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El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sostuvo que el próximo secretario general deberá ser “realista” frente a un escenario internacional atravesado por conflictos y rivalidades entre potencias. En una columna publicada este jueves, Rafael Grossi defendió un papel activo del multilateralismo, pero con una ONU más enfocada en la prevención y en sus tres pilares: paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo.

Rafael Grossi volvió a poner sobre la mesa su visión sobre el futuro de Naciones Unidas a horas de una nueva instancia en la carrera por la Secretaría General. En una columna de opinión publicada este jueves en The Economist, el diplomático argentino sostuvo que el próximo titular de la organización deberá asumir que la ONU no puede resolver por sí sola todos los conflictos del mundo y que necesita concentrar sus esfuerzos en aquellas áreas donde puede generar resultados concretos.

“La ONU debería dejar de intentar ser todo para todos”, planteó Grossi en el artículo, en el que resumió su propuesta con una idea central: “Eso significará hacer menos, pero mejor”.

El texto fue publicado un día antes del tercer straw poll del Consejo de Seguridad, previsto para este viernes 18 de septiembre, en el que los 15 miembros del organismo volverán a medir de manera informal el respaldo a los candidatos que buscan suceder a António Guterres.

Grossi llega a esta instancia después de haber obtenido siete votos a favor en las dos primeras consultas realizadas el 30 de julio y el 21 de agosto. En la segunda ronda quedó tercero, detrás de la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y la costarricense Rebeca Grynspan.

Grossi propone una ONU con menos funciones y más capacidad de prevención

En su columna, Grossi parte de una premisa que considera necesaria para afrontar el escenario internacional actual: reconocer los límites de Naciones Unidas sin abandonar el multilateralismo.

“Las Naciones Unidas no fueron creadas para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno”, escribió, al recuperar una frase atribuida a Dag Hammarskjöld, segundo secretario general de la organización. Para Grossi, esa definición conserva vigencia porque describe una institución que debe trabajar sobre los conflictos y riesgos concretos del mundo, sin asumir capacidades que no posee.

El argentino se definió como un “realista optimista” y vinculó esa mirada con sus cuatro décadas de experiencia diplomática y al frente de organismos internacionales.

“El próximo secretario general tendrá que lidiar con un mundo de poderes rivales y conflictos en el que la ONU, y a veces incluso el multilateralismo, han quedado relegados”, sostuvo.

Como ejemplo de ese deterioro de los acuerdos entre grandes potencias, mencionó la cuestión nuclear iraní. Según explicó, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad habían coincidido anteriormente en un enfoque común sobre las cuestiones pendientes vinculadas al programa nuclear de Irán, algo que, según su análisis, ya no ocurre.

Sin embargo, Grossi rechazó la idea de que las dificultades actuales vuelvan innecesaria a la organización. En su opinión, la existencia de intereses contrapuestos entre Estados no es una anomalía sino precisamente una de las razones por las que fue creada Naciones Unidas.

“Tras décadas de proliferación descontrolada de mandatos, con un impacto insuficiente para los recursos que requiere, la ONU necesita un cambio radical. En lugar de abarcar todos los ámbitos, debería centrarse en menos funciones”, escribió.

A continuación, planteó cuáles deberían ser las prioridades: “Debería establecer prioridades más claras, priorizando la prevención y la interconexión de sus tres pilares fundamentales: paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo”.

Grossi también planteó que Naciones Unidas debería continuar trabajando junto con organizaciones regionales y bancos de desarrollo, pero dejar en manos de esas instituciones aquellas tareas para las que tienen mayor especialización.

La propuesta se vincula directamente con la idea que el diplomático argentino viene planteando durante su campaña para suceder a Guterres: una organización capaz de recuperar eficacia sin abandonar su papel como espacio de diálogo entre Estados.

El modelo del OIEA y la experiencia en zonas de conflicto

Para explicar qué tipo de liderazgo propone, Grossi utilizó en The Economist su experiencia al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica.

