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La Justicia puso bajo detención al acusado de abusar sexualmente de una joven de 21 años, el pasado 5 de septiembre, en Comandante Luis Piedra Buena.

Luego de varios días de reclamo, marchas y protestas, además de una presentación formal por parte de la abogada de la familia de la víctima, el juzgado de Puerto Santa Cruz ordenó a la Policía su detención. El hombre, quien poseía hasta entonces una restricción de acercamiento contra la denunciante, está ahora tras las rejas y se espera que en los próximos días sea citado a prestar declaración indagatoria.

La medida fue celebrada por la querella, y la comunidad de Piedra Buena, que ha acompañado el reclamo de los padres de la víctima -ambos policías- quienes encabezaron varias movilizaciones frente a la casa del acusado, al no tener respuestas por parte de la Justicia. Además, cuestionaron el accionar de sus propios pares, cuando a pocas horas de sucedido el hecho, buscaron agilizar la realización de la denuncia y de los trámites judiciales.

El hecho

El relato de los hechos es escalofriante. Según consta en la causa, la joven y un grupo de amigos salieron de un boliche local y se encontraron con el denunciado, quien los invitó a seguir la noche en su casa, a un “after”. Una vez en el domicilio, el hombre manifestó que iría a comprar más bebida y le pidió a la víctima que lo acompañara. Lo que los amigos no sabían en ese momento es que habían sido encerrados con llave. Fue durante esa salida forzada que se habría consumado el abuso. “Ahí comienza toda la odisea que pasa la víctima“, explicó la abogada de la familia, Jessica Delgado, días atrás.

En un acto desesperado, la joven logró enviar un mensaje pidiendo ayuda y, tras recuperar su teléfono, mantuvo una llamada abierta con sus amigos, quienes, al darse cuenta de que estaban encerrados, exigieron al sujeto que la trajera de vuelta. Al regresar a la vivienda, los amigos ya habían logrado escapar por una ventana. Encontraron a la joven en un profundo estado de shock y angustia, y se abocaron a contenerla mientras el agresor ingresaba a su domicilio.

A partir de ese momento, comenzó una segunda odisea, esta vez institucional. Un amigo de la víctima alertó a un efectivo policial que hacía adicionales en el boliche y un móvil llegó al lugar, trasladando a la joven al hospital.

Allí se activó el protocolo de abusos, con contención psicológica y exámenes médicos. Sin embargo, la abogada señaló la primera gran irregularidad: a pesar de que la policía tomó conocimiento del hecho minutos después de cometido y con los datos del agresor y su vehículo en mano, no se procedió a su detención en flagrancia. “No se procedió ni a buscar a la persona ni a detenerlo, que es lo que tendrían que haber hecho”, sentenció Delgado, quien agregó que tampoco se le realizaron al acusado los estudios médicos pertinentes para buscar pruebas biológicas.

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