Luego de tres años y cinco meses, los cuatro imputados por el crimen de Vicente Maillo comenzaron a ser juzgados en las instalaciones de la Escuela de Formación Policial.
“YO MATÉ A VICENTE”
Fue cerca de las nueve de la soleada mañana del lunes cuando comenzó el debate en el salón de usos múltiples del edificio ubicado en la periferia de Río Gallegos, donde se dio el puntapié inicial del juicio de valoración de pruebas de uno de los casos más resonantes del último tiempo.
Tal como lo adelantó La Opinión Austral, el edificio fue elegido gracias a las dimensiones y por la cantidad de personas involucras en el debate que, se presume, se extenderá hasta el próximo miércoles con los alegatos.
El tribunal de la Cámara Oral estuvo presidido por Joaquín Cabral, a su izquierda estuvo Jorge Yance y a la derecha, Enrique Arenillas. Por el lado de la Fiscalía estuvo Iván Saldivia. A su lado, como querellante adherente, Natacha Schupbach.
Cerca de la hora antes señalada, aparecieron en el recinto los cuatro imputados por el crimen: Susana Reina, sus hijos José Maximiliano y “Luigi”, y el hombre acusado de ser el autor material del homicidio: Christian Etchebarne.
Susana -que se encuentra alojada en el Anexo 3 de la Alcaidía- apareció completamente diferente a como se mostraba en tiempos otrora más felices. Dejó de lado los rulos cortos rubios por un castaño oscuro y lacio. Además dejó de lado los lentes.
Lo que llamó más la atención es que ella, al igual que el presunto sicario, llegaron al debate con el Equipo de Protección Personal (EPP), por las condiciones sanitarias en el marco de la pandemia.
Por otro lado, tanto “Luigi” como José Maximiliano llegaron vestidos de manera informal y rapados, tal como estaban en la foto que se filtró en febrero de 2018, cuando estaban alojados en el Anexo 5 de la Alcaidía.
A diferencia de lo que ocurre en el edificio de la Cámara Oral de la calle Malaspina, esta vez los imputados fueron sentados junto a sus abogados (Carlos Telleldín por la familia detenida y Javier Robles por el lado del presunto sicario) del lado izquierdo al tribunal. Detrás de ellos, una quincena de efectivos del Servicio Penitenciario Provincial se encontraba vigilándolos.
A los detenidos se los acusa de ser “co-autores de homicidio agravado por el vínculo, por el pago de precio o promesa remuneratoria, por alevosía, por codicia y por el concurso premeditado de dos o más personas”. En la mañana de ayer se realizó la lectura de la acusación realizada es su momento por el fiscal José Antonio Chan.
Luego llegaría el momento tan esperado, tanto por la Justicia como por gran parte de Río Gallegos. La primera en hablar fue Susana Reina. En silencio, ella fue sentada en el banquillo frente al tribunal encabezado por Cabral.
En este punto, cabe remarcar dos puntos: ninguna de las partes involucradas pudo hacer preguntas y los imputados tienen la libertad de cambiar su versión de los hechos realizada en su momento en sede policial, ya que en esa oportunidad habían sido llamados como testigos, antes de ser detenidos.
La “confesión”
Reina fue sentada en el banquillo de los acusados. Detrás de ella estaba una policía custodiándola y de frente, Cabral, Yance y Arenillas. Tras tomar un poco de agua, comenzó su relato sobre lo sucedido la madrugada del 16 de noviembre de 2017.
Susana explicó que “Christian (nunca dijo el apellido en su declaración) había entrado a la casa, pero sólo se quedó en la planta baja”. La razón por la que el presunto sicario había llegado era por el pago de 11 mil dólares que “Luigi” le debía.
Susana aseguró que ella le dio el dinero, lo contaron ambos para que quedara claro que no faltaba ningún billete y, luego de terminar, él se retiró del lugar.
Después llegaría el momento en que -según Reina- se desató el horror en el interior de la vivienda. En la casa ya sólo se encontraban Vicente y la mujer, que se haría cargo del homicidio.
