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Por Hugo Ferrer

“Vos sacá fotos y no hables”

La frase se la dijo su papá Miguel debajo de la farola de Balcarce 50 cuando lo nombraron en 1978 reportero gráfico en Presidencia de la Nación.

Víctor Bugge, el decano de la fotografía, y José Ignacio López, “el vocero de la Democracia”, durante la ceremonia en Casa de Gobierno. Historia viva del periodismo.

Esta frase marcó para siempre la carrera como fotógrafo de Víctor Hugo Bugge. 48 años como reportero gráfico, célebre por ser el dueño de la foto oficial de los presidentes: de Videla a Milei. Todos. Sus fotos fueron tapas de diarios y revistas de la Argentina y muchas veces en el mundo. Se comentaron por radio, se mostraron por tevé. Fue fotógrafo de Presidencia de la Nación. En 2025 se jubiló y tuvo las mejores y destacadas despedidas: de ser reconocido por Adepa por sus fotos durante los 40 años años de Democracia y ser declarado Ciudadano Ilustre en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a ser homenajeado en Casa de Gobierno, su último lugar en el mundo. Sus fotos hablan, tienen un mensaje. Siempre traté de hacer la foto oficial y no oficialista. La diferencia está en que la foto oficial es la más cercana a la verdad posible, en cambio la oficialista es lo más impúdico que hay en política porque vos la preparás para mentirle a la gente”, le confesó a Crónica.

Su padre Miguel, el dueño de la frase que le dio energía a su carrera, era fotógrafo (revista Crítica y luego La Nación) y fundó la Asociación de Reporteros Gráficos. Lucía con orgullo el carnet número 15. Aún hoy lo reconoce. Como cuando tuvo un encuentro con otro célebre fotógrafo Aldo Sessa, quien fue a visitarlo a su oficina en Casa de Gobierno: “Gracias por regalarme tu primera cámara digital, tallada con tu Nombre por Leica. ¡Maestro!”.

Víctor Bugge y su celular: la foto digital a la placa con su nombre. “Me emocioné mucho. Pensé en mi papá, en toda mi familia”, le confesó a Crónica.

Acostumbraba a llevar de a dos o tres cámaras colgando. Veloz y certero en el disparo. Un francotirador en blanco y negro, luego color: del rollo a la cámara digital.

Su llegada a las redes, lo llevó a tener su cuenta @Victorhuogbugge y hasta se definió con tres hashtags: #caminando #mirando #obturando. Acción, gerundio y verbo: mientras camina, mira…y dispara. Ahí está la foto. Agazapado detrás del lente, en silencio, la hizo. La vio antes: “El homenaje más grande que le estoy haciendo a mi padre es que cuando me propongo una foto, la logro mucho tiempo de hacerla”.

Tampoco olvida a Juan Di Sandro, el tío de Roberto Di Sandro, quien fuera el periodista decano de Casa de Gobierno, porque le dio la gran oportunidad: “Creo que es el padre de la fotografía argentina”.

Walter Carrera, su heredero a cargo de la Dirección de fotografía, junto a Karina Milei; Javier Lanari, el secretario de Comunicación; y Manuel Adorni, recorrieron la oficina. Todos miraron sus fotos que están en la cúpula. “Ese fue mi lugar durante 47 años”, recordó.

De su debut como fotógrafo con River Campeón en 1975 no se olvida más, como tampoco de la cámara que usó: una Rollei formato 6 x 6. Y su trabajo en Editorial Atlántida para las revistas GENTE, El Gráfico y Para Tí.

Su fotos célebres quedan en la retina de millones de argentinos.

El decano de la fotografía

La Casa Rosada lo homenajeó el 17 de diciembre: “Fue testigo privilegiado de la vida institucional argentina”.

El reconocimiento estuvo encabezado por la Secretaria General de Presidencia, Karina Milei, y el jefe de Gabinete de Ministros, Manuel Adorni, y se realizó en la histórica oficina de Fotografía de la Presidencia donde se descubrió una placa que designa al lugar con el nombre de Víctor Hugo Bugge, en reconocimiento a su trayectoria como decano de la fotografía.

Buggé, emocionado, le contó a Crónica lo que vivió en ese momento: “Que el lugar, mi segunda casa, lleve mi nombre me llena de orgullo”. También lo acompañó José Ignacio López, el vocero de Alfonsín. Y Víctor, con su celular, le sacó la foto a “su” placa.

Walter Carrera, su heredero a cargo de la Dirección de fotografía, junto a Karina Milei; Javier Lanari, el secretario de Comunicación; y Manuel Adorni, recorrieron la oficina. Y Buggé con ellos. “Miraban, mirábamos hacia arriba las cúpula, casi como un techo de dos aguas, donde están enmarcadas las fotos que marcaron mi vida y también del país y de los diversos gobiernos: de Videla a Milei. Ese fue mi lugar durante 47 años. Es la cúpula que, mirando desde Plaza de Mayo, está arriba de lo que sería la explanada”.

