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Los pepinos agridulces son una de las conservas más consumidas en todo el mundo y Argentina no es la excepción. Se destacan por su sabor, textura y facilidad de la receta, aunque es importante tomar medidas de precaución para garantizar un alimento seguro y bien conservado.

Esta técnica, que se remonta aproximadamente al año 2400 a.C. en la Mesopotamia antigua, consiste en someter al pepino a un proceso de acidificación para inhibir el desarrollo de microorganismos patógenos y prolongar su vida útil sin necesidad de refrigeración inmediata.

Desde el punto de vista nutricional, el pepino agridulce destaca por su bajo aporte calórico, conteniendo entre 11 y 17 kcal por cada 100 gramos. Su composición es mayoritariamente agua (superando el 90%), lo que lo define como un alimento de alta densidad hídrica. Además, aporta fibra dietética, esencial para la regulación del tránsito intestinal y la prevención del estreñimiento.

Asimismo, contiene vitamina A, vitamina C y vitaminas del grupo B (como la B6 y el ácido fólico), las cuales fortalecen el sistema inmunitario.

En cuanto a su contenido mineral, los pepinos agridulces son una fuente de potasio, magnesio, calcio y fósforo. No obstante, debido al proceso de curado en salmuera, este alimento presenta un elevado contenido de sodio, por lo que su consumo debe ser moderado en individuos con regímenes hiposódicos.

Para garantizar la seguridad alimentaria en preparaciones caseras, es imperativo realizar un tratamiento térmico adecuado de los frascos y asegurar que el pH de la solución sea lo suficientemente bajo (ácido) para prevenir el crecimiento de la bacteria Clostridium botulinum.

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Receta de pepinos agridulces

Ingredientes

  • 1/2 kg de pepinos frescos
  • 300 ml de vinagre blanco (alcohol o manzana)
  • 300 ml de agua
  • 1/2 taza de azúcar blanca
  • 2 cucharadas de sal gruesa
  • 1 cucharada de granos de mostaza
  • 1 cucharada de pimienta negra en grano
  • Opcionales: hojas de laurel, dientes de ajo o eneldo fresco

Cómo preparar la receta

  1. Lavar los pepinos con abundante agua. Retirar los extremos y cortar en rodajas de aproximadamente 5 mm de grosor.
  2. Colocar las rodajas en un colador y espolvorear la sal gruesa. Dejar reposar durante un mínimo de 2 a 4 horas. Este proceso extrae el exceso de agua del tejido vegetal, permitiendo una textura final más firme.
  3. Enjuagar las rodajas con agua fría para eliminar el excedente de sal y secar con un paño limpio.
  4. En una olla de acero inoxidable, combinar el vinagre, el agua, el azúcar y las especias. Calentar hasta alcanzar el punto de ebullición.
  5. Incorporar los pepinos al líquido hirviendo. Mantener la ebullición durante un máximo de 3 a 5 minutos.
  6. Distribuir las rodajas en frascos de vidrio previamente esterilizados. Verter el líquido de cobertura caliente hasta cubrir totalmente los pepinos, dejando un espacio de cabeza de 1 cm.
  7. Tapar herméticamente. Una vez fríos, conservar en refrigeración. Se recomienda esperar al menos 48 horas antes de su consumo para permitir la estabilización de los sabores.
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