“¿Quién andaba abajo?, ¿quién andaba abajo”, le preguntó Vicente a Susana, siempre según la exposición de ella.
En un momento determinado, comenzaron a discutir y ella tomó un cuchillo y lo apuñaló en reiteradas oportunidades. El comerciante se encontraba sentado al borde de una cama y, luego de dos puntazos, ella lo remató en el suelo, aseguró Reina frente al tribunal.
Reina, visiblemente emocionada, hizo una pausa y aseguró: “Yo lo maté y escondí el cuchillo detrás de la heladera”, luego se volvió a sentar con sus hijos.
Durante las primeras inspecciones realizadas en noviembre de 2017, la Justicia secuestró un cuchillo que luego se determinó que no era el arma homicida. Se espera que en esta oportunidad se halle el verdadero. De esa manera la versión de los hechos de Reina tendría sustentabilidad.
En su declaración, la acusada indicó que Maillo se encontraba sentado al borde de la cama. Según la autopsia ordenada en su momento por la Justicia, se estableció que el comerciante se encontraba acostado al momento del ataque. Eso será uno de los temas a debatir en los próximos días del debate, cuando sean llamados a declarar los profesionales del Cuerpo Médico Forense.
Los hijos
Luego de un cuarto intermedio fue el momento de que contaran su versión de los hechos los hijastros de Vicente: Luis y José Maximiliano, quienes, desde agosto de 2020, se encuentran alojados en la Alcaidía Nº 1, tras ser “echados” por los presos del Anexo Nº 5 por ser “insoportables”.
El primero de los acusados en ser sentado frente al tribunal fue “Luigi”, el menor de los hijos de Susana. El joven contó su versión de los hechos y dijo que en la noche previa al homicidio había ido a un conocido local bailable del centro de la ciudad y recién llegó a su casa cerca de las seis de la mañana. De esta manera, buscó despegarse del delito por el que se encuentra siendo investigado.
Luego llegó el momento de José Maximiliano, el mayor. Este aseguró que no sabía nada. Indicó que desde un tiempo antes se encontraba alejado de la familia. Similar a su hermano, dijo desconocer lo que pudo haber pasado en el primer piso, sobre el local “Doña Ana”, en la madrugada fatídica.
Por su lado, el presunto sicario -hasta el momento- no usó su derecho a declarar. Durante el debate de ayer, por recomendación de Víctor Robles, Etchebarne mantuvo el silencio.
La primera jornada del debate finalizó cerca del mediodía. El juicio se retomaría para las tres y media de la tarde, pero hubo un contratiempo: no se encontraba la llave de la morada de la calle Zapiola para poder realizar la logística y lo inherente a la inspección ocular y búsqueda de la presunta arma homicida detrás de la heladera.
Por ello, cuando la hora antes señalada se acercaba, el tribunal decidió hacer un cuarto intermedio hasta hoy. Para las diez de la mañana se espera que todas las partes involucradas lleguen al lugar, para continuar con la valoración de pruebas.
En la jornada del lunes, el abogado Telleldín adelantó al tribunal que su clienta iba a indicar la ubicación del cuchillo. Además, solicitó que se realizara la reconstrucción de los hechos (según la versión de Reina y la acusación fiscal) y la participación de los imputados en el interior de la morada.
En la misma línea, el letrado conocido como el “rey de los sacapresos” dialogó con La Opinión Austral y aseveró que pidió al tribunal un fajo de billetes para recrear el tiempo en el que Reina le daba el dinero al presunto sicario. De esta manera, él podría demostrar que su clienta estuvo sólo quince minutos con el acusado de ser el autor material antes de discutir con Maillo.
Se espera que la inspección y la eventual recreación de los hechos dure toda la jornada del martes y recién el miércoles los protagonistas de esta historia retornen a la Escuela de Formación Policial, para continuar siendo juzgados.
Para el debate, todavía falta que presten su declaración las autoridades a cargo de la investigación en su momento y los profesionales del Cuerpo Médico Forense, entre otros.
En caso que el cuchillo aparezca, el mismo será sometido a los peritajes correspondientes para determinar si fue usado para matar a Vicente.
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