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Cada 10 de septiembre, la conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio invita a reflexionar sobre una problemática compleja, atravesada por múltiples factores y profundamente arraigada en la sensibilidad de las comunidades. Frente a las cifras y los informes estadísticos que circulan con frecuencia en el país, resulta fundamental indagar en la metodología detrás de las mediciones, evitar la simplificación de las causas y poner el foco en la prevención territorial y la responsabilidad en el manejo de la información.

El trasfondo metodológico y la realidad de las estadísticas

Al analizar los datos sobre las tasas de suicidio en las distintas jurisdicciones de la Argentina, suele omitirse el contexto técnico que fundamenta cada registro. El licenciado Marcos Olave, psicólogo y referente en la materia, explica que los sistemas de registro han mostrado cambios significativos en el cruce de datos entre salud y seguridad.

“Lo que pasa es que cuando publican las estadísticas no hacen mención del apartado metodológico del informe este de SNIC, que es el Sistema de Alerta Temprana del Ministerio de Seguridad. Hay que entender la estadística para poder explicarla con respecto a la cantidad de habitantes, pero también con quiénes o cuáles son las provincias que están registrando más adecuadamente los casos de suicidio consumado. Cambiaron la metodología mejorando la clasificación con respecto al cruce de datos en cuanto a la defunción de las personas con los sistemas de salud y seguridad. Lo cual nos indica que muchas provincias tienen todavía registros que no se han cruzado y no pueden acercarse a un número real o mejor de la tasa de muertes por suicidio cada 100.000 habitantes en su territorio”.

El especialista señala que en provincias con poblaciones reducidas, como Santa Cruz —que cuenta con aproximadamente 330.000 habitantes—, las tasas estadísticas se ajustan para reflejar con mayor precisión la realidad. Sin embargo, aclara que más allá del cálculo numérico, la dimensión del dolor humano permanece inalterable en cada situación.

“Las tasas son el producto de una cuenta, una fórmula que se hace a nivel estadístico para poder representar una característica de acuerdo a una población, pero cuando la población es reducida la tasa se ajusta. Entender la tasa cada 100.000 habitantes implica que en una provincia con 300.000 habitantes se nos va el número un montón. A partir de ahí hay que tener mucho cuidado, siempre teniendo en cuenta que todas las muertes por suicidio duelen. Que tengamos una tasa de 14, de 12 o de 9 igual implica dolor para las familias”.

Poner el foco en las infancias y las adolescencias

Uno de los aspectos más críticos señalados por Olave radica en la vulnerabilidad que atraviesan los sectores más jóvenes. Los relevamientos indican que las conductas suicidas en niñeces y adolescentes no responden a una causa aislada, sino a un proceso acumulativo de situaciones de desprotección.

“Tenemos que poner especial foco en las niñeces y en las adolescencias y en las vulnerabilidades que atraviesan. El suicidio representa la primera causa de muerte por factores externos en personas jóvenes y adolescentes, con especial énfasis en personas entre 19 y 25 años. Tenemos que aprender a mirar y a cuidar un montón a las niñeces y las adolescencias que son una población vulnerable y empezar a generar políticas públicas para poder prevenir este tipo de comportamientos, que son producto de una acumulación de vulneraciones y vulnerabilidades”.

Asimismo, destaca la importancia del ámbito educativo como un espacio estratégico para la detección temprana y el acompañamiento, en el marco de la Ley Nacional 27.130 de Prevención del Suicidio.

“La Ley Nacional 27.130 de prevención del suicidio nos dice que es fundamental trabajar en capacitación, en promoción y en prevención de los comportamientos suicidas en el ámbito educativo porque son una población de riesgo. Como en la Argentina la educación primaria y secundaria son obligatorias, tenemos a toda la población reunida, entonces podemos fortalecer los factores protectores y aprender a identificar las distintas cosas que nos van a hacer saber que hay alguien en riesgo. Y una vez que ocurre un suicidio consumado, debe realizarse la estrategia en el ámbito educativo para ayudar a las personas a transitar su proceso de duelo y poder identificar a personas que se encuentren en riesgo”.

