El santacruceño Juan Gauto volvió al fútbol argentino, pero su regreso excede largamente lo deportivo. El delantero nacido en Corrientes pero criado y nacido futbolísticamente en Perito Moreno, provincia de Santa Cruz, arribó a Platense para reforzar a un equipo que este año afrontará el desafío más importante de su historia reciente: la Copa Libertadores.
El joven extremo de 21 años, con paso por la Selección Sub-20, llega a préstamo por un año, sin cargo y con opción de compra, procedente del FC Basel de Suiza, y firmó contrato hasta el 31 de diciembre de 2026. Sin embargo, detrás de esa operación que entusiasma al mundo calamar, hay una historia de vida que conmueve y obliga a frenar la pelota.
En una entrevista con ESPN, Gauto abrió su corazón y puso en palabras un pasado marcado por el sacrificio, la carencia y una madre que fue sostén absoluto. “La gente que me conoce bien sabe todo lo mal que lo pasé de chiquito. Lo mal que lo pasó mi mamá y lo fuerte que fue. Hoy en día gracias a Dios pude devolverle lo que hizo. No alcanza igual lo que le di. Mi mamá para mi es todo”, expresó, con una honestidad que desarma. Es que “Juancito” verdaderamente padeció la pobreza.
El extremo, que supo abrirse camino en Europa a fuerza de talento y carácter, no esquivó el recuerdo de aquellos años donde el sueño del fútbol parecía una utopía. “Me veo de chiquito y no lo puedo creer… Esto era lo que soñé. A veces uno lo ve lejos y difícil, pero gracias a Dios, con mucho esfuerzo y muchas lloradas todas las noches…”, dijo y enseguida recordó: “Pasaron muchas cosas… pasar hambre y frío. También estuvo eso, comíamos en cajas de manzana, dormíamos en el piso…. Mi mamá se iba a dormir llorando porque no teníamos para comer y eso yo lo veía”, relató.
El testimonio de Gauto no sólo describe una infancia dura; interpela. En tiempos donde el éxito suele medirse en cifras y contratos, su historia recuerda que detrás de cada futbolista hay un recorrido humano, muchas veces invisible. Y en su caso, el primer gran objetivo no fue un auto de lujo ni una vida ostentosa, sino saldar una deuda emocional. “Con mi primer sueldo le pude comprar la casa a mi mamá, obviamente no me alcanzó con el primero, pero lo empezamos por ahí. De esto estoy muy orgulloso”, contó.
Ese logro no fue casual ni impulsivo. “Mucha gente que estuvo a mi alrededor me ayudó en ese sentido para ahorrar y comprar la casa para mi mamá. Uno es chico y por ahí piensa en otras cosas, pero lo primero y principal fue pensar en mi vieja y mi familia y en todo lo que pasamos”, explicó, dejando en claro que el entorno también fue clave en su crecimiento personal.
Hoy, con experiencia internacional y un presente que lo devuelve al país para jugar una competencia continental, Gauto no se despega de sus valores. “Estoy orgulloso de mí y de todo lo que logré. Soy una persona que valora mucho las cosas y el esfuerzo. Uno piensa: está en Europa, gana plata y es feliz, pero no es así”, reflexionó.
De esta manera el santacruceño que supo brillar en Huracán, volvió este 2026 al fútbol argentino e ilusiona al “Calamar” en el desafío máximo de su historia: la Copa Libertadores.
La historia de Juan Gauto
Juan Gauto nació en la provincia de Corrientes en 2004. Su madre, Norma, decidió emprender viaje a Perito Moreno para conseguir trabajo, ya que en la provincia del norte del país no tenía oportunidades.
Así, consiguió empleo. Juan se había quedado al cuidado de su abuela en Corrientes y ella falleció, por lo que Norma decidió ir a buscar a su hijo menor y llevarlo a la ciudad santacruceña.
En su infancia fue feliz, siempre con una pelota bajo el brazo o con alguna gomera, uno de sus juguetes preferidos dentro de los pocos que tenía en su humilde vivienda, donde vivía junto a sus hermanos y su madre Norma.
Fue en 2008 cuando empezó a jugar en la Escuela Municipal de Fútbol “Taquito y Rabona”. Se anotó a los 6 años en el club San Lorenzo de Perito Moreno y desde allí todo empezó a florecer.
2011: el año del cambio rotundo en su vida. En ese año se dio su prueba en Huracán, Vélez y San Lorenzo, acompañado por Pablo Carrasco, presidente del club peritense San Lorenzo.
Su primera prueba en Huracán no fue positiva. Ante la falta de oportunidades, Carrasco iba en un taxi camino a Aeroparque para sacar un pasaje de vuelta. Sin embargo, Gauto lo llamó y le dijo que quería intentar por última vez. “Corrimos una hora –dijo en 2020– para llegar a La Quemita. Entré quince minutos contra Yupanqui, me fue muy bien y el coordinador me dijo que había quedado. Empecé a vivir en la pensión de Huracán”. Comenzó como suplente en el equipo de liga, pero rápidamente se sumó al plantel de AFA y se afianzó.
Después de transitar por las divisiones inferiores de Huracán, que lo llevaron a jugar en las Sub 15 y Sub 17 de Argentina, el correntino en 2020 -verano antes de la pandemia de COVID–19– comenzó a entrenar con la Primera División.
En mayo de 2020, el peritense firmó su contrato profesional con Huracán y automáticamente le entregó el dinero a su madre para que iniciara la construcción de su hogar. Algo que anhelaba y que intentó desde que llegó a Buenos Aires: que su familia tuviera una vivienda cómoda y grande, como él no pudo tener desde niño donde dormían. “No teníamos nada, era una casita de ladrillo que en cualquier momento se caía, teníamos un baño afuera donde a la noche hacía frío”, relataba Juan en 2020 a La Opinión Austral.
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