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Cada vez es más frecuente escuchar comentarios similares en plazas, clubes y escuelitas deportivas: chicos que corren con dificultad, movimientos rígidos, poca coordinación y problemas para realizar acciones básicas como saltar, frenar o mantener el equilibrio.
Detrás de esas escenas que muchos adultos observan “a simple vista”, especialistas advierten un problema cada vez más extendido entre niños y adolescentes: la pérdida de habilidades motrices vinculada al sedentarismo y al uso excesivo de pantallas.
Profesores de educación física, pediatras y expertos en neurociencia coinciden en que la pandemia aceleró una tendencia que ya venía creciendo y que hoy genera preocupación por las consecuencias físicas, sociales y de salud que podría provocar en el futuro.
“Se mueven mal porque se mueven menos”
Mario Bordón, profesor con más de tres décadas de experiencia trabajando con chicos, asegura que el deterioro motriz se volvió evidente en los últimos años.
“Estamos enseñando ejercicios que chicos de ocho o nueve años antes ya tenían incorporados naturalmente”, explicó al advertir que muchos menores presentan inseguridad corporal y dificultades para coordinar movimientos simples.
Según el docente, la combinación de menos juego al aire libre, más tiempo en interiores y la presencia constante de dispositivos electrónicos modificó la relación de los chicos con el movimiento.
“Antes quedarse en casa era un castigo. Hoy muchos chicos prefieren estar quietos porque el estímulo digital les genera satisfacción inmediata”, sostuvo.
Qué es la “pérdida de la propiocepción”
El pediatra Sergio Snieg, integrante del Comité Nacional de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría, explicó que existe un concepto cada vez más utilizado entre especialistas: el de “analfabetos motrices”.
El profesional detalló que entre los 7 y los 12 años se desarrolla una etapa clave conocida como “la edad de oro del aprendizaje motor”, momento en el que el cerebro aprende a coordinar movimientos mediante el juego, la actividad física y la exploración corporal.
Sin embargo, señaló que durante y después de la pandemia muchos chicos reemplazaron esas experiencias por horas frente a una pantalla.
“Hay una pérdida de la noción de la propiocepción, que es la capacidad del cerebro para percibir la posición y el movimiento del cuerpo sin necesidad de mirar”, explicó.
De acuerdo con el especialista, esa alteración puede generar torpeza, inestabilidad, dependencia visual para moverse y mayores riesgos de lesiones.
El impacto del sedentarismo infantil
Los expertos advierten que el problema va mucho más allá de una mala postura o de movimientos descoordinados.
El sedentarismo infantil también está asociado al aumento de casos de obesidad, hipertensión y enfermedades metabólicas en edades cada vez más tempranas.
Para Mariano Ferro, especialista en fisiología del ejercicio y autor del libro “Analfabetos motrices”, la situación representa una “emergencia pediátrica silenciosa”.
“El tiempo que los chicos pasan frente a un celular cuadruplica el destinado al movimiento”, afirmó.
Ferro sostuvo que muchos niños perdieron habilidades básicas porque crecieron en un contexto de encierro, sobreestimulación digital y falta de juego espontáneo.
“A los chicos se les murió la capacidad de autogestionar su propia recreación”, aseguró al señalar que actualmente gran parte de las actividades infantiles están controladas y organizadas por adultos.
La pandemia y el avance de las pantallas
Uno de los puntos en los que coinciden los especialistas es el fuerte impacto que tuvo la pandemia en los hábitos de niños y adolescentes.
Durante el aislamiento aumentó considerablemente el tiempo de exposición a celulares, computadoras y tablets, una conducta que se mantuvo incluso después de finalizadas las restricciones sanitarias.
Según los profesionales, esa sobreexposición alteró rutinas fundamentales para el desarrollo físico y emocional de los chicos.
“El cerebro está acostumbrado al estímulo constante del scrolleo y eso genera más placer inmediato que salir a correr o andar en bicicleta”, explicó Ferro.
Además, alertó que esta generación podría enfrentar mayores problemas de salud en la adultez si no se modifican los hábitos actuales.
El rol de los padres y la importancia del juego
El especialista en alto rendimiento Mario Mouche consideró que el movimiento debe entenderse como una necesidad básica en la infancia. “El movimiento es salud y es vida”, afirmó.
El preparador físico señaló que muchos padres, por miedo a lesiones o accidentes, limitan las actividades físicas de sus hijos y terminan favoreciendo el sedentarismo.
En ese sentido, insistió en la necesidad de recuperar el juego libre, las actividades al aire libre y el contacto cotidiano con el movimiento.
“Todo vale: correr, andar en bicicleta, jugar en la plaza, nadar o practicar algún deporte”, sostuvo.
También aclaró que cierta torpeza motriz puede ser normal en edades tempranas, pero remarcó que la preocupación aparece cuando los chicos eligen permanentemente la quietud y pierden interés por moverse.
Una problemática que preocupa a futuro
Los especialistas coinciden en que todavía es posible revertir esta situación mediante hábitos saludables, actividad física diaria y límites en el uso de dispositivos electrónicos.
La recomendación principal es que niños y adolescentes realicen al menos una hora diaria de movimiento, ya sea mediante deportes, juegos o actividades recreativas.
Además del impacto físico, los expertos advierten que el exceso de pantallas también puede profundizar problemas vinculados al aislamiento, la socialización y la salud emocional.
Mientras tanto, en clubes, escuelas y plazas, la escena comienza a repetirse con más frecuencia: chicos que tienen dificultades para correr, saltar o coordinar movimientos básicos en una etapa de la vida en la que el cuerpo debería estar aprendiendo justamente a moverse.
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