Por Andrea Daufí
“Recuérdenlo como era realmente. Siempre solidario”, fueron las palabras de Sonia Cárcamo, madre de José Honorio Ortega —único santacruceño caído en la guerra de Malvinas—, al ahondar en el recuerdo de su hijo y de cómo ella, su esposo José Ortega, de 91 años —a quien llama “Don José” y con quien está hace más de seis décadas—, y sus hijos vivieron el conflicto bélico de 1982 desde el continente.
En una entrevista exclusiva con La Opinión Austral, la vecina riogallegense rememoró la partida de su hijo hacia el archipiélago del Atlántico Sur, la trágica noticia de su muerte en combate y la reciente pérdida, en 2025, de Fernando Enrique Alturria, excombatiente, referente de la causa soberana y expresidente del Centro de Veteranos de Guerra “José Honorio Ortega”.
Honorio Ortega nació en 1963 y vivió parte de su adolescencia en Trelew, donde también nacieron sus hijas mellizas, Melisa y Carolina, a quienes nunca llegó a conocer. Con apenas 18 años, se incorporó al Ejército y se convirtió en el único conscripto de Río Gallegos que murió en la guerra de 1982, durante la batalla de Darwin-Goose Green, conocida como Pradera del Ganso.
Formaba parte de la segunda sección de la compañía de Infantería “C” del Regimiento de Infantería N° 25 de Sarmiento, donde 38 soldados, bajo el mando de Juan José Gómez Centurión, enfrentaron durante horas a 250 paracaidistas británicos. Su cuerpo fue identificado recién en 2018 mediante estudios de ADN del Equipo Argentino de Antropología Forense, y también por un anillo de compromiso encontrado entre sus restos.
El recuerdo de cómo su hijo partió a la guerra
Con un aplomo y una postura firme que mantuvo durante toda la charla, la madre de Honorio —el mayor de cuatro hermanos— relató cómo vivieron la espera previa a la guerra y el momento en que confirmaron que su hijo estaba en las islas.
“Salió primero que nada el sorteo del servicio militar obligatorio, como ellos decían, para ir a la colimba. Así que contento que se iba a hacer la colimba (…) Pasó todos los ejercicios que tienen que hacer en Trelew. Todo con buena onda, nunca decir: ‘Oh, me tengo que ir’. Él jamás se quejó de nada, nunca se quejó”, expresó.
Precisó luego que “se fue el primero de febrero. Volvió el 18 de marzo, vino a estar un día con nosotros, compartió todo eso con sus amigos, la novia”, al tiempo que evocó las travesuras de un joven de 18 años: “Desapareció a la mañana y vino a las seis de la tarde. Yo le hacía tortas fritas para cuando llegara del viaje (…) El vínculo que tenía conmigo era igual al que tenía con todos. Era muy familiar, le gustaban las fiestas, juntarse con amigos. Siempre solidario, nunca hacía diferencia con nadie“.
La madre, nacida en Punta Arenas y criada desde pequeña en la capital de Santa Cruz, destacó que su hijo “siempre era optimista, no se quejaba de nada. Lo único que tenía que ir y cumplir, estar a determinada hora, porque si no lo sancionaban. Yo sabía que había cosas que no podía hablar, pero nunca imaginé que iba a ser eso. Decía: ‘No, yo tengo que estar a tal hora y hay cosas que no puedo contar'”.
Afirmó que supo del desembarco en las islas mediante la radio: “Por otra radio que no era nacional, sino la de Uruguay o Paraguay, escuché que estaban haciendo algo para llegar a Malvinas, que ya la habían tomado. Le comenté a mi marido: ‘Pero no creo que hayan llegado a mandar a los chicos del regimiento tan pronto, porque recién iniciaron’. Para eso ya ellos habían tenido un mes de estar en el campo, en los de Sarmiento”.
Asimismo, recordó las cartas que recibió de su hijo a mediados de abril. Con la sinceridad de toda madre, dijo que los escritos “parecían un jeroglífico. Yo no entendía por qué. Pero vaya a saber, apurado. Y él mandaba a decir con letras grandes: ‘Estamos en Malvinas, recuperamos Malvinas‘, con dos puntitos de emoción. Estaba él, habían hecho algo muy importante”.
Ampliando su relato, comentó: “Después empezamos a tener las cartas un poquito más espaciadas. Preocupado por el bebé, que nosotros estemos bien”, y lamentó que nunca llegara a saber que, en lugar de un hijo, iba a ser padre de mellizas: “Nosotros nos enteramos como 15 o 20 días antes que nacieran que su pareja estaba embarazada, pero no que venían dos. Recibimos dos o tres cartas más y ya en las otras decía que estaba bien… que ahí con los compañeros salían a hacer patrulla, todo lo que después ya me enteré por Gómez Centurión”.
