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El hecho ocurrió el 13 de enero de este año en Esquel, durante una discusión en la vivienda que compartían. Según la acusación del Ministerio Público Fiscal, el hombre intentaba expulsar del domicilio a su pareja y a sus tres hijos cuando tomó a la perra, llamada “Puchi”, y la llevó al exterior.
De acuerdo con la investigación, el acusado ahorcó al animal con un alambre de púas en la puerta de entrada de la vivienda, mientras la mujer y los niños presenciaban la escena.
En ese momento, habría afirmado que “iba a enseñar quién mandaba”. Además, según la Fiscalía, obligó a su pareja a observar el ataque y la amenazó diciéndole que “iba a terminar como la perra”.
La acusación sostiene que, después de ahorcar al animal, el hombre lo habría mutilado cuando todavía se encontraba con vida. Posteriormente, trasladó el cuerpo hasta un pinar cercano, donde fue encontrado sin vida.
La mascota como instrumento de amenaza
Para el Ministerio Público Fiscal, el ataque tuvo como objetivo provocar un fuerte impacto psicológico en la mujer y sus hijos. En ese sentido, el caso fue encuadrado dentro de un contexto de violencia de género y como una modalidad de violencia vicaria.
Esta forma de violencia contempla la utilización de una persona, una mascota u otro elemento significativo para provocar sufrimiento y ejercer violencia sobre una mujer.
La situación habría continuado al día siguiente. Siempre según la acusación, el hombre cortó el suministro eléctrico de la vivienda para impedir que pudieran preparar el desayuno de los niños y posteriormente agredió físicamente a su pareja.
Las lesiones sufridas por la mujer fueron constatadas mediante informes médicos y demandaron entre 15 y 30 días de curación.
La prueba presentada por la Fiscalía
La fiscal María Bottini y la procuradora de Fiscalía Cecilia Bagnato sostuvieron la acusación durante una audiencia preliminar de control de acusación.
Entre los elementos incorporados como prueba se encuentran el relato de la víctima, informes médicos forenses, información extraída del teléfono celular del acusado y peritajes realizados por el Servicio de Asistencia a la Víctima (SAV).
Los informes determinaron un nivel de riesgo alto para la mujer y sus hijos.
La acusación contempla los delitos de crueldad animal en concurso real con amenazas simples y lesiones leves agravadas por el vínculo, todo ello en un contexto de violencia de género.
Desde la Fiscalía señalaron que, aunque el Código Penal no establece expresamente el daño contra animales como una agravante de la violencia de género, el uso de la mascota como instrumento de tortura psicológica debe ser considerado al evaluar la gravedad del hecho y una eventual pena.
La versión de la defensa
Durante la audiencia preliminar, la defensa oficial planteó una versión diferente de lo ocurrido.
Sostuvo que la muerte de la perra habría sido accidental y que el animal se habría ahorcado con los alambres luego de una pelea con otros perros de la zona.
También afirmó que el acusado trasladó posteriormente el cuerpo hasta un pinar para evitar que los niños vieran al animal muerto.
La defensa negó además que el hombre hubiera agredido físicamente a su pareja y cuestionó la intensidad del vínculo afectivo existente entre la mujer y la mascota.
La causa llegará a juicio oral
Luego de analizar los planteos de las partes, la jueza resolvió que el acusado deberá afrontar un juicio oral y público ante un tribunal unipersonal.
La magistrada rechazó los pedidos de nulidad formulados por la defensa y admitió la mayor parte de la prueba ofrecida por la Fiscalía.
Por otra parte, resolvió sobreseer al imputado por un hecho relacionado con la delgadez de otra perra galga, debido a que no se reunieron elementos suficientes para atribuirle responsabilidad.
También excluyó un informe elaborado por una médica veterinaria, aunque admitió a la profesional como testigo respecto de su intervención luego del hallazgo de “Puchi” en un pinar.
Con el resto de la prueba admitida, la Oficina Judicial deberá sortear al juez que estará a cargo del debate y fijar la fecha del juicio oral.
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