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Por Hugo Ferrer
Ernesto Cherquis Bialo logró que con una palabra de su nombre se supiera quien era: Cherquis. Su vida periodística en El Gráfico trazó una huella imborrable para millones de lectores. Sus maravillosos textos y reportajes inolvidables, llenos de poesía, relatos e historias, incluían clases magistrales de geografía mundana. Muchos lo leíamos apasionados en sus tremendas coberturas y viajes. Placer.
Compartimos muchos años en Editorial Atlántida: el latido y la música de las teclas de las máquinas de escribir de las redacciones de El Gráfico y GENTE, reuniones incipientes en el directorio (esas en las que dolían hasta el estómago, literal), viajes sublimes en el ascensor de puertas de tijeras (de planta baja al tercer piso) y charlas de las más variadas. Nunca hubo “reconciliación” entre “su” San Lorenzo y “mi” Boca.
Su maletín o portafolio con el que llegaba a Azopardo 579, como también lo hacían los propietarios de Editorial Atlántida Aníbal y Constancio Vigil, fue un sello de su impronta, como el gesto habitual de acomodarse los anteojos con el “dedo del medio”. Y hasta el detalle protocolar cuando le pedía a su eficaz secretaria Patricia Rial que le mandara un saludo de su parte a cada uno de los ganadores del Martín Fierro: ni por mail ni Whatsapp (no existían), sino a través de un telegrama.
De la gráfica a la tevé y a la radio
El viernes 22 de diciembre de 1989 Atlántida adquirió Canal 11. A esa buena noticia se contrapuso la muerte el mismo día de Mario Fahsbender, subdirector de GENTE, uno de los más grandes “tituladores” de revistas.
En 1990, después de dirigir el Gráfico, Cherquis asumió como Gerente de Deportes de Telefe. Fue todo un impacto. De Gustavo Luteral a Marcelo Tinelli. En 1990 empezaron con los combates de boxeo los sábados, pero los round eran editados, “pegados”, sin el intervalo entre round y round. Y su relato preciso, directo, como si estuviera escribiendo. Así lo recordé con Gustavo Yankelevich, el creador y director del exitoso canal.
En su paso por Radio Rivadavia, como conductor ( y “bastonero”) de La Oral Deportiva, los cronistas recordaban cuando instauró el sumario y la edición de los informes club por club. Ante todo, la prolijidad y precisión con la información al aire. Como todo talento, también tuvo sus detractores o enemigos.
En la AFA, su rol como vocero y más allá de las idas y vueltas con Julio Grondona, nunca dejó de agradecerle la oportunidad que le dio. ¡Y quién no recuerda, hasta con risas, cómo pronunciaba Johannesburgo en la época del Mundial de Sudáfrica! Y lo imitaban.
Él, como a tantos periodistas de la gráfica, le llegó la “popularidad” cuando apareció con asiduidad en toda la tevé. Y el impacto en las redes y él éxito de los “shorts”. Análisis, frases, maestría pura. Muchos lo descubrieron recién ahí. Su amor y locura por Maradona lo transformó en la voz de Diego en la tierra. Ya nadie se acordaba si había o no diferencias con la revista cuando él la dirigía.
En Infobae, C5N, Radio 10 y programas de streaming fueron sus últimos lugares donde sus textos, su voz, sus palabras y análisis fueron agigantando su figura.
Dadores de sangre y habitación 107
El julio del año pasado hubo un pedido de dadores de sangre. Hospital Alemán. Solidaridad plena. Y cadena de oración. Neumonía, luego se agravó. Cherquis agradeció a través de mensajes escritos y de voz. En cada texto, en cada audio lo hacía como si estuviera frente a la “vieja” Olivetti.
En el sector de Oncología, por la calle Arenales, estuvo un tiempo internado. Constancio Vigil (h) fue uno de los amigos que estuvo con él. ¡Todavía siguen hablando de boxeo!
La habitación 107 fue su contención. Fui a verlo. “¿Qué hacés acá?” Entre la emoción y la sorpresa, el ida y vuelta, breve, fue suficiente.
Los datos sobre la evolución de su estado de salud, los fue dando él mismo, casi como un cronista eterno.
Hace una semana, según pudo saber Crónica, llamó a la Legislatura. A un amigo le confesó y le pidió que la despedida fuera ahí y con la gente, su gente.
