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En las vacaciones de verano los destinos posibles son múltiples y mientras muchos salen de Santa Cruz, otros recorren la provincia y descubren lugares que, a pesar del paso del abandono y el paso del tiempo, aún tienen mucho para contar.
Durante los últimos días, Viviana Barría Barrington compartió una serie de videos en los que se pueden ver lugares olvidados que ella no dejo pasar desapercibidos.
“Hoy visité un lugar que me dejó una sensación difícil de explicar. En plena estepa patagónica, en el cruce de la Ruta Nacional 3 y la Ruta Provincial 57, aparece solitario el edificio que fue el Hotel Paraje Lemarchand, en el departamento Güer Aike, Santa Cruz”, indicó.
“El hotel funcionó durante varias décadas como parada obligada para viajeros, camioneros y familias que cruzaban estos tramos interminables del sur”.
“Está abandonado, rodeado solo de viento, silencio e inmensidad. Me quedé mirándolo desde afuera… no me animé a entrar sola. El edificio está literalmente en medio de la nada, como detenido en el tiempo, resistiendo al clima y al olvido“, observó.

La mujer recordó que el hotel “funcionó durante varias décadas como parada obligada para viajeros, camioneros y familias que cruzaban estos tramos interminables del sur. Fue hostería, refugio y punto de descanso en una Patagonia mucho más dura, cuando la ruta era casi todo lo que había. Cerró hace muchos años, sin fecha exacta, y hoy queda como un testigo mudo de otra época”.
En este contexto, sostuvo: “Pararse ahí es sentir lo pequeña que es una frente a esta tierra inmensa. El viento parece contar historias de pasos apurados, mates calientes y noches de descanso antes de seguir viaje”.
“Hoy, Lemarchand ya no recibe a nadie, pero sigue diciendo mucho. La Patagonia tiene eso: lugares que no gritan, susurran”, afirmó.
Este domingo, Barría Barrington publicó un nuevo video, esta vez en cercanías a Fitz Roy.
En las imágenes se puede ver una vieja gomería. “Alguna vez fue un lugar de paso, de trabajo, de manos negras de grasa y charlas cortas al costado de la ruta. Después vino el incendio. Y después, el abandono“, mencionó.
“El olor a quemado todavía parece quedarse pegado a las paredes. Todo está oscuro, retorcido, quieto. El fuego pasó arrasando y el tiempo terminó de hacer lo suyo. Caminar ahí adentro fue raro, una mezcla de curiosidad y respeto. Como si el lugar todavía estuviera tratando de contar lo que le pasó”, reflexionó.
“Pensé en quienes trabajaron ahí, en la rutina, en los días normales que de golpe se interrumpieron. Hoy sólo quedan restos, silencio y viento entrando por donde antes había puertas. La Patagonia también es esto: espacios olvidados, historias cortadas, lugares que el paisaje volvió a tomar para sí. Nada se pierde del todo… queda la huella”.
Las reflexiones también tuvieron un apartado para la guerra de Malvinas cuando compartió el registro realizado en Puerto San Julián.
Los bunkers “fueron construidos y utilizados en 1982, durante la guerra de Malvinas cuando esta ciudad fue elegida por su ubicación estratégica, cercana al Atlántico Sur y a las islas. San Julián se transformó entonces en un punto clave de defensa y operación aérea”, introdujo.
“Los bunkers siguen en pie, solos, recordándonos que el pasado también habita el paisaje”.
“Están solos ahora. El tiempo, el viento y la estepa los fueron rodeando en silencio. Son estructuras simples, duras, hechas para proteger, para esperar. Pararse frente a ellos te obliga a bajar la voz, casi sin darte cuenta. Pensar en quienes estuvieron ahí, en la tensión, en las horas largas mirando el cielo“, imaginó.

“No son ruinas cualquiera. Son huellas. Huella de una decisión, de un momento del país, de personas que pasaron por ahí siendo muy jóvenes, cargando responsabilidades enormes. San Julián guarda su historia sin estridencias. Los bunkers siguen en pie, solos, recordándonos que el pasado también habita el paisaje“, cerró.
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