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Una historia inédita y desgarradora de tortura infantil

Tres hermanitos vivieron un calvario con su madrastra y el padre. Eran torturados al punto de recibir mordeduras y golpes con un caño de metal.

Por Juan Manuel Reyna


“Ahora nos mata, ¡vámonos de acá!”. Así, con esta frase y con una valentía inconmensurable, un adolescente salvó a sus dos hermanitos -y se salvó él- de continuar viviendo un calvario en su propio hogar.

La historia de maltrato infantil sufrida por estos tres pequeños, de 14, 13 y 10 años, no tiene precedentes en Santa Cruz. Indigna, conmueve y atropella.

Todo se remonta a cuando eran niños. Vivían con su madre y desde entonces ya sufrían violencia, pero por parte de la pareja, el padrastro.

De común acuerdo con el padre biológico, los tres -el mayor y el menor, niños y la del medio, niña- fueron a vivir con él. Ahí comenzó lo peor.

Desde golpes a torturas y de hostigamiento físico y psicológico hasta crueles amenazas. Lo que debieron atravesar en sus cortas vidas conmocionó e hizo llorar a todo el cuerpo de expertos del Poder Judicial que intervino en el caso.

La responsable y apuntada por la Justicia: la madrastra, Roxana Vega (33), quien con la complicidad del padre biológico, David Edgard Fernández (33), los sometió con un grado de maldad pocas veces visto.

La Opinión Austral conoció de manera exclusiva los detalles de la causa que instruye la Dra. Marcela Quintana, a cargo del Juzgado de Instrucción N° 1.

El martes, luego de recibir informes de la Cámara Gesell y del cuerpo médico forense, ordenó la detención de ambos y hoy están presos.

Todo salió a luz cuando los dos hermanitos rompieron -sin querer- la tablet de su “mamá”. Ahí el mayor pensó que iba a llegar un castigo mayor. ¿Y qué es peor que un sometimiento símil a la tortura? Tuvo un temor como nunca había sentido.

Rápidamente, como la frase que da inicio a esta nota indica, huyó con su hermano menor por la ventana de la casa. Su hermanita tuvo pánico de escapar. Fueron directo a la comisaría, una noche de mediados de noviembre.

En ese momento llegó la intervención de las autoridades. De inmediato el Dr. Jorge Godoy, a cargo de la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes, en conjunto con la Secretaría de Niñez del Municipio, tomó cartas en el asunto y no se permitió que regresaran a su hogar. A esa casa del terror.

Lo que sucedía en esas cuatro paredes estremece y sin dudas pasará a la historia como el hecho de maltrato y tortura infantil más grave y perturbador de la historia en la provincia.

La madrastra no sólo los golpeaba por todo el cuerpo con las manos, un cinto y a veces un caño de metal, sino que los torturaba.

“Los mordía en la cabeza, boca y orejas”, afirma una de las fuentes de este diario. Al niño de 10 le deformó una de sus orejas y también le torció su mano izquierda, dejándosela con limitaciones, quizás de por vida.

La niña llegó a tener que ser atendida de urgencia en el Hospital Regional. La mujer le apretaba los ojos con sus dedos y sufrió un desgarro. También se los ingresaba en la boca y llegó a dañarle la mucosa interna.

También los asfixiaba, al punto que el más pequeño una vez se desmayó y casi no despierta.

 Marcela Quintana, Jueza.
Marcela Quintana, Jueza.

Como si fuera poco, los mantenía encerrados en una pequeña habitación, en donde sólo les dejaba ver un canal de televisión, y no tolerara que gritaran ni hicieran ruidos. Y además los tenía como sus “sirvientes”, haciendo que limpiaran, le cocinaran y le sirvieran la comida en la cama.

Todo con la amenaza de no sólo golpearlos, sino de atentar contra su integridad sexual con un palo.

“El más pequeño por el terror se hace caca encima”, comentó una alta fuente consultada por este diario, quien aún no sale del asombro.

En una oportunidad le hizo ingerir su propia materia fecal. Y a su pequeña hermana, quien en una ocasión vomitó mientras cenaba por tener náuseas, la obligó a comerse la comida con todo el vómito.

Sí, faltan adjetivos para calificar la monstruosa actitud ante tres niños. A días nada más de la violenta muerte de Lucio Dupuy en La Pampa, otro lamentable caso llega para conmocionar a todos.

El Estado no había intervenido antes. Si esa tablet no se rompía, el padecimiento hubiera seguido. Es que la mujer maquillaba a sus tres hijos y nadie lograba percatarse de los hematomas y lesiones que les provocaba mientras el padre trabajaba. Ella escondía eso, aunque él también los golpeaba.

Él -desempleado y viviendo de “changas”- fue detenido por la División de Investigaciones de la Policía. A ella la demoraron en la represa Néstor Kirchner, donde trabaja.

Están imputados por lesiones graves y amenazas agravadas por el vínculo.

Los hermanitos están al cuidado de una tía materna que, con mucho coraje, se hizo cargo.

Sólo se espera justicia

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