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Una nueva investigación detectó un descenso significativo en el rendimiento intelectual de estudiantes argentinos durante la última década. El trabajo, realizado sobre 849 alumnos de entre 8 y 15 años, encontró que entre 2013 y 2023 el desempeño en habilidades verbales cayó un 8,4%.
El estudio también identificó una brecha de 26,8 puntos de coeficiente intelectual (CI) total entre estudiantes de escuelas públicas y privadas evaluados en 2023. Los resultados se suman a una creciente evidencia internacional que señala una desaceleración de las mejoras en el rendimiento intelectual registradas durante buena parte del siglo XX e, incluso, un retroceso en algunas poblaciones.
El hallazgo se conoce en un escenario educativo marcado por los resultados de PISA 2025: casi 8 de cada 10 estudiantes argentinos no alcanzan el nivel mínimo en Matemática, 6 de cada 10 tampoco lo logran en Lectura y Argentina ocupa el segundo lugar entre 83 países y economías evaluados por el nivel de distracción asociado al uso de dispositivos digitales en las aulas.
La investigación fue presentada en el marco del Día del Estudiante por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad y la Escuela de Educación de la Universidad Austral.
Una década de cambios en las capacidades cognitivas
La investigación, basada en datos de fuente primaria, analizó a 849 estudiantes argentinos de entre 8 y 15 años pertenecientes a distintas cohortes. A igual edad, quienes fueron evaluados en 2023 obtuvieron, en promedio, 3,6 puntos menos de CI total que aquellos examinados en 2013.
La disminución se concentró principalmente en las habilidades verbales. El promedio pasó de 99,4 puntos en 2013 a 91,03 en 2023, lo que representa una baja superior al 8%. En cambio, las capacidades no verbales mostraron una mayor estabilidad.
El informe señala que esta evolución resulta compatible con una desaceleración o reversión del denominado efecto Flynn, concepto que describe el aumento histórico del coeficiente intelectual entre generaciones. Durante buena parte del siglo XX, ese incremento se ubicó en torno a tres puntos de CI por década, aunque investigaciones recientes registraron un freno o estancamiento de esa tendencia.
La relevancia de este resultado radica en que las habilidades verbales no constituyen una capacidad aislada. El lenguaje es una de las principales herramientas que utilizan los estudiantes para comprender lo que leen y escuchan, incorporar conocimientos, seguir consignas, expresar ideas y desarrollar razonamientos.
Por este motivo, una disminución sostenida en este componente puede representar un desafío para el aprendizaje en diferentes áreas escolares. Sin embargo, los resultados no permiten establecer que esta caída sea la causa de las dificultades educativas actuales. Sí plantean una señal de alerta sobre las condiciones cognitivas con las que los alumnos afrontan las demandas escolares y sobre la necesidad de identificar qué factores sociales, educativos y ambientales podrían explicar esta evolución.
La diferencia entre estudiantes de escuelas públicas y privadas
El trabajo también comparó el desempeño de 89 estudiantes de escuelas públicas y 184 de establecimientos privados de la provincia de Buenos Aires, todos evaluados en 2023 y con edades comprendidas entre los 10 y 12 años. Las diferencias alcanzaron 25,89 puntos en CI verbal, 22,17 en CI no verbal y 26,79 en CI total. Los resultados se mantuvieron incluso después de controlar estadísticamente la edad.
Los investigadores advierten que estos datos no permiten atribuir una relación causal al tipo de gestión escolar. La asistencia a una institución pública o privada está vinculada con múltiples condiciones sociales, económicas, familiares, educativas y contextuales que no fueron incorporadas en los modelos.
“La brecha que encontramos es muy significativa, pero sería un error interpretarla como un efecto directo de la escuela pública o privada. La institución educativa forma parte de un entramado mucho más amplio de condiciones en las que crecen y aprenden los estudiantes. Lo que nuestros resultados muestran es la magnitud de una desigualdad que merece ser estudiada en profundidad: necesitamos comprender cuánto de esta diferencia se relaciona con las oportunidades educativas, cuánto con las condiciones socioeconómicas y familiares y cuánto con otros factores del contexto”, señalan las investigadoras.
Las dificultades que reflejan las pruebas PISA
Los resultados de la investigación fueron analizados junto con los últimos datos de PISA. En Matemática, casi 8 de cada 10 estudiantes argentinos no alcanzan los niveles mínimos de desempeño y apenas el 0,4% llega a los niveles 5 y 6, correspondientes a los rendimientos más elevados. El puntaje del país cayó 11 puntos respecto de 2022. En Lectura, el descenso fue de 12 puntos y 6 de cada 10 estudiantes no alcanzan las competencias mínimas. En Ciencias, la caída llegó a 13 puntos y una proporción similar tampoco alcanza el desempeño mínimo.
El impacto de la distracción digital durante las clases
Los datos de PISA 2025 también ubican a Argentina entre los países con mayores niveles de distracción asociada al uso de dispositivos digitales en las aulas. El 55,4% de los estudiantes argentinos afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos durante la mayoría o todas las clases de Ciencias. La cifra prácticamente duplica el promedio de la OCDE, situado en 28%, y posiciona al país en el segundo lugar entre 83 países y economías evaluados.
A nivel internacional, los alumnos que reportan este tipo de distracción obtienen, en promedio, 11 puntos menos en Ciencias, incluso después de considerar su perfil socioeconómico. En Argentina, los estudiantes utilizan dispositivos con fines recreativos durante 1,6 horas diarias de la jornada escolar, frente a 1,1 horas en el promedio de la OCDE.
Estos datos muestran una asociación, pero no permiten establecer que el uso de dispositivos sea la causa del deterioro cognitivo observado. “La discusión no debería plantearse en términos de tecnología sí o tecnología no. Los dispositivos digitales pueden ser herramientas valiosas para enseñar y aprender, pero su incorporación al aula requiere preguntarnos para qué se utilizan, qué actividad cognitiva promueven, qué fortaleza de carácter y qué otros procesos pueden estar desplazando”, señalaron las investigadoras.
Asimismo, añadieron: “La evidencia nos invita a discutir mucho más profundamente cómo usamos la tecnología en la escuela: no alcanza con incorporar dispositivos; necesitamos asegurarnos de que su uso contribuya efectivamente al aprendizaje integral y no termine interfiriendo con procesos fundamentales como la atención, la comprensión, el esfuerzo cognitivo y la reflexión crítica, entre otras”.
Para las autoras, la coincidencia entre las dificultades de aprendizaje, las desigualdades educativas y el descenso registrado en determinadas habilidades intelectuales obliga a ampliar la mirada. El desafío, plantean, no consiste únicamente en analizar cuánto aprenden los estudiantes, sino también en qué condiciones lo hacen y qué capacidades necesitan para sostener esos aprendizajes.
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