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Las situaciones de bullying y ciberbullying forman parte de una problemática que preocupa a las familias y a las instituciones de Río Gallegos. Las agresiones entre niños y adolescentes, la difusión de videos de hechos violentos y la exposición de jóvenes en las redes sociales plantean nuevos desafíos para la comunidad educativa y los adultos responsables de su cuidado.
En diálogo con LU12 AM680, Alfredo Jaramillo, técnico universitario en Acompañamiento Terapéutico e integrante de Ovillo Terapéutico, sostuvo que uno de los primeros pasos para abordar estas situaciones es evitar que la violencia se naturalice.
“Lo importante es no dejar de sorprenderse. En el momento en que nosotros naturalizamos la violencia, ya sea el ciberbullying, el bullying u otra situación, estamos dejando de darle la importancia que tiene”, expresó.
En ese sentido, aclaró que no toda situación de violencia constituye necesariamente un caso de bullying, aunque remarcó que todas requieren atención y acompañamiento, tanto en las escuelas como en los clubes deportivos y otros espacios de socialización.
La escucha como primera herramienta de prevención
Jaramillo puso especial énfasis en el rol de las familias y consideró que la escucha es una de las principales herramientas para detectar situaciones de violencia, tanto cuando los niños y adolescentes son víctimas como cuando participan de las agresiones.
“Nosotros siempre lo decimos desde la fundación y otros espacios: la escucha es la mejor herramienta que tenemos los papás, las mamás, los abuelos y los familiares para abordar estas situaciones“, señaló.
Explicó que escuchar no significa solamente oír lo que los chicos cuentan, sino generar espacios de diálogo y confianza que permitan conocer qué sucede en sus ámbitos cotidianos.
Como ejemplo, planteó que las preguntas sobre cómo les fue en la escuela no deberían limitarse a una respuesta de “bien” o “mal“, sino que es necesario profundizar sobre sus experiencias, los vínculos con sus compañeros y las situaciones que atraviesan durante la jornada.
“Los adultos nos seguimos centrando solamente en que aprueben Matemática y Lengua o que les vaya bien en los exámenes, cuando en realidad la escuela también es un espacio de socialización donde necesitamos ahondar un poquito más“, explicó.
También advirtió sobre la responsabilidad adulta en el uso de las tecnologías. Consideró que entregar un teléfono celular a un niño implica habilitar su ingreso a un entorno digital que requiere acompañamiento y supervisión.
En esa línea, sostuvo que es necesario conocer qué contenidos consumen, qué publican y qué comparten en las redes sociales, sin dejar de respetar los espacios propios de los adolescentes.
“Nosotros como adultos seguimos siendo responsables de lo que nuestros hijos postean, miran y repostean. Si no me lo muestran, tengo que encontrar la manera de entrar en diálogo sobre su vida digital”, afirmó.
La violencia digital también forma parte de la realidad
Durante la entrevista, Jaramillo se refirió al impacto que tienen las redes sociales en las nuevas generaciones y explicó que el mundo digital no puede considerarse un espacio separado de la vida cotidiana de niños y adolescentes.
“Para los niños y adolescentes de esta era, lo digital es la realidad. Sus redes sociales, tener tantos likes o formar parte de determinados grupos va constituyendo su ámbito social“, indicó.
En ese contexto, mencionó situaciones de exclusión de grupos de WhatsApp, exposición pública de imágenes, publicaciones destinadas a humillar y otras formas de discriminación que pueden generar sufrimiento.
Advirtió que el impacto de estas prácticas no es igual para un adulto que para un adolescente, debido a la importancia que adquieren los vínculos digitales durante esa etapa de crecimiento.
Por eso, recomendó que cuando los chicos muestran videos de agresiones o situaciones de violencia, los adultos no deben limitarse a observarlos o hacer comentarios, sino aprovechar esas situaciones para generar una reflexión.
“Hay que preguntarles qué piensan de eso, cómo los hace sentir y si han vivido situaciones similares en su propia persona o las han visto en otros niños y adolescentes“, explicó.
