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Dulce Candia (17) en Misiones, Agostina Vega (14) en Córdoba y Noelia Romero (30) en Buenos Aires no se conocieron entre sí, pero quedaron unidas por ser víctimas de la violencia más extrema contra la mujer y sus femicidios tomaron más fuerza al haber sucedido días antes de un nuevo #NiUnaMenos.

A 11 años de la primera movilización, en toda la Argentina se volvió a marchar. En Río Gallegos, capital de la provincia de Santa Cruz, la convocatoria fue realizada por la Mesa Feminista Independiente RGL que concentró en, la intersección de avenidas Kirchner y San Martín, a partidos de izquierda, gremios e independientes. En simultáneo, hubo otro punto de convergencia por parte del peronismo y del kirchnerismo en la Plaza San Martín.

De acuerdo al Observatorio Mujeres, Disidencias, Derechos de Mumalá desde 2015 se ha registrado 3.096 femicidios en tanto que del 1° de enero al 30 de mayo se perpetraron 105.

Desde Plaza San Martín, salió una segunda columna en el #NiUnaMenos. Foto: José Silva/La Opinión Austral

“Es una lucha constante y diaria”, afirmó Romina, una de las participantes de la movilización, a La Opinión Austral, y sobre sus motivos para movilizarse, manifestó que “es importante porque es una lastimosa realidad diaria que vivimos todas las mujeres día a día que no podemos salir tranquilas en ningún momento del día o de la noche”.

“Es impresionante la cantidad de femicidios y agresión que hay hacia las mujeres. Hay que salir a la calle a reclamar y a luchar porque estas cosas no deberían estar pasando y creo que es muy importante que todos los que están acá sean muy conscientes y que la gente que no ha venido también pueda interiorizarse de que es una realidad muy triste que nos están matando”.

Consideró que “la gente está tomando conciencia, está saliendo a la calle, pero es un tema que hay que hablar mucho más, sobre todo a los compañeros, les digo que no tengan miedo a hablar sobre el tema, que hablen con sus amigos, con sus parientes. Esto no tiene que estar sucediendo”.

Asimismo, reconoció que “es difícil de abordar y que la gente entienda la realidad de la situación, pero tenemos fe y esperanza de que estas cosas cambien saliendo a la calle, hablando, no callarnos, no tienen que haber más femicidios”.

Isabella y Juan participaron de la movilización del #3J. Foto: José Silva/La Opinión Austral

“Vinimos a marchar porque nos enteramos que este año hubo más femicidios que el año pasado. Creo que todas las mujeres deberían venir a marchar por todo lo que nos está tocando pasar a todas”, contó Isabella (16) a La Opinión Austral.

“Vine por ella y por mi mamá, porque a lo largo de la vida ha sufrido y vengo en memoria de ella”, compartió Juan (18), respecto a la violencia y violación que sufrió su mamá de parte de su papá.

“Creo que todas las mujeres deberían venir a marchar por todo lo que nos está tocando pasar a todas”.
ISABELA

Sobre cómo son las conversaciones sobre violencias entre los varones, comentó: “Se dan como cualquier conversación entre varones, tomando mate, hablando, cuando uno ya está muy cargado se habla de lo que pasa, de lo que piensan. Lo he hablado con muchos amigos míos, nos hemos contado cosas de nuestras vidas. En mi grupo de amigos es más común hablar, capaz a los demás les cuesta”.

“Como mujeres hay que luchar por lo que nos corresponde, por nuestros derechos, a no callarse, a gritar y a luchar por todo”, cerró Isabella.

“Mi hija de 13 años me salvó la vida”

Otra de las mujeres que participó de la movilización fue Antonella. “Siempre vengo, pero es la primera vez que me toca ser una víctima. Vine porque fui víctima de violencia de género y sé lo que se siente que nadie te escuche“, reveló.

Uno de los principales obstáculos que deben enfrentar las víctimas es que las desacrediten por no haber realizado la denuncia de manera inmediata. Desde su experiencia, Antonella explicó: “Es difícil salir de la manipulación y es difícil tomar la decisión de denunciar a la persona que vos amas y que crees que te tiene que cuidar”.

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“Sé lo que se siente que nadie te escuche”, expresó Antonella. Foto: José Silva/La Opinión Austral

Cuando pude denunciar fue porque me estaba ahorcando y mi hija de 13 años me salvó la vida, llamé a la policía, lo llevaron detenido unas horas y después lo largaron. Ahora, está condenado a dos años de prisión en suspenso y hay otro juicio, en trámite, pero hace tres años que logré denunciar y hace tres años que estoy siendo hostigada por esa persona y su nueva pareja”, contó.

No tengan miedo de denunciar, no se callen y por más que las quieran silenciar, que griten con todas sus fuerzas. Y que se haga justicia”, cerró.

