“Nunca quise volver. Tuve muchos amigos que me ofrecieron volver y nunca quise porque no quería recordar lo que habíamos pasado. No encontraba una motivación. Uno se iba a transportar en el tiempo y no quería vivir eso. Y aparte, siendo británicas”, explicó Eduardo Canitrot, veterano de guerra de Malvinas, a Radio LU12 AM680.
Tenía 19 años cuando era soldado conscripto e integrando el Batallón Logístico 10 dependiente de la X Brigada de Infantería Mecanizada del Ejército Argentino salió sorteado el 810.
“En abril ya salía de la instrucción la clase 63, nosotros éramos los últimos, no sé cuánto faltaba para irnos de baja. Y ahí pasó todo”.
44 años después de la guerra, Canitrot volvió a las islas y sus videos haciendo flamear la bandera argentina de día y de noche se viralizaron. Detrás de esa acción que transgredía las normas impuestas por el gobierno local, el veterano cumplía una promesa realizada al sargento primero Pedro Larrosa.
“Estuve haciendo un año y pico de servicio militar con él y tuvimos muy buen vínculo todo el tiempo de la colimba, él falleció el 12 de junio por un bombardeo. Cuando nos toman prisioneros, vamos a Puerto Argentino y al segundo día, le dije a mi amigo: ‘Vamos al pozo, quiero llevarme algunas cosas que quedaron allá’, porque te tomaban prisionero, pero con la libertad de estar por ahí”.
Al pasar por la Casa del Gobernador, vio la bandera inglesa flameando. “Seguimos, fuimos a nuestro pozo, pasamos por el pozo donde mueren Larrosa y Pereira y le digo: ‘Pedro, cuando la bandera argentina vuelva a flamear allá abajo -porque la veíamos de ahí- te prometo que te voy a venir a visitar. Nunca sucedió“.
Por 44 años, esperó y en cada carrera, corrió con la bandera argentina.
Finalmente, este verano, le preguntó a su amigo Pablo si lo acompañaba a las islas. Al viaje también se sumó su hija Abril.
Durante la semana en las islas, del 8 al 15 de agosto, volvió al pozo, al lugar donde murió Pedro y al cementerio de Darwin.
“Es desolador, cuando entras te transporta. Encontré la tumba de Omar Herrera, la de (Alejandro) Pereyra, y cuando encuentro la de Pedro, ahí me desvanezco, no podía reaccionar, fue una sensación muy fuerte, no podía parar de llorar”, reveló.
Al día siguiente, junto a su hija, comenzó a recorrer todos los cerros. “Empezamos a subir, hicimos casi todos los cerros de combate, menos el Monte Kent, hay una base militar arriba, ahí hicimos una partecita flameando la bandera por todos los cerros. Se podía transitar libremente, pasaba alguna ruta cerca, pasaba un auto, unas camionetas, pero no se van a imaginar que hay un loco ahí haciendo flamear una bandera, y menos de Argentina, no se dieron cuenta”, relató el presidente de la Asociación de Veteranos Puerto Argentino.
“Cuando subo al Cerro Dos Hermanas con mi hija, nos vamos a tomar mates, pasó una hora. Viste cómo es la turba, es todo el tiempo agua, todo el tiempo mojado, cuando vas caminando, pisás todo el tiempo agua, y me dice a la hora y pico: ‘Papá estoy muerta de frío, vámonos'”, relató.
Sin embargo, el veterano no quiso y estuvieron 40 minutos más.
“Me dice: ‘Estoy congelada, estoy temblando y tengo frío’. Le dije: ‘Nosotros nos quedamos a dormir a la noche, pasamos el otro día, al otro día, el otro día, el otro día, dos meses, más de dos meses. Ahora, bajás y te vas a ir al hotel, te vas a ir a bañar, te vas a acostar, vas a comer, y vas a revivir, nosotros no lo pudimos hacer’. Ahí se me quiebra, fue un momento muy emotivo, ahí comprendió lo que fue vivir esto”, contó.
Al día siguiente, hicieron Monte Longdon y bajaron a Wireless Ridge. Obstinado, levantó la bandera y la flameó, lo mismo hizo después frente a un comercio y a la Casa del Gobernador, videos que se pueden ver en las redes del Grupo La Opinión Austral.
“Los argentinos, los argentos, como nos dicen, somos rebeldes cuando nos prohíben cosas, como en la cancha, pusimos una bandera de Malvinas. Si un inglés puede pasearse con una remera inglesa por Buenos Aires o con una remera que diga Inglaterra y ¿por qué nosotros no podemos ir a las islas, pero podemos ir a Londres o adonde sea con una remera argentina?”, planteó.
De regreso en Pinamar, Canitrot reflexionó sobre la experiencia compartida con su hija. “Ella lo vivió y ella va a ser quien levante la bandera cuando yo no esté, ella, mi otra hija y mi hijo. De generación en generación no tenemos que olvidar porque ¿cuánto nos queda? van a tener que seguir luchando otros, siempre desde la paz”.
“Mi cabeza me giraba todos estos meses para cumplir la promesa y decía: ‘Si no lo hago, mi cabeza va a seguir girando y esto va a ser peor. Hoy estoy en paz, cumplí“, cerró.
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