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La línea fue instalada y recorrida por un equipo integrado por los alemanes Lukas Irmler y Antonia Rüede-Passul, junto al argentino Leonardo Ferrari. También formaron parte del equipo los deportistas Miquel Ángel Sixto y Mariona Amengual, quienes participaron del armado y logística del proyecto.
La Aguja de la S es una imponente torre de granito ubicada en el grupo Fitz Roy, en la Patagonia argentina, que alcanza 2.335 metros sobre el nivel del mar. Se trata de una montaña conocida entre escaladores técnicos por rutas clásicas como “Austrian” o “Josh Aike”.
Qué es el highline
Los deportistas que practican esta modalidad se denominan highliners y suelen utilizar arnés y sistema de seguridad, ya que el equilibrio se realiza a cientos de metros del suelo.
En escenarios de montaña como la Patagonia, la dificultad aumenta por factores como el viento, el frío y la exposición, lo que convierte cada cruce en un desafío técnico y mental.
Lukas Irmler, uno de los mejores slackliners del mundo
“¡El PRIMER Highline en el Fitz! Qué suerte tuvimos con el clima. Con un gran equipo logramos en un solo día un highline en la Aguja de la S con la vista más increíble del Cerro Torre. Gracias montañas, gracias equipo, gracias El Chaltén”, escribió el alemán Lukas Irmler al compartir el video de la experiencia en sus redes sociales.
Irmler es considerado uno de los slackliners profesionales más destacados del mundo. Desde que decidió convertir su pasión en una profesión a tiempo completo, acumuló ocho récords mundiales Guinness y numerosos proyectos extremos en distintos continentes.
Entre sus logros más importantes se destacan:
- La highline más larga de Alemania: 500 metros (2020).
- Récord Guinness de la highline más larga: 2.000 metros (2019).
- Récord Guinness del recorrido más largo en highline con los ojos vendados: 1.000 metros (2019).
- La highline más alta del mundo: a 5.721 metros sobre el volcán Misti, en Perú (2017).
En febrero de 2026, el atleta volvió a protagonizar una hazaña internacional al recorrer una cuerda floja a 1.008 metros de altura sobre el Salto Ángel, la cascada más alta del mundo, en Venezuela. Ese desafío también fue completado el mismo día por la highliner Antonia Rüede-Passul, integrante del equipo que realizó la línea en el macizo del Fitz Roy.
Antonia Rüede-Passul, récord femenino en altura
Su primer contacto con el highline fue tras conocer a Lukas Irmler. Poco después, probó su primera línea en el río Isar, en Múnich, una experiencia que marcó el inicio de su carrera en el deporte.
El 13 de diciembre de 2025 logró un récord femenino de highline de altitud al completar una línea a 5.860 metros sobre el nivel del mar en el Nevado Ojos del Salado (Región de Atacama) en una linea de 25 metros de largo y 8 metros de altura.
A esa altitud extrema, la baja concentración de oxígeno vuelve mucho más difícil cada movimiento, desde el transporte del equipo hasta el equilibrio final sobre la cinta.
Inicialmente el objetivo del equipo era igualar el récord masculino establecido por Matías Grez Berguecio, pero tras enfrentar viento y frío severos, adaptaron el plan y terminaron superando el récord femenino previo de 5.250 metros, establecido en 2021 por Miriam Campoleoni.
Leonardo Ferrari, referente del highline argentino
“Abriendo el portal de los sueños en el monte más bello que conozco. Tres años soñando este proyecto… hacerlo realidad al lado de otros mutantes del equilibrio y el monte. El Highline de la S… primera línea en estas montañas, primera de muchas”, expresó el argentino Leonardo Ferrari tras concretar la histórica travesía en el macizo del Fitz Roy.
Ferrari tiene 34 años, es oriundo de Córdoba y se convirtió en uno de los principales referentes del highline en Argentina. Su vínculo con el slackline comenzó en la infancia, cuando probó por primera vez el deporte de equilibrio sobre cintas de una o dos pulgadas.
Aunque siempre estuvo ligado a la escalada, en 2012 retomó el slackline con mayor intensidad junto a un grupo de amigos en un parque. Desde entonces decidió dedicar gran parte de su vida a desarrollar la disciplina.
Tras graduarse de kinesiología, realizó un viaje por Sudamérica y al regresar se propuso impulsar la práctica del slackline en el país. Con el crecimiento de la comunidad apareció un problema: la dificultad para conseguir equipamiento, ya que la mayoría del material es importado y costoso.
Esa necesidad lo llevó a desarrollar cintas de fabricación nacional, un emprendimiento que terminó convirtiéndose en su principal sustento y que permitió que cada vez más deportistas pudieran iniciarse en el highline.
Hoy Ferrari forma parte de proyectos de alto nivel en montaña y continúa promoviendo el deporte en Argentina, buscando que nuevas generaciones se animen a “dibujar líneas” en los paisajes más imponentes de la Patagonia.
La hazaña no solo marca un hito para el highline en la Patagonia, sino que también abre la puerta a futuros proyectos de equilibrio extremo en uno de los escenarios naturales más imponentes del mundo.
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