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Una investigación de la cadena CNN reveló la existencia de una red internacional que operaba como una verdadera “academia de violación” en internet, donde miles de hombres compartían instrucciones para drogar, abusar y grabar a mujeres sin su consentimiento. El informe, titulado “Exposing a global ‘rape academy’”, expone un fenómeno alarmante que combina violencia sexual, anonimato digital y comunidades organizadas que promueven el delito.
El trabajo periodístico, desarrollado durante meses, identificó grupos activos en plataformas como Telegram y sitios web pornográficos donde los usuarios no solo consumían contenido, sino que también aprendían técnicas específicas para cometer abusos y evitar ser detectados. En palabras de la diputada francesa Sandrine Josso, estos espacios funcionan como “una academia de violación en línea, donde se enseñan todas las ‘disciplinas’ necesarias para convertirse en un depredador sexual”.
Del caso Pelicot a una red global invisibilizada
El punto de inflexión que permitió visibilizar este fenómeno fue el juicio contra Dominique Pelicot en 2024. Durante años, Pelicot drogó a su esposa Gisèle para que decenas de hombres la violaran mientras permanecía inconsciente, coordinando los encuentros a través del sitio Coco. La investigación policial permitió identificar a 72 agresores y recuperar más de 20 mil archivos audiovisuales.
Aunque la plataforma fue clausurada, el problema no desapareció. “El caso Pelicot puso brevemente de relieve este oscuro rincón de internet, pero este comportamiento no desapareció”, advierte el informe. Por el contrario, migró hacia otros espacios digitales, donde encontró nuevas formas de expandirse.
La investigación de CNN demuestra que estos entornos funcionan bajo una lógica de comunidad. Los agresores no actúan de forma aislada, sino que se retroalimentan, comparten experiencias y refuerzan sus conductas. La psicóloga Annabelle Montagne explicó que en estos grupos existe una “noción de hermandad” donde los participantes crean vínculos que validan y amplifican el abuso.
Plataformas, contenido extremo y un negocio millonario
Uno de los hallazgos más impactantes involucra al sitio Motherless, que alberga más de 20.000 videos de la llamada “pornografía del sueño”, donde se muestra a mujeres inconscientes siendo abusadas. Solo en febrero, la plataforma registró alrededor de 62 millones de visitas, lo que evidencia la magnitud del consumo.
Los videos están organizados con etiquetas como “passedout” o “eyecheck”, utilizadas para demostrar que las víctimas están dormidas o sedadas. En muchos casos, los agresores levantan los párpados de las mujeres frente a la cámara para probar su estado de indefensión. Algunos de estos contenidos superan las decenas de miles de visualizaciones.
En paralelo, grupos cerrados como “Zzz” en Telegram funcionaban como espacios de intercambio de información y comercio ilegal. Allí, los usuarios compartían consejos sobre dosis de fármacos, métodos para evitar sospechas y hasta ofrecían sustancias somníferas. “Tu esposa no sentirá nada y no recordará nada”, afirmaba uno de los vendedores que ofrecía estos productos por 150 euros.
La investigación también documentó casos de transmisiones en vivo, donde los abusos eran emitidos en tiempo real a cambio de dinero. “Me dijeron qué hacer y lo hice”, confesó un usuario que aseguró haber recibido instrucciones de espectadores mientras agredía a su esposa inconsciente.
Víctimas, impunidad y los desafíos de la justicia
Detrás de esta red global hay historias de víctimas que, en muchos casos, fueron abusadas durante años sin saberlo. Zoe Watts, una víctima en Reino Unido, relató que su marido le confesó haberla drogado para violarla mientras dormía.
Cuando Watts descubrió que su marido, con quien llevaba casada 16 años, había estado triturando la medicina para dormir de su hijo y echándola en su té, y violándola mientras ella estaba inconsciente, su mundo se derrumbó.
“Nos preocupamos por quién viene detrás de nosotros, por quién camina por la calle, o incluso por quién nos agrega como amigos en Facebook. Nos preocupamos por ir a nuestro auto tarde por la noche en un estacionamiento, pero no nos preocupamos por quién duerme a nuestro lado. No me había dado cuenta de que tenía que hacerlo”, dijo Watts.
La confesión de su entonces marido tuvo lugar un domingo cualquiera de 2018, después de que la pareja , que tiene cuatro hijos , regresara de la iglesia.
“Enumeró una serie de sus fechorías… como si fuera una lista de la compra”, dijo Watts a CNN.
Él le dijo que los abusos se habían estado produciendo durante años.
“Él simplemente dijo… ‘He estado usando la medicación para dormir de nuestro hijo para ponérsela en tu última taza de té por la noche, para atarte, tomarte fotografías y violarte’”.
Esta confesión hizo que Watts se cuestionara todos sus momentos íntimos.
“Al final de un día muy ajetreado… simplemente agradecí haber tomado una taza de té antes de irme a la cama, porque estaba muy cansada y no tuve que preparármela”, dijo, y agregó: “No esperas nada más que inocencia de tu pareja”.
Tras un ataque de pánico, Zoe habló con su familia y el caso llegó a la policía.
El proceso judicial se extendió durante cuatro años y, según relató, dejó graves secuelas: sus hijos sufrieron acoso escolar, su entorno quedó devastado y ella misma tuvo que enfrentar comentarios que relativizaban lo ocurrido, con frases como “pero es tu esposo” o “no es lo mismo”.
Su exmarido fue finalmente condenado a 11 años de prisión.
Otros testimonios recogidos por la investigación muestran patrones similares: mujeres que despertaban sin recordar lo ocurrido, que encontraban pruebas en videos o que eran manipuladas para creer que todo era producto de su imaginación. “Estaba intentando cambiar mi realidad”, explicó otra víctima, al describir cómo su agresor negaba sistemáticamente los hechos.
Especialistas advierten que este tipo de abuso, conocido como violencia sexual facilitada por drogas, está subregistrado. La falta de memoria, la vergüenza y la dificultad para reunir pruebas hacen que muchos casos nunca lleguen a la justicia. Según datos recientes en Inglaterra y Gales, el porcentaje de víctimas agredidas mientras estaban inconscientes ha aumentado en la última década.
A pesar de que Telegram eliminó algunos grupos tras la investigación, gran parte del contenido continúa circulando. Las limitaciones legales y la protección de ciertas plataformas dificultan la eliminación de material y la identificación de los responsables. “Este es un problema que muchos no se toman con la suficiente seriedad”, advirtió la experta en derecho Clare McGlynn.
La investigación concluye que la combinación de anonimato, tecnología y falta de regulación ha permitido la expansión de estas redes. Mientras algunos espacios son cerrados, otros surgen rápidamente, replicando el mismo modelo. El resultado es un ecosistema digital donde la violencia sexual no solo se perpetúa, sino que se enseña, se comparte y se monetiza a escala global.
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