Tiene el Síndrome de Treacher Collins y su historia causó aplausos entre los lectores de LOZN, ya que la consideran una “guerrera”. En esta oportunidad, este medio se comunicó con ella para hablar sobre su adaptación a los audífonos y la carrera que quiere estudiar. Además contó que la pasó mal por la pirotecnia del martes.

Luciana
del Valle Lozano tiene 19 años, vive en Caleta Olivia y es la única persona
allí que tiene el Síndrome de Treacher Collins, un trastorno genético que
generalmente afecta a los pómulos, la mandíbula, el mentón y las orejas. Es considerada
como un ejemplo de vida.

Por el síndrome que tiene, a partir de los 4 años empezó su vida médica,
con viajes a Buenos Aires para realizarse controles cada dos meses. Con
reconstrucciones faciales y de sus orejas, que ya cuenta con alrededor de 35 cirugías de reconstrucción
realizadas.

En
los meses de mayo y junio, La Opinión
Zona Norte
contó por primera vez la historia de Lozano. Fue en el momento
que viajó a Río Gallegos para que le colocaran un audífono. A partir de esto,
los medios de comunicación de Caleta Olivia y otras regiones se hicieron eco.
Ahora es una celebridad.

Del
mismo modo, vecinos y vecinas de la ciudad hicieron lo propio. Ahora, cada vez
que ven a la joven, se acercan a saludarla y felicitarla. Estas situaciones las
conocemos porque Luciana manda mensajes (calificados como dulces) para contar
sus encuentros afortunados.

El
mejor ejemplo es del día 25 de junio de 2019, cuando Luciana fue tapa del
diario. El mensaje que mandó decía lo siguiente: “Estaba en Carrefour y el
hombre de una tienda me reconoció, me abrazó y me dijo palabras alentadoras,
que estaba feliz de que existan personas que quieran salir adelante. Fue
emocionante. Le brillaban los ojos de emoción”.

Los audífonos “su recompensa”

Luciana contó que empezó
a dejar de
escuchar con el tiempo. “A partir de los 10 años dejé de usar una vincha que me
permitía oír un poco, porque ya me apretaba”. Así se fue acostumbrando a leer
los labios de las personas para comunicarse. Las etapas del Nivel Primario y Secundario
las pasó sin audífonos.

Cuando empezó el Nivel Terciario en el IPES, empezó a
usar la vincha porque no escuchaba
nada en las clases. “Me duró poco, viajé a Buenos Aires para controles y me
robaron la vincha, así que decidí hacer los trámites por los audífonos”, contó.

A principio del año empezó el trámite
para obtener los audífonos a través de la Caja de Servicios
Sociales. Según el relato de la joven, por un periodo tuvo que hacerse estudios
y controles auditivos en Buenos Aires.

“Entre tantas idas y vueltas, lamentablemente, mi obra social me dio
vuelta la cara durante nueve meses, sin darme respuestas, sin decirme nada y
sin informarme cuÁndo pagarían mis audífonos Sophono”, contó Luciana.

De este modo, junto a su familia iniciaron una medida judicial con una
abogada, “para que finalmente mi obra social pagara los audífonos y dejaran las
excusas, ya que según ellos lo mío
no era urgente y tenía que esperar”, añadió.

La solución llegó
y en mayo
le implantaron el primer audífono Sophono en el lado derecho. Mientras que el
20 de septiembre le implantaron el del lado izquierdo. “Los primeros días
escuchando fueron súper emocionantes, el primer sonido que escuché fue cómo
lloraba un perrito bebé, y las primeras semanas los usaba cada dos horas, pero
ahora los uso diariamente, estoy feliz adaptándome a un nuevo mundo”, concluyó
la joven.

Cambio de carrera

Hace
meses, Lozano quería continuar la carrera de maestra inicial en el IPES. Su
idea era volver, rendir las tres materias que le quedaban del primer año y el
próximo año cursar el segundo.

Sin
embargo, la visualización de su futuro cambió, pero no se aleja de la docencia.
“Voy a volver a estudiar, pero con otra carrera, quiero ser maestra especial en
orientación de discapacidad intelectual”.

La
carrera la va a cursar en el IPES. “Escogí seguir esto por muchas razones. Creo
que el cambio fue a partir de que empecé a escuchar, he vivido tantos casos en
donde se necesita de alguien para ayudar, acompañar, y creo en mí misma, que
puedo estar para ayudar”.

La pirotecnia también
afectó a Luciana

Las
personas con autismo, los perros y las aves no son los únicos que la pasan mal
por los ruidos en las fiestas de fin de año. Luciana contó que al principio no
le molestaba, pero en el momento en que los estruendos eran fuertes y
continuos, le empezaron a afectar.

“Tiraban
bombas muy fuertes para mí, hubo momentos que sentí que se me iban a explotar
los audífonos porque retumbaba”, dijo. A último momento se los sacó porque eran
ruidos muy fuertes.

En
este sentido, considerando que aún queda festejar año nuevo, Luciana dirigió
estas palabras a las personas que tiran pirotecnia y a quienes la
comercializan: “Espero que sea mejor y con cambios para el bien de todos, que
la gente tenga un poco de empatía y entienda que algunos sufrimos por los
ruidos de los fuegos artificiales”.

Y
continuó: “Anoche leía cada barbaridad de estados en Facebook, de gente molesta
porque se reguló la venta, pero de verdad que espero que el 2020 sea mejor, con
más acompañamiento y una sociedad inclusiva”.

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