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A 44 años de la Guerra de Malvinas, Gerardo Báez mantiene intactos los recuerdos de aquellos días que marcaron su vida para siempre. Malvinas, para él, es pasado, presente y futuro. Y la Virgen malvinera se transformó en un símbolo de fe que aún hoy lo acompaña.

Desde el sábado 28 de marzo, cuando fue trasladada desde Buenos Aires a Trelew, la Virgen y éste héroe de guerra volvieron a encontrarse “bajo un manto celeste y blanco que jamás hemos de olvidar”. Despiertan emoción y memoria en cada homenaje.

Los fieles veneran a la Virgen en su recorrido por Chubut. La fe de los argentinos.

Los recorridos por distintas localidades de Chubut incluyen misas, caravanas y encuentros con veteranos. Para Báez, cada acto representa mantener viva la historia.

Hoy tiene 62 años. Es divorciado, el mayor de seis hermanos (Julio, Daniel, Nilda, Alicia y Mirta), padre de dos hijas —Romina (36) y Claudia (35)— y abuelo de cuatro nietas: Anush, Alin, Nova y Nua.

La llegada desde Sarmiento a Malvinas

“Del Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento a Comodoro fuimos en colectivo. Estaban las empresas Chubut y Don Otto. Nos llevaron al Regimiento 8, engañados, porque nos dijeron que íbamos a Río Turbio. Nos tuvieron hasta la una o dos de la mañana. Luego, al aeropuerto. En un C-130, un Hércules (‘La chancha’), partimos. Todos parados, amontonados, como perejil en maceta. En el vuelo nos dicen: “Soldados, se tienen que sentir orgullosos. Vamos con rumbo a Malvinas, vamos a recuperar las islas, y pónganse contentos que vamos a hacer historia en esta toma”, le dijo a La Opinión Austral. Durante los primeros días cavaron pozos y armaron posiciones. Luego fueron trasladados a la zona del aeropuerto, donde permanecieron hasta el final.

Los soldados Palacio y Ortiz encabezaron la procesión. El cura dedicó la foto. En la procesión en Malvinas, los acompañó Seineldín.

Desembarco, la muerte de Giachino y la bandera inglesa

El 2 de abril fue el desembarco. Hubo enfrentamientos y desplazamientos. En medio del avance vio a un oficial caído. Después supo que era el capitán Pedro Giachino, el primer muerto argentino. Más tarde, cerca del mástil de la Casa de Gobierno, la bandera británica ya había sido arriada. Allí, el coronel Mohamed Alí Seineldín se las entregó y posaron para una fotografía antes de colocar las banderas argentinas.

Gerardo Báez y su papá Juan, después de la guerra, con el uniforme de soldado.

 Bombardeos y miedo

El 1 de mayo comenzaron los bombardeos. “Nunca voy a olvidar ese día. Sentí mucho miedo. Parecía que me iba a morir del miedo”. El impacto de una explosión lo sacó del pozo de zorro. “Me temblaba la boca como máquina de escribir. Después hice un clic: si me van a matar igual, tenga miedo o no”. Designado jefe de grupo, permaneció con cinco soldados hasta el final del conflicto. “Recibimos más de 200 toneladas de bombas”.

Gerardo Báez con su familia. Su regreso y reencuentro.

 “Sepultados” de gloria y honor

Durante un ataque, una bomba cayó cerca de Báez y de los soldados Jorge Palacios y Raúl Ortiz. Los tres quedaron sepultados bajo tierra y piedras. Una manta en el pozo de zorro les salvó la vida. La Virgen estaba cerca. “La Virgen malvinera siempre fue nuestra protección”. Hubo una procesión y los soldados Palacio y Ortiz la encabezaron.

Los integrantes del Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento en Malvinas. Gerardo Báez muestra orgulloso la foto.

La misa

El padre Vicente Terrón celebraba misa cuando sonó la alarma aérea.

-La misa continúa. Dios nos va a proteger.

Los aviones pasaron y las bombas cayeron cerca. “Nos preguntó si había heridos. No había ninguno. La misa continuó”.

2 de abril. Después del desembarco, los soldados argentinos con la bandera inglesa.  Fue la mañana más feliz del pueblo argentino.

El hambre

“A veces estábamos cuatro o cinco días sin comer. Tomábamos agua de charco. Comíamos carne gusanada, cáscaras de naranja, cáscaras de papa. Hasta vaciamos la pasta dentífrica y también la comíamos”.

 Reclamos y pensiones

Báez cobra pensión provincial y nacional, pero reclama el pago del denominado “Anexo 40”. También denunció descuentos duplicados en la obra social Seros.

 El doloroso 14 de junio

“Me costó más de 30 años hablar de esto”, le confesó a La Opinión Austral. Ese día fueron enviados a Dos Hermanas. Hubo bombardeos y combate. A las 13 horas se replegaron. “Los ingleses nos rodearon. Nos desarmaron y nos sacaron los cordones”.

-¿Qué sentiste?

-Angustia. Estuve 81 días con la bandera argentina. Ver la inglesa me produjo impotencia.

El otro abrazo del alma

Con el soldado Osvaldo Aguilar de Comodoro se reencontró después de 36 años. “Nos dimos un abrazo, lloramos. Y el año pasado recién lo pude llevar al Regimiento 25 porque no quería saber nada. Él no estaba muy bien. Cuando volvíamos, me dijo: “¿Sabés que estos años he pensado mucho y no tengo palabras de agradecimiento hacia vos? ¿Por qué? Porque vos te quedaste conmigo y no te importó nada. Todos se fueron y nosotros nos quedamos ahí. Valoro mucho lo que hiciste: no te importó nada, si te mataban o no.  Me acompañaste.”

El robo de las cartas

“Las cartas que yo le había escrito a mi papá y a mi mamá me las robaron hace 20 años. Se llevaron la caja donde mi papá tenía las cartas,  mi diario íntimo de varios días, de todo el movimiento que yo hacía en la isla, cada paso que hacía lo iba escribiendo.  Ese fue un dolor tremendo porque era un documento… “

El abrazo con papá Juan y mamá Javiera

El 21 de junio regresó a Puerto Madryn. Su padre Juan lo encontró después de buscarlos por todos lados. Hubo un abrazo: “Gracias que te tengo en vida”, le dijo. Luego viajó a Trelew para ver a su madre. Toda una odisea ese recorrido: nieve hasta las rodillas, hizo dedo hasta que un auto lo llevó. Y apareció de sorpresa. Mamá Javiera jamás perdió la esperanza.  “Me abrazó y gritaba: ‘¡Dios mío, Dios mío, te tengo, hijo!’”. Papá Juan “preparó una picadita”, vermouth y los vecinos que se acercaron a saludar. Esa noche durmió en la casa de sus padres, dónde él también vivía con sus otros cinco hermanos. Fue el calor de un nido y estaba con mamá y papá.”

Báez también fue futbolista. Jugaba de número 4 en Racing de Trelew.

No olvida a los héroes

“Tuvimos grandes jefes en el Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento, como el teniente Roberto Estévez. Todos fuimos héroes”.

El anhelo pendiente

“No volví a las islas. Me gustaría viajar a Malvinas. Es el último milagro que le pido a la Virgen”.

Solidaridad y Patria

Tras la guerra ingresó a la Policía y trabajó 30 años. Le costó conseguir trabajo. Hoy, jubilado, continúa realizando tareas solidarias con otros veteranos. En la Jefatura de policía de Trelew hay un espacio para los veteranos. “Después de la guerra sigo haciendo Patria”.

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