Además, consideró que quienes presencian hechos de violencia, aunque no participen directamente, deben contar con herramientas para comunicar lo ocurrido a un adulto que pueda intervenir.
Una guía para abordar los casos
En relación con el trabajo institucional, Jaramillo recordó que el Consejo Provincial de Educación presentó el año pasado la guía Escuelas que acompañan en comunidad, aprobada mediante el Acuerdo 717/25.
“Estamos hablando de un niño cuya salud mental está siendo impactada”.
ALFREDO JARAMILLO
El documento surgió de un trabajo intersectorial en el que participaron distintos equipos vinculados con la Justicia, la salud mental y organismos gubernamentales. Su objetivo es brindar herramientas para la prevención, detección y abordaje de situaciones de violencia dentro del ámbito educativo.
Para el integrante de Ovillo Terapéutico, es necesario que tanto las familias como los docentes conozcan este instrumento y sepan cómo utilizarlo. “Las familias y las escuelas tenemos que seguir fortaleciendo esa guía. Primero, conocerla“, sostuvo.
Explicó que el documento permite identificar qué actores deben intervenir en cada situación, cuándo corresponde convocar a organismos de niñez y cómo debe realizarse el acompañamiento de las familias.
También señaló que no todas las situaciones requieren las mismas respuestas y advirtió que determinadas intervenciones, como promover una mediación inmediata entre quienes participaron de un episodio de bullying, pueden no ser adecuadas si antes no se contemplan otras instancias de abordaje.
En ese sentido, remarcó que la responsabilidad no debe recaer exclusivamente en las instituciones educativas. Las familias, las organizaciones sociales, los clubes y los distintos espacios comunitarios también tienen un papel en la prevención y detección de estas situaciones.
“No podemos hablar de víctimas y victimarios, hablamos de niños y adolescentes”
Otro de los aspectos que abordó Jaramillo fue la necesidad de trabajar también con quienes ejercen las agresiones y con los grupos que presencian los hechos.
Consideró que los niños y adolescentes que protagonizan situaciones de violencia también necesitan acompañamiento, porque sus conductas pueden estar relacionadas con problemáticas que requieren atención.
“Estamos hablando de un niño cuya salud mental está siendo impactada. También tenemos que buscar formas de resguardarlo y trabajar con él“, manifestó.
A su vez, destacó el papel de quienes observan las agresiones y no intervienen. Sostuvo que el bullying también se sostiene cuando otros chicos filman, comparten o permiten que los hechos continúen sin comunicarlo a los adultos.
“El hecho de violencia se cae cuando los otros no filman y, en lugar de filmar, buscan la manera de detener eso que está ocurriendo“, afirmó.
Jaramillo también cuestionó las respuestas que trasladan el problema hacia quien sufrió la agresión, como cambiarlo de curso o de escuela. Consideró que esas decisiones pueden terminar revictimizando al niño o adolescente que atravesó la situación.
La responsabilidad de toda la comunidad
Finalmente, planteó que la problemática debe abordarse desde una perspectiva integral, que involucre a las familias, las escuelas, los clubes deportivos, las organizaciones sociales y los distintos espacios de encuentro comunitario.
En ese marco, propuso que los episodios de violencia que toman estado público también puedan ser motivo de reflexión en los ámbitos grupales, para que niños y adolescentes puedan expresar qué sienten y qué piensan sobre lo ocurrido.
“Tenemos que mirarnos también como comunidad. Estos hechos pasan cerca de nuestras casas y tenemos que preguntarnos qué nos pasa a nosotros con eso“, expresó.
Antes de finalizar, Jaramillo remarcó que no existe una única respuesta para una problemática de estas características, pero insistió en que la intervención de los adultos resulta fundamental. “No hay una sola respuesta ni una sola solución, porque es complejo. Pero esa complejidad va a requerir respuestas más integrales, con más escucha y más presencia de los adultos. Acá la clave son los adultos“, concluyó.
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