El jueves 19, alrededor del mediodía, llamó a sus sobrinas Marina y Laura, hijas de su hermano Benjamín.
“Un telegrama de hielo”
En la noche del viernes 20 de marzo, pasadas las 22, fue noticia en el mundo del periodismo y de todas las audiencias. Murió Cherquis. Dos palabras. “Un telegrama de hielo”, me responde Jorge de Luján Gutiérrez, quien fuera director de GENTE. Con Cherquis compartieron gran parte de sus vidas periodísticas y los unió aún más el Consejo Editorial de la empresa. “A partir de ese momento comenzaron las despedidas, todas muy sentidas y con hilo conductor: de pie hasta el final”, me recordó.
Sábado tenía que ser
Mensaje de WhatsApp y llamado personalizado. Así nos invitó, uno a uno, a quienes él quería que estuviéramos en uno de los momentos más importantes de su trayectoria.
El miércoles 3 de julio de 2024 fue reconocido como ciudadano ilustre en la Legislatura. Gran cobertura de todos los medios. Emoción y reencuentro con amigos. Anécdotas que fluyen. Después de la ceremonia, fotos y saludos. Y nota con Crónica. “¡Cómo no voy a hablar con Crónica!”, dijo antes de que nuestro cronista Emanuel Herrera tuviera un mano a mano sensible, mientras él mantenía aferrado en su mano derecha el cuadro con el diploma. Estaba orgulloso.
Más fotos y abrazos con Orestes Katorosz, Dimas Suárez, Horacio del Prado, Alejandro Sangenis, Valeria Weise, Pablo Silva y “Beto” Echezuri, entre tantos. “Caos” emocional. Así, le grabé un video para que le “hable” a su amigo Bruno Passarelli, quien fuera corresponsal de El Gráfico en Italia, y aún seguían recordando coberturas y nombres. Bruno no pudo estar, pero con ese mensaje se abrazaron a la distancia, también le mandó un saludo a su perro Chingolo y recordó lo que hacían durante años, el diálogo radial que ellos llamaban ¡Vamos sábados! El destino quiso que 626 días después, justo un sábado fuese el adiós en la Legislatura.
“Cuervas” y la abuela Berta “Bialo”
Y estuve ahí. En el mismo salón. A la derecha del cajón, un atril y una foto. Cherquis mirando a cada uno de nosotros. Un ramo de flores y una tarjeta blanca, con una dedicatoria escrita a mano: el adiós de sus sobrinas Marina y Laura Cherquis, quiénes estuvieron a cada lado del ataúd. Las dos, bien “cuervas”: lucieron camisetas de San Lorenzo. Laura se animó y le confesó a Crónica, muy emocionada, cómo fue el llamado de despedida: “Primero lo hizo con mi hermana Marina, con ella hablaba más. Luego me llamó a mí, que nos quería mucho, que ya sabía que era el final y le mandó un saludo especial para mi mamá. No lo puedo creer. Así fue su despedida. ¡Cuánto lo queremos y nos quería!”. De paso, Laura me dio detalles sobre el apellido Bialo: “Cuando empezó a escribir y firmar sus notas se agregó el apellido de la abuela Berta, quería hacerle un homenaje. Era Bialosky, pero como era muy largo, prefirió ponerse Bialo”.
Así, también recordamos a sus primos Gustavo y Judith, los hijos de Cherquis: él, en Estados Unidos; ella, en España. La distancia no existe para recordar en estas despedidas.
“¡Cherquis campeón!”
A las 13:25 la ceremonia final. Hubo palabras muy emotivas. Más anécdotas. Aplausos. Más recuerdos y emoción. Hasta que Osvaldo Príncipi (¡lo que sabe de boxeo!), se ubicó delante de todos, como si fuera el centro del ring. Recordó una de las frases que más usaba en los mensajes a sus amigos sobre su pelea por la vida: “Como nos decía Cherquis, ¡hasta la campanada final! ¡Cherquis campeón del mundo! ¡Cherquis campeón del mundo! ¡Acaba de ganar!”.
Principi golpeó el cajón con su puño derecho. Aplausos y más aplausos.
A las 13:45, Cherquis fue llevado al Parque Memorial, en Pilar. El atril blanco, el cuadro y la foto de Cherquis también estaban ahí.
Todavía nos sigue mirando. Nosotros también.
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