Hace un mes y 19 días a Luciana Lozano la operaron en Río Gallegos. Le hicieron una cirugía de un implante auditivo que será encendido este viernes en el Hospital Regional de aquella ciudad. Luego de eso, piensa volver a Caleta Olivia para empezar a rendir y seguir estudiando la carrera de Educación Inicial.
*Por Tamara Chaile – Redacción La Opinión Zona
Norte
El 6 de
mayo, a primera hora, a Luciana Lozano le realizaron la intervención que, en tres
días, le va a cambiar la vida. Se trata de una cirugía de implantes auditivos
que se llaman Sophono. Esa misma noche le dieron el alta y dos días después
estaba en Caleta Olivia, rodeada de la calidez de su familia.
El jueves
viaja a Río Gallegos en busca de su felicidad, ya que el próximo viernes es el
día de lo que ella, llena de entusiasmo, emoción y alivio, anuncia como “el
gran encendido de mi audífono”. El procedimiento se realizará a las 17 horas en
las instalaciones del Hospital Regional de la capital santacruceña.
Tal como
lo publicó La Opinión Zona Norte en
el mes de mayo, la joven tiene el síndrome de Treacher Collins, una enfermedad
genética que impide la correcta formación de los huesos del cráneo, los pómulos
y la mandíbula. A raíz de su condición, la consecuencia más grande es que padece
una hipoacusia severa, lo cual la obligó a dejar sus estudios en el Instituto
Profesional de Enseñanza Superior (IPES).
Dulce soñadora
Escribirle
a Luciana es emocionante. Sabes que al primer mensaje que le mandes, su
respuesta te va a hacer sentir lo mismo que te pasa en el cuerpo cuando te
abrazan en un momento que lo necesitas. Su fuerza, su entereza y su voluntad me
llenan de sorpresa, porque Luciana me demuestra que es una persona completa.
Que es un ejemplo y marca una diferencia.
Luciana
tiene 19 años, es oriunda de Caleta Olivia y el 9 de marzo de 2020 cumplirá 20,
“ya estoy vieja, voy a entrar a las dos décadas dice mi abuela”, me escribió Luciana,
en forma de broma. A lo cual le repliqué que tenga cuidado, porque yo cumplo 25
en diciembre, y mediante mensajes compartimos risas.
Si la ves
en fotos pensás que es una pequeña y tímida; en el momento que le escribís, te
responde llena de dulzura y cuando se mandan audios, Luciana te demuestra una
ternura que todos deberíamos tener.
Además, los
emojis de corazones rojos y rosas nunca faltan en nuestra conversación. Aun
así, después de ver que es una dulzura de persona, Luciana también es una mujer
entera, fuerte y llena de sueños que pronto comenzará a cumplir. Su primer paso
es el encendido del audífono que le permitirá escuchar bien y realizar sus
actividades de manera normal.
“Fue mi
alumna durante dos años, era la más aplicada del aula, tan linda, buena, inteligente
y hasta exigente”, me contó sobre Luciana el periodista Federico Roller, quien
es parte de la redacción de La Opinión
Zona Norte.
Y le
creo, porque sé que a Luciana le gusta estudiar, le gusta crecer y sé que está
llena de sueños. En el futuro se imagina trabajando como maestra jardinera. “Rodeada
de todos mis alumnos, para dar un poco de todo lo que me ha brindado mi familia.
Seguir progresando y formándome para ser mejor”.
Después
del encendido del audífono, va a volver al IPES para rendir 3 materias que le
quedaron del primer año de la carrera Educación Inicial. En el 2020 va a
empezar a cursar el segundo año. “Volver es el mejor regalo y recompensa que
tendría, poder hacer lo que tanto anhelo, las pasantías que me quedaron
pendientes en el jardín N° 18 y rodearme de los niños que tanta paz me traen”.
El encendido del audífono
Según me
contó, el encendido puede tardar una hora. Primero deben verle la cirugía.
“Tienen que preparar la computadora para poder equilibrar mi audífono y empezar
con el encendido, van a ponerme una plaqueta que va arriba de la cabeza donde
se encuentra la cicatriz de la cirugía, esta se pega con el imán que me
colocaron debajo del cráneo y arriba va el aparato”, explicó.
Por
suerte, tiene una excelente relación con el doctor que la atendió, Diego Marcomini.
Luciana dice que desde el primer día que lo vio sintió que lo conocía de toda
la vida. “Siempre supo entenderme y hasta derramó lágrimas de dolor y enojo
conmigo, cuando le conté que tuve que dejar el instituto porque la obra social
no quería pagar el audífono”.
Desde que
le realizaron la cirugía hasta ahora, Marcomini sigue en comunicación con
Luciana. Preocupándose, llamándola todos los días. “Una gran persona, lleno de
amor y con un gran corazón”, me dijo Luciana. Y a esto agregó que merece un
reconocimiento por ser el mejor profesional.
El libro que la inspira
Hace unos
días, hizo una publicación en su cuenta de Facebook, donde habla sobre la
reacción de las personas que se cruza día a día por la calle. Inspirada en un
libro sobre el síndrome Treacher Collins, con el cual se siente identificada,
Luciana habló de las miradas que sufre desde que es pequeña.
“No tiene
sentido. Siempre recuerdo una anécdota, con mi abuela estábamos caminando en el
centro y dos chicas se rieron de mi cara, atrás de ellas iban sus madres. Mi
abuela frenó a las chicas y frente a sus madres les dijo que no tenían porqué
reírse de mí y les pidió que las educaran bien”.
En ese
momento aprendió una lección. “Yo tenía que hacerme valer como persona y
demostrar que era una niña mejor que ellas. Supe que era mejor que la gente que
se burlaba de mí, que ni siquiera se imaginaba que me hacían daño”.
La vida
la hizo fuerte, con un carácter para enfrentar todo y un corazón sensible para
abrazar. Se puso como meta lograr todo lo que se proponga, sin darle
importancia a lo que digan los demás. “Nadie es perfecto, que hay que luchar
por lo que queremos y hacernos respetar. Si uno se ama, el resto no importa”.
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