“Hace tres años que logré denunciar y hace tres años que estoy siendo hostigada”.
ANTONELLA

“Siento un honor y mucho respeto por las chicas que no pueden estar hablando o no pueden venir a marchar ya sea porque no las dejan, porque no pueden o porque están muertas”, expresó Bianca (15), estudiante secundaria.

Sobre a qué edad comenzó a reconocer las violencias por motivos de género, señaló que “lo note casi siempre. Empezó a tener relevancia a los 11 años. En la casa de mis abuelos ceno, convivo con ellos y tienen encendida la tele, generalmente, las noticias, escuchar sobre esas chicas que les pasan cosas horrendas, que son inhumanas, me pone demasiado mal y me asusta“.

En la tarde-noche, la numerosa movilización recorrió las calles de la capital santacruceña. Foto: José Silva/La Opinión Austral

“No quisiera que me pase algo y tampoco que ni a la peor persona que me cae mal le pasara algo, por más que hayamos tenido un problema, jamás le desearía el mal”, señaló.

“Son personas muy vulnerables a esa edad, especialmente a la mía, al ser menores, son más manipulables, por el hecho de que no están muy conscientes de eso, incluyéndome, a veces siento que soy un poco ignorante”, reflexionó.

En este contexto, manifestó: “Quisiera que se hable más en las escuelas sobre las mujeres ya que son las que más son más vulneradas en sus derechos, quisiera que se hable todo el tiempo”.

UNPA libre de violencia

Mara Espinosa, estudiante universitaria y presidenta del Centro de Estudiantes de la UNPA-UARG, se refirió a la actividad “2J UNPA libre de violencia” que se realizó este martes en conjunto con los gremios ADIUNPA y ATUNPA para conocer y dialogar sobre el Protocolo de Actuación Institucional ante situaciones de violencia de género hacia las mujeres y la comunidad LGBTTTIQ en el ámbito de la UNPA.

“Salimos bastante contentos todos porque consideramos que fue satisfactorio”, manifestó.

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Con carteles, las mujeres marcharon este #3J. Foto: José Silva/La Opinión Austral

Hace dos semanas, un ingresante fue apuñalado por un nodocente, tras lo cual la madre del estudiante dio a conocer que previamente su nuera había realizado denuncias por hostigamiento de parte del trabajador. “A partir de lo que pasó, entendemos que se tienen que abrir más espacios de diálogo y profundizarlos, por eso también surgió la iniciativa de hacer esa actividad”, comentó.

“El primer caso que me impactó, era muy chica, fue el de Candela Sol Rodriguez”.
MARA ESPINOSA

“Es una urgencia, teniendo en cuenta que estamos acá a 11 años del primer #NiUnaMenos y unos días antes, asesinaron a una nena de 14 años. Estamos muy conmocionados”, agregó.

Espinosa reflexionó que las violencias “lamentablemente fue algo cotidiano en la vida de todas las mujeres, lo hablaba con mis compañeras y creo que es algo general en la gente de mi edad, tengo 24 años. El primer caso que me impactó, era muy chica, fue el de Candela Sol Rodriguez, todavía ni siquiera existía en el Código Penal el término de femicidio”.

“Hoy estamos bajo un gobierno que está discutiendo si existe o no el femicidio y coquetea con sacarlo del Código Penal. Entendemos que (su incorporación) fue un avance en materia de género porque es un agravante”, señaló.

Además, marcó que poner bajo la lupa a las víctimas “es desviar el foco de la problemática de género, es violencia machista y patriarcal, es un problema estructural. A mí no me interesa qué hacían las pibas en su vida personal, no debería ser esa la discusión. A veces hasta son estrategias de los cuerpos de abogados, pero es claramente una revictimización, no sólo de la víctima sino también de toda su familia, se cuestiona más qué hacía la madre que al femicida”.

Violencias en el noviazgo

Daniela (34) participó por primera vez en una movilización en Río Gallegos y contó a La Opinión Austral: “En Córdoba, iba bastante a las movilizaciones porque es una causa que me convoca y creo que nos convoca a todos como sociedad”.

Mujeres de todas las edades junto a sus hijos e hijas participaron de la movilización en Río Gallegos. Foto: José Silva/La Opinión Austral

En el 2015 comenzó a ser participe en reuniones y marchas. “Tenía muy naturalizadas un montón de violencias en vínculos de parejas, escenas de celos, escenas alrededor del control. En ciertos momentos, siento que el feminismo a muchas de las mujeres que estamos acá y a muchas más, nos ha salvado”.

Cerrando, subrayó que “es importante hablar sobre los vínculos, es importante hablar entre mujeres y también que los hombres participen de esto, hay que romper ese pacto que hay entre hombres de no visibilizar la violencia que saben que ejercen otros hombres”.

 

 

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