Adorni, por su parte, destacó también su figura: “Nos dimos el placer de homenajear al fotógrafo Víctor Bugge en Casa Rosada. Prácticamente medio siglo retratando cada uno de los hechos centrales de la historia argentina. Su trabajo ya es parte del patrimonio histórico de la Nación. Muchas gracias, Víctor”.

Buggé: “Mis fotos, la fotos del pueblo”

Algunas de las fotos, son el recorrido de su vida. Con Crónica hizo un repaso de algunas de esas imágenes.

Laboratorio en casa de Gobierno

El revelado fue otra de las claves: lo hizo tanto en su casa, como en el baño del avión: entre las cubetas y las ampliadoras también forjó el éxito de sus fotos. Y cómo era transmitir “ya” esa foto oficial dónde estuviera: “Revelar las fotos en el laboratorio de Casa de Gobierno siempre fue muy especial. Al principio, los negativos en blanco y negro, pasar por los líquidos, el papel y luego la ampliadora. Hoy parece artesanal, pero así se trabajaba. Recién ahí se podía ver la foto. No había vista previa, como ahora. Luego, la foto en color, la diapositiva y el gran salto a lo digital. Pero siempre, se va a necesitar a un fotógrafo”.

Víctor en el laboratorio de fotografía. Su pasión: el revelado y la ampliación de la foto.

En el balcón con Galtieri

“La plaza estalló aquel 2 de abril de 1982. Me senté sobre el balcón para esperarlo. Fui un inconsciente, pero no tenía opción. Cuando se asomó, fue una explosión. Cuando dijo ‘Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla’ sólo pensé en los soldados argentinos”.

EL BALCÓN DE GALTIERI. 2 de abril de 1982. En dos imágenes, lo que fue capaz de hacer: se sentó al borde del balcón esperando a Galtieri. Luego, el discurso ante la Plaza de Mayo colmada. “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”.

Con Alfonsín, Democracia y emoción

“El día de su asunción, el 10 de diciembre de 1983, me atreví a decirle: ‘A la cancha’. Fue justo cuando íbamos del Hotel Panamericano al Congreso. Alfonsín tuvo un ángel especial. ¡Cómo miraba, cómo caminaba! En el discurso en el Congreso yo estaba detrás, a su derecha. Ver desde ahí la imponencia de otra vez el Congreso funcionando fue algo único. Y su presencia. Cada palabra llegó a la gente. Luego, en el balcón del Cabildo fue conmovedora la cara de la gente, los papelitos, la alegría a flor de piel y con la fuerza que dio ese discurso. Él con su banda presidencial, el micrófono…Todo eso estuvo en las fotos”.

ALFONSÍN Y LA DEMOCRACIA. El 10 de diciembre de 1983 y el discurso en el Congreso. Luego, en el Cabildo, con toda la gente.

El pacto de Olivos: 14 de noviembre de 1993

“El día del Pacto de Olivos, Alfonsín me presentó ante Menem: ‘Victor es mi fotógrafo. Cuídenlo.’ Luego de la reunión, cerca del mediodía, salieron a caminar solos por los jardines. La foto fue en blanco y negro. Simbolismo político y republicano: ¡el impacto que logró esa imágen! Y Alfonsín, con las manos detrás; Menem, con la mano izquierda en el bolsillo… Años después me llamó un preso desde una cárcel para decirme que así caminaba en la celda”.

Con Diego en 1986 y en 2019

“Hice la foto en el balcón cuando vino a Casa de Gobierno con la Copa del Mundo en el 86. ¡Histórica! Y el 26 de diciembre de 2019, casi 11 meses exactos antes de su muerte, volvió a la Rosada para ver al presidente Alberto Fernández. Me dijo: ’Agarrame de la mano’. Y no me soltó. Yo soy maradoniano. Yo había llevado una mini copa del mundo para hacer la foto. ‘¿Qué me trajiste?’, me dice. Igual hicimos la misma foto 33 años después. Y luego también posamos juntos en el balcón. Y otra vez Plaza de Mayo volvía a ser protagonista”.

EL BALCÓN DE DIEGO. Como en 1986, en 2019 volvió a hacerle fotos. De la minicopa del Mundo al pedido de Diego: “Agarrame de la mano”.

Con Menem, una relación especial

“Con el presidente Menem hubo una relación especial. Más de una vez me pidió la cámara para hacerme fotos. Le hice las imágenes más increíbles. y lo vi llorar cuando murió Carlitos. Su foto en el cementerio me dolió, pero sentí que tenía que hacerla”.