El diplomático destacó el trabajo del OIEA en medicina nuclear, seguridad energética y supervisión de instalaciones nucleares, además de las negociaciones desarrolladas en escenarios de conflicto.

Grossi destacó que los países africanos están haciendo un uso intensivo de las iniciativas de IAEA para abordar desafíos como la brecha en el cuidado del cáncer y la inseguridad alimentaria, con 46 países africanos beneficiándose de Rays Of Hope.

Entre los ejemplos mencionó Ucrania. Según escribió, sus conversaciones con los presidentes Vladimir Putin y Volodymyr Zelensky permitieron establecer una presencia permanente del OIEA en la central nuclear de Zaporizhzhia y en las demás centrales nucleares ucranianas.

También hizo referencia a una reciente misión a Deir ez-Zor, en Siria, donde el organismo había considerado que existían indicios de un reactor nuclear secreto. Grossi señaló que el nuevo gobierno sirio permitió el ingreso de inspectores y que el organismo pudo resolver las cuestiones de salvaguardias vinculadas con actividades nucleares pasadas.

Irán ocupa otro lugar central en su análisis. El director del OIEA sostuvo que el organismo continúa trabajando con Teherán y otros países para alcanzar un acuerdo que garantice que no se desarrollen armas nucleares en territorio iraní.

Rafael Grossi recibió a Raja Ali Raza Anwar, presidente de la Comisión de Energía Atómica de Pakistán (PAEC).

“La diplomacia es una práctica. Significa construir relaciones, reaccionar ante situaciones sin precedentes y estar presente en las comunidades necesitadas y en los campos de batalla bajo fuego”, escribió.

Esa concepción también aparece en su definición del papel que debería asumir el próximo secretario general. Para Grossi, el titular de la ONU tendrá que actuar como mediador, mantener abiertos los canales de diálogo, reducir el riesgo de errores de cálculo y generar espacios que permitan a las partes abandonar los conflictos. “El secretario general debe generar credibilidad y fortalecer las relaciones necesarias para que los líderes regresen a la ONU y la ONU vuelva a ocupar un lugar destacado en el ámbito internacional”, sostuvo.

El candidato argentino también reivindicó los resultados históricos de Naciones Unidas. Mencionó la descolonización de más de 80 países, la erradicación de la viruela, la protección de la capa de ozono y la asistencia alimentaria en situaciones de emergencia, además de las normas internacionales que regulan ámbitos como la aviación, el transporte marítimo, las comunicaciones y la seguridad alimentaria.

Para Grossi, esos antecedentes muestran que la organización conserva herramientas relevantes, pero necesita definir con mayor precisión dónde concentrarlas.

La candidatura de Grossi llega al tercer sondeo

La publicación de The Economist coincide con una fecha central para la candidatura argentina. Este viernes, el Consejo de Seguridad realizará su tercer straw poll para evaluar nuevamente las postulaciones a la Secretaría General.

En la segunda consulta, realizada en agosto, Carolyn Rodrigues-Birkett obtuvo ocho votos a favor, tres en contra y cuatro sin opinión. Rebeca Grynspan consiguió siete apoyos, cuatro rechazos y cuatro sin opinión, mientras que Grossi alcanzó siete votos favorables, seis negativos y dos sin opinión.

El argentino había conseguido también siete respaldos en la primera ronda, aunque entonces había recibido solo dos votos en contra y seis países no habían expresado opinión.

El resultado del tercer sondeo permitirá conocer si hubo movimientos en el respaldo a los principales candidatos, aunque los straw polls no constituyen una elección definitiva. El proceso requiere que una candidatura reúna al menos nueve votos favorables en el Consejo de Seguridad y que ninguno de los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— ejerza su poder de veto.

La Argentina respalda oficialmente la candidatura de Grossi, cuya propuesta para Naciones Unidas está sintetizada en la búsqueda de una organización más eficaz y con prioridades más delimitadas.

En su artículo, el diplomático cerró con una referencia a los fundadores de la ONU y al desafío que deberá asumir quien suceda a Guterres: “Ochenta años después, necesita un secretario general que pueda ponerlo en práctica”.

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