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En el inicio de la Semana Santa, el Papa León XIV pronunció un mensaje de fuerte alcance global centrado en la paz y en la violencia que atraviesa al mundo. Durante la misa del Domingo de Ramos celebrada en la Plaza de San Pedro, el Pontífice retomó la entrada de Jesús en Jerusalén para plantear un contraste directo con la realidad actual.
“Jesús se presenta como Rey de la paz, mientras a su alrededor se prepara la guerra”, expresó el Papa, y agregó que “permanece firme en la mansedumbre, mientras los demás se agitan en la violencia”, al tiempo que “se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras otros empuñan espadas y palos”. En esa misma línea, sostuvo que Cristo “vino a traer vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte”, y que como Rey de la paz “quiere reconciliar al mundo en el abrazo del Padre y derribar los muros que nos separan de Dios y del prójimo”.
El Pontífice remarcó que Jesús entra en Jerusalén “montado en un asno, no en un caballo”, cumpliendo la antigua profecía, y señaló que ese gesto expresa un camino opuesto a la violencia. “No se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra”, afirmó, y subrayó que mostró “el rostro manso de Dios, que siempre rechaza la violencia”.
Al referirse a la pasión, sostuvo que Cristo “cargaba con nuestros sufrimientos y era traspasado por nuestras culpas”, y que “se humillaba y ni siquiera abría su boca”, como “un cordero llevado al matadero”. En ese camino, agregó, “se dejó clavar en la cruz para abrazar todas las cruces erigidas en todos los tiempos y lugares de la historia de la humanidad”.
“Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios, Jesús, Rey de la paz”, expresó, y advirtió que es “un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificarla”, porque “no escucha la oración de quienes hacen la guerra”. Al mirar a Cristo crucificado, señaló que “vemos a los crucificados de la humanidad” y que “en sus llagas vemos las heridas de tantos hombres y mujeres de hoy”, así como “el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos”.
En ese contexto, afirmó que “Cristo Rey de la Paz sigue clamando desde su cruz: Dios es amor”, y pidió: “Depongan las armas, recuerden que son hermanos”. Finalmente, confió ese clamor a María y expresó: “danos la certeza de que a pesar de todo, la muerte ya no tendrá poder sobre nosotros”.
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