En ese momento, ella estaba en Trelew, pero su suegra y sus hermanos permanecían en Río Gallegos, bajo la constante preocupación de un posible ataque enemigo. “Mi suegra tenía mucho miedo, pero nunca se enteró que su nieto estaba en Malvinas. No le contaron porque tenía un problema de salud delicado. Tratamos de no comentarle…decirle que él estaba bien, que mandaba cartas”, admitió.
Con firmeza, Sonia remarcó que su hijo “no era sensacionalista” al relatar lo que atravesaba: “Siempre decía que se encontraba bien. había hambre, él decía: ‘Esto es cosa de la guerra, pero no lo estamos pasando tan mal. De comer comemos igual, algo se come’ (…) Ese optimismo no lo bajó nunca. Tenía un acuerdo con los camaradas de que no iban a bajar la cabeza, que no se iban a entregar prisioneros. Entonces estaban con esa idea de que sí o sí tenían que seguir luchando”.
El fallecimiento en combate de José Honorio: “Fue duro”
Al referirse a la muerte de su hijo, el 28 de mayo de 1982, señaló: “Ahí fue duro, porque en ese momento fallecieron muchos, de Córdoba y de todos los lugares del regimiento. No recibí una comunicación hasta que estuvieron hechas las actas. Me mandaron un certificado de defunción. Después estuve con Gómez Centurión cuando hizo la película en Magallanes, él habló conmigo y me contó todo lo que había pasado ahí. Era tal como José lo contó. Dijo: ‘José siempre anduvo conmigo'”.
Cuando supo la noticia, según detalló a LOA, “empezamos a avisarle a toda la familia y a averiguar en varias entidades, hospitales o gente que nos conocía. Nadie decía nada. Después empezaron a llegar a Madryn los veteranos. Una amiga me dice: ‘Mirá, Sonia, ¿no fuiste a Madryn? Llegó el barco con los prisioneros, capaz vino tu hijo’. Yo no quise ir a buscar y no encontrarlo. Yo no fui ese día”.
Al ser consultada acerca de la atmósfera que se vivió en esos días, mencionó que “no tenía mucho contacto con la sociedad” ya que trabajaba de seis de la mañana a seis de la tarde en una fábrica de medias en Trelew. No obstante, reconoció “una pequeña psicosis entre los jóvenes en conversaciones que habían tenido”, así como gente que quiso aprovecharse de los veteranos. “A mí me pasó que golpearon la puerta diciendo que eran veteranos buscando plata. Les dije: ‘Yo soy la mamá de un soldado que falleció en Malvinas’. Con eso lo maté”, sostuvo.
En la conversación, aseveró que el reconocimiento de los restos en 2018 representó un punto clave en el proceso de duelo: “Ellos lucharon tanto allá, es lo mismo que a nosotros nos pasa acá. Hay una carta de él que decía que Darwin es un lugar hermoso. Nunca se quejó de la Fuerza, esa era la tranquilidad nuestra. Después me enteré por Andrés Fernández (VGM) que escribía las cartas en la espalda de un compañero. Ahí entendí por qué eran un jeroglífico“.
“Un 2 de abril raro”
Por otra parte, se refirió a la reciente conmemoración del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, en recuerdo del desembarco de tropas argentinas en 1982. Al respecto, dijo que la ausencia de Fernando Alturria hizo que fuera “un día muy raro. Lo extrañamos mucho. Siempre que empezaban estos actos, estas cosas, venía y preguntaba: ‘¿Les parece que hagamos esto, que no hagamos lo otro?'”.
Subrayó la importancia que tuvo Alturria para que los jóvenes conozcan lo ocurrido hace más de cuatro décadas: “Es una forma como ellos dicen malvinizar. Alturria hablaba con los chicos y estuvo en Darwin junto con los que estaban del 25″.
A continuación, dio a conocer fuertes detalles de lo vivido en el enfrentamiento: “Hablando con él un día me dice, ‘¿Sabes, Sonia?, yo después tuve que quedarme para levantar a los cadáveres’ (…) José quedó cerca de un alambrado que lo dejó Gómez Centurión. Y entonces cuando él volvió, al ver a José…esa bala fue derecho a él. Alturria me dijo ‘había que limpiar, sacamos a los que habían fallecido’. Ahí debió estar José. Con una carretilla, habían puesto más cadáveres porque ya no tenían ni fuerza”.
Para finalizar, y tras una fecha que volvió a movilizar a miles de familias, Sonia hizo hincapié en que la palabra que utilizaría para describir lo sucedido en esa época no es “orgullo”, sino que “hubo muchos chicos en su situación. Hay que recordarlos a todos”. Y concluyó con la siguiente declaración: “Yo siempre digo: no lo enaltezcan, recuérdenlo como era realmente”.
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