Cada invierno la escena parece repetirse como un reloj. La nieve cubre la ciudad, el paisaje se transforma en una postal patagónica y, pocos días después, cuando las temperaturas comienzan a subir, Río Gallegos enfrenta otra realidad: calles convertidas en verdaderos ríos, barrios anegados, vehículos atrapados y vecinos que observan con preocupación cómo el agua avanza hacia sus viviendas.
La última contingencia volvió a poner en el centro del debate la infraestructura de la capital santacruceña y abrió una nueva discusión entre organismos provinciales y municipales sobre las causas del colapso. Mientras desde distintos sectores se vinculó el problema a un desperfecto en una estación de bombeo de Servicios Públicos Sociedad del Estado (SPSE), el presidente del organismo, Matías Cortijo, salió a responder públicamente y sostuvo que la situación responde a una deficiencia estructural que la ciudad arrastra desde hace décadas.
El funcionario explicó que efectivamente existió un inconveniente eléctrico, aunque aclaró que tuvo una duración mínima y que fue resuelto rápidamente por el personal técnico.
“Hay dos cosas distintas para ver. Hubo un corte de energía chiquito en un transformador, se llamó la guardia, fueron, lo arreglaron y en media hora estaban andando”, explicó. En ese sentido, precisó que el desperfecto “afectó por media hora, una hora una bomba de cloacas”, descartando que esa situación haya sido suficiente para provocar el escenario que se vivió en distintos sectores de la ciudad.
Para Cortijo, centrar la discusión en ese episodio significa perder de vista el verdadero problema. El punto crítico: una ciudad sin sistema de desagües pluviales. El titular de SPSE fue categórico al afirmar que Río Gallegos carece de una infraestructura pluvial acorde al crecimiento urbano registrado durante las últimas décadas.
“Las bombas de cloacas no son para desalojar pluviales. El problema de fondo es que Río Gallegos no tiene una red de pluviales”, aseguró. La explicación técnica resulta clave para comprender por qué cada episodio de lluvia intensa o de deshielo termina generando consecuencias similares.
Las estaciones de bombeo cloacal fueron construidas para transportar exclusivamente líquidos cloacales provenientes de los domicilios. Sin embargo, ante la falta de desagües específicos para el agua de lluvia o de nieve, enormes volúmenes terminan ingresando al mismo sistema.
Según explicó el funcionario, eso multiplica varias veces el caudal habitual. “Cuando ocurren estas cosas, el caudal que viene es 10, 20 veces más que lo normal, porque es agua de lluvia y que encima se la trata de llevar al sistema de tratamiento cloacal, que no debería ir ahí”, señaló.
Esa sobrecarga termina saturando instalaciones que nunca fueron proyectadas para soportar semejante volumen de agua.
Al fenómeno del deshielo se suma otro factor que, según SPSE, agrava considerablemente el funcionamiento de las estaciones de bombeo. Durante el invierno es habitual que sobre calles y avenidas se arrojen arena y tierra para mejorar la adherencia de los vehículos y reducir el riesgo de accidentes por hielo.
Aunque esa práctica resulta necesaria desde el punto de vista vial, el material termina siendo arrastrado por el agua hacia los conductos cloacales.
“Donde se mete arena, tierra, me revienta las bombas. Nuestra gente ayer estuvo todo el día sacando tierra y arena del sistema cloacal que no debería estar ahí porque es arrastre pluvial“, expresó Cortijo.
La limpieza permanente de esos equipos demanda un importante despliegue operativo por parte de las cuadrillas de SPSE, que deben intervenir incluso bajo temperaturas extremas para mantener el funcionamiento del servicio.
El presidente de Servicios Públicos advirtió además que el problema excede ampliamente las complicaciones para circular por las calles. Según explicó, cuando el sistema cloacal colapsa por el ingreso masivo de agua de deshielo, el líquido que rebalsa deja de ser solamente agua acumulada.
“Cuando entra semejante volumen de agua al sistema cloacal provoca desbordes y si vos tenés desborde solo de pluvial es agua. Pero cuando vos hacés desbordar el sistema cloacal ya lo que desborda es agua contaminada”, alertó.
Para el funcionario, ese escenario representa un riesgo sanitario considerable para la población, especialmente en barrios donde el agua permanece durante varios días antes de escurrir.
La situación obliga a reforzar tareas de mantenimiento y asistencia, pero también vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de inversiones estructurales que permitan separar definitivamente los sistemas cloacales de los pluviales.
En medio del operativo de contingencia que el Gobierno Provincial desplegó en distintos barrios afectados por el temporal y el deshielo, Cortijo también dejó una definición con fuerte contenido político. “Lo que digo es me sorprende que lo que pasó ayer (por el sábado) sorprenda, pasa siempre“, afirmó.
La frase resume la postura del organismo provincial: las inundaciones no son consecuencia de un hecho aislado ni de una falla puntual, sino la manifestación de un problema histórico que reaparece cada invierno cuando coinciden nevadas importantes y un posterior aumento de temperatura.
Mientras tanto, las cuadrillas continúan retirando sedimentos, reparando equipos y monitoreando estaciones de bombeo para minimizar el impacto de un fenómeno climático que en Santa Cruz forma parte de la rutina invernal.
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