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Mientras el mundo del fútbol pone la mirada en el histórico cruce entre Argentina y Cabo Verde, en Río Gallegos ese encuentro también invita a recordar a uno de los primeros inmigrantes caboverdianos que dejó una marca imborrable en la ciudad.

Se trata de Juan Bautista Rocha, quien llegó a la Patagonia en la década del veinte desde Cabo Verde, un archipiélago de diez islas volcánicas situado en el océano Atlántico, frente a la costa occidental de África. Junto a Asunción Pérez, inmigrante española oriunda de Vigo, formó una familia con ocho hijos: Enrique, Ángel, Julio, César, Héctor, Ana, Irma y Enedina.

Con los años, Rocha se convirtió en uno de los vecinos más queridos de Río Gallegos. Fue uno de los impulsores del fútbol infantil en la ciudad, colaboró con distintas instituciones deportivas y dejó una huella tan profunda que hoy un gimnasio municipal y una calle llevan su nombre.

Juan Bautista y su nieta Adriana Mabel Luna. Año 1967

Ese compromiso con el deporte y la comunidad también se reflejó en las siguientes generaciones. Sus descendientes ocuparon un lugar importante en distintas instituciones de Río Gallegos. Entre ellos se encuentra Adriana Luna, quien integró durante una década la Comisión Directiva del Club Matadero y, en dos períodos, la de la Asociación Independiente de Fútbol de los Barrios (AIFB).

Este viernes, Adriana visitó LU12 AM680 para compartir la historia de su abuelo y, antes de comenzar el recorrido por su vida, se permitió una sonrisa al hablar del partido mundialista.

“Si hace un gol Cabo Verde, bien… pero si gana Argentina, mejor”, dijo entre risas, reflejando el cariño que siente por las dos tierras que marcaron la historia de su familia.

FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

El niño que escapó de Cabo Verde y encontró su destino en la Patagonia

La historia de Juan Bautista Rocha parece salida de una novela. Tenía apenas diez años cuando decidió escapar de Cabo Verde porque su padre quería que fuera sacerdote.

“Se escondió como polizón en un barco que venía hacia la Argentina. Durante el viaje lo descubrieron, pero ya no podían regresar. Dos sacerdotes salesianos que viajaban en el barco se hicieron cargo de él y así llegó primero a Buenos Aires, después a Punta Arenas y finalmente a Río Gallegos”, relató Adriana.

Antes de partir, le hizo una promesa a su madre que lo acompañaría durante toda su vida: estar presente cada vez que un vecino falleciera.

“Esa promesa la cumplió siempre. En esa época los cortejos iban caminando hasta el cementerio y él era de los primeros en acompañarlos. Nunca volvió a ver a su familia y creo que esa era su manera de acompañar el dolor de los demás”, reflexionó su nieta.

Juan Bautista jamás regresó a Cabo Verde ni volvió a encontrarse con sus seres queridos. Río Gallegos terminó convirtiéndose en su hogar definitivo.

El hombre que hizo del fútbol una herramienta para unir a la comunidad

Además de ser recordado por su solidaridad, Juan Bautista Rocha fue uno de los impulsores del fútbol infantil en Río Gallegos.

“Le gustaba mucho el fútbol. Empezó dirigiendo a los más chicos y después colaboró en clubes como Río Gallegos, Hispano, San Lorenzo y Matadero. Siempre estaba donde hiciera falta”, recordó Adriana.

El deporte también marcó a toda la familia. Varios de sus hijos fueron futbolistas y ella misma continuó ese vínculo desde la dirigencia deportiva.

“Si hubiera nacido varón, seguramente habría jugado al fútbol. Como en esa época no existía el fútbol femenino, me tocó vivir esa pasión desde otro lugar, siendo dirigente y trabajando en la Liga”, comentó.

Inaugurado en la década de 1980, el gimnasio municipal Juan Bautista Rocha homenajea a uno de los pioneros del fútbol infantil y vecino ilustre de Río Gallegos. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

Su compromiso con el deporte fue reconocido cuando el gimnasio municipal del barrio Jorge Newbery pasó a llevar su nombre.

“El 60% dicen ‘voy al Rocha’ por costumbre y hay un 40% de la gente que sabe quién fue. Está bueno que estas historias vuelvan a contarse porque permiten conocer el motivo de ese reconocimiento”, señaló.

Adriana Luna sostiene un ejemplar de La Opinión Austral con la publicación dedicada a la historia de su abuelo. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

El recuerdo de un vecino que nunca dejó de ayudar

Aunque Adriana tenía solo seis años cuando murió su abuelo, conserva imágenes que nunca olvidó.

“Imponía presencia. Tenía horarios para todo y había mucho respeto en la casa”, recordó.

Pero el momento que quedó grabado para siempre fue el día de su despedida.

“Cuando me desperté -a las 6 o 7 de la mañana- ya estaba la casa llena de gente. El velorio fue en la casa y prácticamente no entraba nadie más. Después fue impresionante la cantidad de personas que lo acompañó al cementerio.”

A más de cinco décadas de su fallecimiento, su historia sigue apareciendo en las conversaciones de quienes lo conocieron.

“Muchas veces escucho a personas que cuentan experiencias con él, que compartieron un asado o que recibieron su ayuda. Recién después les digo que soy la nieta y se sorprenden. Me gusta escucharlos porque ahí descubro un poco más quién fue mi abuelo.”

Ese afecto colectivo es, para Adriana, la mejor explicación de por qué el nombre de Juan Bautista Rocha continúa vigente en Río Gallegos. “Ayudó a mucha gente”, concluyó.

Y quizás esa sea la mejor definición de un hombre que llegó solo desde Cabo Verde buscando un futuro y terminó convirtiéndose en parte de la identidad de una ciudad que, más de cien años después de su llegada, todavía lo recuerda con cariño.

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