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Diecinueve años pasaron desde aquella noche en la que el ruido de una camioneta acelerando sobre la avenida San Martín rompió el clima de una manifestación que hasta ese momento se desarrollaba sin incidentes. Era el 17 de agosto de 2007. Santa Cruz atravesaba uno de los conflictos sociales más profundos desde el retorno de la democracia.
Desde hacía meses, docentes nucleados en ADOSAC, trabajadores de ATE y otros gremios estatales mantenían un duro enfrentamiento con el Gobierno provincial, iniciado durante la gestión de Carlos Sancho y continuado bajo el mandato de Daniel Peralta, tras la renuncia del primero. Los reclamos apuntaban a una recomposición salarial, mejores condiciones laborales y el rechazo a la represión policial ocurrida el 9 de mayo anterior, durante las protestas de ese año.
Aquella tarde, la Mesa de Unidad Sindical había convocado a una movilización por el centro de Río Gallegos. Los manifestantes evitaron acercarse al gimnasio del Atlético Boxing Club, donde, casi al mismo tiempo, el entonces presidente Néstor Kirchner encabezaba un multitudinario acto político junto a Cristina Fernández de Kirchner, en plena campaña electoral. A apenas unas pocas cuadras de allí convivían dos postales completamente opuestas: el festejo militante dentro del estadio y la protesta de los trabajadores en las calles de la capital santacruceña.
El encuentro frente al Costa Río
Cuando la columna de manifestantes pasaba frente al Hotel Costa Río, sobre la avenida San Martín, varios reconocieron una camioneta Jeep Cherokee en la que se encontraba Daniel Varizat, quien pocos meses antes había dejado el Ministerio de Gobierno en medio de la crisis política provincial. Varizat había sido, durante ese conflicto, uno de los funcionarios que más había cuestionado a los manifestantes.
Los manifestantes rodearon el vehículo e increparon al exfuncionario. Segundos después ocurrió lo impensado. Tal como lo reflejaron las fotos de La Opinión Austral, Varizat aceleró violentamente. Primero chocó un automóvil estacionado y luego avanzó directamente sobre la multitud. Testigos aseguraron que incluso realizó maniobras de avance y retroceso mientras varias personas permanecían caídas sobre el asfalto. Las imágenes registradas por camarógrafos y vecinos recorrieron el país y se transformaron en una prueba central del proceso judicial.
Los heridos
La cantidad de víctimas varió según las distintas etapas de la investigación. El primer parte médico confirmó 17 personas asistidas, aunque posteriormente la Justicia amplió la acusación hasta contabilizar 24 lesionados, mientras que buena parte de la prensa y las organizaciones sindicales recuerdan el episodio como el atropello a 20 manifestantes.
Entre algunos de los heridos identificados en las primeras horas figuraban:
Susana Guillermaz
Cristina Coronel
Blanca Itatí
Adriana Quilín
Milagros Flores
Gastón Flores
Luisa Freile
José Luis Medina
Carlos D’Amico
Estela Maris Perrone
Gean Luca Perrone
Marcela Ovando
Daniela Ramos
Cristina Coronel, delegada de ATE en el Hospital Regional, quien sufrió una fractura de cadera y permaneció entre las pacientes de mayor gravedad. Los partes médicos también informaron fracturas de pelvis, traumatismos de tórax, lesiones craneales y fracturas expuestas, mientras que varios heridos permanecieron internados durante varios días. La otra herida de gravedad fue Guillermaz, con varias fracturas.
Mientras las ambulancias trasladaban a los heridos al Hospital Regional y la noticia comenzaba a recorrer el país, a pocas cuadras continuaba desarrollándose el acto político encabezado por Néstor Kirchner en el Boxing Club. La simultaneidad de ambos acontecimientos terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de aquella jornada.
El proceso judicial
Varizat fue detenido esa misma noche por orden de la jueza Valeria López Lestón. En un primer momento sostuvo que había actuado porque temía por su vida y argumentó que los manifestantes intentaban atacarlo. Esa fue la estrategia que mantuvo durante todo el proceso judicial.
En diciembre de 2008, la Cámara Criminal Oral de Río Gallegos lo condenó a tres años de prisión en suspenso. La sentencia generó un fuerte rechazo entre las víctimas y las organizaciones sindicales, que consideraron insuficiente la pena. Además, Varizat no fue inhabilitado para conducir, uno de los puntos más cuestionados del fallo.
Reclamo permanente
Cada 17 de agosto, sobrevivientes, familiares y dirigentes recuerdan el hecho para reclamar memoria. Este lunes, una de las organizaciones que recordó los hechos fue la de los docentes de ADOSAC de Río Gallegos. “Aquella imagen quedó grabada en la memoria colectiva de los trabajadores de Santa Cruz: una camioneta avanzando sobre quienes se manifestaban. Fue uno de los episodios más brutales de un conflicto social que tenía causas concretas: salarios insuficientes, problemas laborales, reclamos desoídos y un gobierno que, en lugar de resolverlos, enfrentaba a quienes reclamaban“, expresaron en redes sociales.
Luego, manifestaron: “19 años después, los reclamos siguen vigentes. Pasaron casi dos décadas y resulta imposible recordar aquellos acontecimientos sin mirar nuestro presente.
Los docentes de Santa Cruz seguimos reclamando salarios dignos. Seguimos reclamando escuelas en condiciones. Seguimos reclamando estabilidad laboral, respeto por nuestros derechos y condiciones dignas para enseñar y aprender”, expresaron.
Asimismo, denunciaron: “Los gobiernos cambian, pero muchos de los problemas permanecen. Y cuando esos problemas no encuentran respuestas, aparece inevitablemente el conflicto. Sin comparar la gravedad de aquel atropellamiento con las situaciones que vivimos actualmente, sí reconocemos un preocupante hilo conductor: demasiadas veces el poder político intenta combatir el conflicto en lugar de resolver las causas que lo generan“, dijeron.
Diecinueve años después, las marcas físicas cicatrizaron para muchos de los heridos, pero la imagen de la camioneta acelerando sobre una manifestación continúa siendo una de las escenas más dolorosas de la memoria colectiva de Río Gallegos. Para quienes estuvieron allí, aquella noche de agosto de 2007 sigue siendo el recordatorio de hasta dónde puede escalar un conflicto político cuando la violencia reemplaza al diálogo.
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