La periodista Teté Coustarot atraviesa un presente pleno tanto en lo profesional como en lo personal, con proyectos en marcha y la convivencia con su pareja, tras más de 13 años viviendo en casas separadas.

 

 

El contexto crítico que atraviesa el país y el mundo entero no le es ajeno. “Estamos rodeados de números: la cantidad de contagiados, de muertos, de vacunas”, planteó la conductora a Teleshow y cuestionó la sobrecarga informativa y el rol de algunos medios locales a la hora de informar.

 

 

Con su llegada a la pantalla de El Nueve, Coustarot lleva alegría a las casas al final de cada día con La hora exacta, el programa de juegos y entretenimiento que conduce junto a Boy Olmi. Además, su clásico programa radial, ¡Qué noche Teté!, sigue al aire por Radio 10, después de 13 años, en las noches de los domingos. Y, en este 2021, la ex modelo se da el lujo de formar parte del jurado de los Premios Konex al espectáculo.

 

 

Teté Coustarot: Sos jurado cuando ya has recibido un diploma de honor. Cuando me llamó Luis Ovsejevich, me encantó porque es un premio que es un reconocimiento superior. Aparte, una década de trabajo, con los artistas más destacados. Además, el presidente del jurado es Ricardo Darín que lo adoro. Hemos tenido reuniones por Zoom con todos los jurados. Son súper importantes todos los seleccionados. Esperemos que antes de fin de año se pueda hacer la entrega.

 

 

Dentro de un contexto muy difícil, estás en un momento personal y profesional muy próspero…

T.C.: La vida siempre te presenta cosas y hay que ver dónde uno se para. Soy optimista por naturaleza, siempre estoy tratando de ver… Alguna vez leí una frase que me encantó que decía: “Tengo una inteligencia pesimista por todo lo que me doy cuenta que pasa en el mundo, pero tengo un temperamento irremediablemente optimista”. Yo soy absolutamente así.

 

 

Pudiste vacunarte

T.C.: Hoy escuché una cosa que me asombró muchísimo en un medio muy importante. Hablaban de la cantidad de millones de vacunas que están llegando y sentí una noticia que es de esperanza. Pero pegado, tras cartón, dijeron que en Vietnam hay una nueva cepa que puede con las vacunas. ¡Esperá un poquito para dar esa información! Si no sabemos todavía si es cierta o no. No la pegues a una buena noticia que le está dando la esperanza a tanta cantidad de gente. Eso también tendríamos que verlo.

 

 

¿Crees que nos debemos un debate sobre el rol de los medios y cómo informamos?

T.C.: Sin que tengan miedo de ser tildados de oficialistas si dicen que van a llegar un montón de vacunas. Estamos hablando de vacunar a la gente. Cuando voy al canal paso por la Rural y veo cómo sale la gente después de vacunarse, la alegría que tienen todos. Muchos llorando de emoción. Esas cosas hay que resguardarlas también.

 

 

Estás en pareja hace muchísimo ya y en el último tiempo empezaron a convivir, después de más de una década juntos…

T.C.: A convivir hace tres años. Antes de la pandemia. Carlos vivía con sus hijos adolescentes y no nos pareció o no lo sentimos. Hicimos el proceso al revés. La gente primero vive y después se separa. Decidimos vivir juntos, por suerte, porque nos agarró la pandemia. Fue un año antes.

 

 

¿Y lo llevan bien? ¿Están enamorados?

T.C.: Sí, muy bien. Estoy muy feliz de estar con él. Cada uno encontró un compañero en la vida que es algo muy importante. Tiene mi edad, cosa que me gusta mucho porque hay montones de códigos y cosas que no hay necesidad ni de contarlas. Cuando uno puede compartir la vida es algo muy lindo.

 

 

¿En este hacer las cosas desestructuradamente se puede venir el casamiento?

T.C.: No creo. Yo nunca me casé. No se me pasa por la cabeza porque nunca fue una aspiración. Será que desfilé tantos vestidos de novia que ponerme un vestido blanco y caminar con la marcha nupcial, lo hice tantas veces. Por suerte, todo ha cambiado. Antes, era “la mujer de”. Ahora hay una conciencia mucho mayor. Eso también me permitió tener una independencia económica que para mí es muy valiosa, es lo que te permite ser libre. Si estás con alguien estás porque tenés ganas realmente, no porque hay una necesidad económica o todo lo demás. Así que siempre hasta ahora fue así. No tengo ni idea qué puede pasar. Aprendí a no decir nunca más tal cosa, o no voy a hacer tal cosa. No, no, nunca se sabe.

 

 

Sos una mujer que rompió con mandatos y estamos en una época de aprender a romper con la exigencia sobre el cuerpo, la belleza y la mirada del otro. ¿Te costó alguna vez? ¿Algo de esa exigencia en algún momento fue difícil?

T.C.: Difícil nunca lo sentí porque en algún momento tomé conciencia de que el problema no era mío sino de los otros. Estudié periodismo en la Universidad de La Plata y después fui modelo. Cuando volví a mi vocación, el periodismo, sentía que tenía que demostrar que estaba informada. Y un día dije: “Pará un poco, si los demás tienen prejuicios los van a tener aunque vos demuestres y te esfuerces”. Así que, piano piano si va lontano. Hacer más que estar contando lo que sos o cómo. Otra cosa que aprendí es que no hay trabajos menores ni pequeños ni no importantes. Cada uno de nosotros, lo que le toca en la vida, lo tiene que hacer de la mejor manera. Después, lo otro va a venir.

 

 

Esto que decís se logra teniendo las ideas muy acomodadas, ¿costó llegar a este equilibrio?

T. C.: Sí claro, todo es un aprendizaje. Todas estas reflexiones en algún momento me surgieron. Aparte siempre digo que cuando tengas ganas de hacer algo, hacelo. No empieces a preguntar a todo el mundo si debés o no debés porque entonces estás pidiendo permiso. Si les contás a cinco personas, vas a tener cinco opiniones de gente que habla de ellos, no de vos. Entonces, acuñé una frase. Cuando me empiezan a decir: “¿Cómo vas a hacer…?” o “¿vas a cambiar…?”, digo: “Perdoname, no te estoy pidiendo permiso para hacer esto, te estoy contando lo que ya decidí hacer”. De esa manera, también te liberás un poquito de todo el afuera.

 

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