La multicausalidad y la realidad socioeconómica

Al abordar los factores que inciden en la salud mental, se advierte sobre el riesgo de reducir un fenómeno complejo a cuestiones netamente económicas o laborales, aun cuando las crisis o las pérdidas de empleo exacerben los estados de vulnerabilidad.

“El suicidio es una problemática multicausal y tanto lo económico como lo social como lo cultural van a influir en que una persona atraviese el proceso suicida, pero eso no lo va a determinar, va en todo caso a favorecer que aparezca. No podemos reducir al suicidio a una o dos causas. Cuando hay problemáticas económicas a nivel macro y se ven tanto en las comunidades, los problemas de salud mental empiezan a ser más frecuentes en las consultas, no porque no estuvieran, sino porque esa vulnerabilidad quizá los exacerba”.

El profesional enfatiza la necesidad de contar con recursos presupuestarios adecuados y sostiene que la atención primaria en el territorio resulta indispensable para contener la demanda.

“Desde el 2010 que se sancionó la Ley Nacional de Salud Mental, nunca se cumplió con el 10% del presupuesto destinado para la implementación de políticas públicas en salud mental. El sistema de salud brinda una respuesta ante un sistema que está abarrotado de demanda. La salud mental comunitaria tiene que ser aplicada en el territorio”.

Desarmar estigmas y mitos regionales

Un elemento central en la conversación sobre la salud mental en la Patagonia gira en torno a la estigmatización de ciertas localidades y a la persistencia de mitos populares que intentan explicar las causas del fenómeno de manera errónea.

Las Heras ha sido estigmatizada como la capital nacional del suicidio adolescente. En realidad, el profesor Milton Riquelme hizo una investigación para demostrar que Las Heras no tenía la tasa más alta de suicidio. Se trató de una sensacionalización de las noticias y una replicación a nivel nacional. Lo tenemos tan arraigado que incluso se ha extendido hasta como que los pueblos de la Patagonia son propicios para el suicidio, que el clima te afecta o te deprime. Hemos hecho investigaciones y la gente te transmite que piensa que el suicidio es producto de brujerías o que vivimos arriba de cementerios indios. Eso habla de cómo estamos preparados en el territorio para afrontar un problema. Nuestro gran trabajo es informar y brindar herramientas”.

La responsabilidad de los medios de comunicación

El modo en que se difunden las noticias vinculadas a desenlaces trágicos cumple un rol determinante en la prevención o en el riesgo de réplica. Olave insiste en la necesidad de aplicar recomendaciones profesionales y evitar el detalle sensacionalista de los hechos.

“Tenemos que tener mucho en cuenta el efecto de la transmisión no saludable de la información en los medios de comunicación. Lo que hacen mal es identificar a la víctima, reducir las causas del suicidio a las pocas cosas que se saben, compartir las direcciones y algo que es lo peor que hacen: comparten el método letal elegido por la persona. Eso puede favorecer lo que se llama el suicidio mediante replicación, el efecto Werther. El tema tiene que ser de agenda anual en los medios de comunicación para transmitir información, generar factores protectores y saber dónde buscar ayuda”.

Herramientas locales y cómo actuar ante una urgencia

En lugar de recurrir exclusivamente a líneas nacionales que pueden saturarse, el especialista subraya la importancia de memorizar y difundir los números de contención inmediata en cada municipio.

“Cuando trabajamos para entrenar a las personas para saber cómo, cuándo y dónde buscar ayuda, hacemos mucho hincapié en los recursos locales que existen. Es importantísimo conocer estos tres números en cada ciudad: el número de la Guardia del Hospital, el número de la Policía de tu jurisdicción y el número de Bomberos. Si hay una persona en riesgo cierto e inminente, hay que llamar a la Policía para que sea atendida por un equipo interdisciplinario de salud mental. Ese tipo de cosas tenemos que saberlas, porque nos pueden salvar la vida y le pueden salvar la vida a alguien”.

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