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“Tragedia en Río Turbio: 9 muertos en una explosión ocurrida en Mina 4”, tituló el diario La Opinión Austral en su tapa del martes 14 de mayo de 1975.

Tapa del 13 de mayo de 1975 de La Opinión Austral.

“Nueve operarios muertos y tres heridos de gravedad fue el saldo de una violenta explosión ocurrida el domingo en horas de la tarde en Mina 4 de Yacimientos Carboníferos Fiscales”, informaba sobre el accidente que aconteció el 11 de mayo y marcó a fuego a la región.

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Tapa del jueves 15 de mayo de 1975 de La Opinión Austral.

El gas grisú es una mezcla de gases inflamables, principalmente metano, que se acumula en las minas subterráneas, especialmente en las de carbón. Es altamente peligroso debido a su capacidad de explosión cuando se combina con el oxígeno en el aire.

La explosión causó la muerte de 11 mineros y dejó decenas de heridos. Las primeras nueve víctimas fatales informadas fueron Juan Segundo Miranda Paredes, José Héctor Cárcamo Vargas, Atilio Avendaño Soto, José Nibaldo Guentilican, José Moisés Vera Cárdenas, Osvaldo René Cárdenas, Benjamín Segundo Vargas Barría, José Upertino Paredes Toledo, José Luis Mariquico Oyarzo Egidio Sosa y Nicolás Vicente Cáceres.

 

La páginas del diario La Prensa Austral de Punta Arenas del 15 de mayo de 1975 compartido por Mariana Menna.

En el Hospital de Río Turbio, el doctor Ricardo Lovera estuvo al frente de una acción que salvó la vida de decenas de heridos.

Cuando empezaron a llegar al hospital era realmente un espectáculo terrible. Empezaban a caer y caer y caer. Se organizó un triage. A los médicos, los clínicos les dijeron: ‘Vayan a la mina a ver los heridos más leves, sepárenlos los más graves, mandelos para acá'”, contó el profesional en una entrevista brindada a Winfo.

Hospital de Río Turbio. Foto: archivo de Guillermo Ballesteros.

“Estuve cuatro días sin ir a mi casa, ni a dormir, ni a almorzar, ni a cenar”, mencionó sobre lo exigente que fueron aquéllos primeros días.

Cuando un paciente presenta un 60% de quemaduras se genera automáticamente una falla multiorgánica que termina con su vida entonces me dije: ‘Tengo que hacer algo, tengo que salvar la vida’. No había terapia intensiva, no había nada. Ni siquiera podíamos derivar a Río Gallegos, nada. Y ahí me surge una cosa que seguramente los antiguos místicos llamarían una iluminación, porque sabía que todos se iban a morir, recordé que alguna vez había leído que había una piel que era parecida a la humana, que era piel de cerdo. Así que decidí injertarles piel de cerdo”, recordó.

“Tenía mas de 30 personas implantadas con piel de cerdo, se salvaron todos”, señaló.

EN ESTA NOTA Gas grisú tragedia ycf

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