LA FOTO DE MENEM. El ex presidente le pidió la cámara. “Quería saber qué se veía y me sacó una foto. Tuvimos una relación sensacional”.

El perro de Macri en el balcón

“Era del presidente Macri y en la recorrida llegó hasta el balcón y se asomó. Yo estaba ahí. ¡Cómo el perro del presidente se iba a perder ver desde ahí Plaza de Mayo”.

BALCARCE EN EL BALCÓN. El perro del ex presidente Macri se asomó para “mirar” Plaza de Mayo. Bugge estaba ahí para hacer la foto.

Francisco y su carisma

“El Papa eligió la foto que le hice con el mate que le regaló la ex presidenta Cristina Kirchner cuando fue al Vaticano. Esa imágen fue convertida en un mosaico en la Basílica de San Pablo Extramuros. Es un orgullo que esa fotografía en particular se conservará para la posteridad. Y no me olvido cuando me bendijo la cámara y hasta se animó a sacar algunas fotos”.

LA BENDICIÓN DE FRANCISCO. El papa con la cámara de Bugge. Los encuentros en el Vaticano, inolvidables. “Me pidió la foto cuando Cristina le regaló el mate”.

“Malvinas me duele”

“En el Cementerio me conmovieron ver llorar a los familiares de los soldados. Y las cruces blancas… No tenemos la magnitud de lo que es ese lugar. Las Malvinas fueron, son y serán Argentinas”.

LLORAR POR MALVINAS. Las fotos de los familiares secando sus lágrimas y las cruces blancas. Dolor eterno: cuando las fotos hablan…

“El león” Milei

Cuando asumió el 10 de diciembre de 2023 le hizo una foto donde se destacaba la figura del león en el Salón Blanco. Bugge le dijo a Crónica: “Él mismo lo hizo. Estaba justo parado ahí y descubrí al león de fondo. Para mí, la más emblemática. La hice de

MILEI, “EL LEÓN”. La imagen, un símbolo del presidente. “Ni bien la vio, la subió a sus redes”, recuerda Bugge. Y en el Tedeum, el presidente de perfil, entre las botas de un granadero.

Giselle: “Mi papá Víctor es un artista”

VICTOR BUGGE Y SU HIJA GISELLE. Ella fue a esperarlo después de un viaje presidencial. Juntos, en la escalera del avión. Y en una foto familiar, durante un asado. Giselle reconoció a Crónica que “no nos sacamos muchas fotos juntos, generalmente le saco a él y él a mí cuando estamos distraídos o haciendo cosas que generalmente uno no ve al otro hacer”.

Giselle, hija de Víctor Bugge, ahora radicada en la Patagonia, le contó a Crónica todo lo que siente por su padre: “Mi papá es un artista. Es un apasionado, un mago de la imagen. Alguien que nos invita a crear, a creer o a no creer. Brinda una fotografía que no se impone, sino que invita: cada persona la completa con lo que siente, con lo que piensa, con lo que ama o con lo que la decepciona. Lo vi dedicarse con pasión y con el alma a su profesión. Lo vi disfrutar, lo vi llorar. Lo sentí en la cima y lo admiro al verlo soltar una etapa, sabiendo que seguir fotografiando es su manera de estar en el mundo. Él me transmitió la fuerza para elegir ser y hacer lo que sienta siempre. Me enseñó que las barreras solo me las pongo yo, y que el amor, la empatía, la humildad y el estar para el prójimo son valores esenciales para una buena experiencia en este paso por la vida. Me enseñó a ir tras mis sueños y a atraparlos. A creer en mis dones y a estar incondicionalmente con mis seres queridos. Me enseñó a escuchar, pero también a disfrutar del silencio y a deleitarme con la sutileza de las cosas simples. Me enseñó que el ser humano, a veces, tiene que elegir aunque duela, pero que lo importante es hacerlo escuchando al corazón y siendo fiel a su latido. Mi papá es rock, es canción. Es color y blanco y negro, como las imágenes que captura: intensidad y calma, sombra y luz. Es una mirada serena al verde del campo que se pierde en el azul del cielo. Es barrio, es tango. Es una lágrima por quienes se fueron y un cofre de historias que nadie sabrá. Es la paciencia y profundidad de mi abuelo Miguel y las risas y caricias de mi abuela Elisa. Es un abrazo que me acompaña y se queda en mi alma, viajando conmigo desde Buenos Aires hasta la Patagonia, aunque a veces pasan largos días sin vernos. Aunque nos separen kilómetros, su presencia me acompaña siempre, recordando que la pasión, el amor y la creatividad atraviesan cualquier distancia. A mi viejo, gracias por compartir esta vida.

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