdad bastante menos épica y mucho más realista: en la política chubutense, nadie quiere quedar atrapado en una sola foto antes de saber cómo termina la película.
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