Yanina Alturria (41) nació en Corrientes y es la primogénita del matrimonio de Fernando Alturria y Rosalinda Godoy. Además, es mamá de Ignacio Joaquín, de 11 años.
Entre 1985 y 1989, la familia Alturria vivió en Buenos Aires, donde nacieron Silvina y Nahuel, después, en febrero de 1990 se radicó en Río Gallegos, provincia de Santa Cruz, donde la familia se completó con Carolina y Emmanuel.
A un año del fallecimiento del veterano de guerra de Malvinas y expresidente de la Asociación Centro de Veteranos de Guerra “Soldado José Honorio Ortega”, en entrevista audiovisual con el Grupo La Opinión Austral, Yanina recordó cómo fue su infancia criada por padres muy jóvenes tras la guerra.
La Opinión Austral: ¿Cómo fue tu crianza? ¿Qué tan cercana era la historia de Malvinas?
Yanina Alturria: Nací en el 84, era todo muy reciente. Mi papá, veterano de Malvinas, conoce a mi mamá casi al año. Cuando ella lo conoce, las heridas estaban muy a flor de piel.

Ellos se enamoraron, mi mamá queda embarazada, se casan en mayo y yo nazco en noviembre. Como era todo muy reciente, era todo muy delicado y no había, en ese momento, un sistema de salud que se abocara a lo que es la salud mental, sobre todo en posguerra, entonces había muchas cosas que en aquel entonces no se podían manejar.
Estaba de moda poner el nombre Malvina a las mujeres, pero a mí no me pudieron poner Malvina porque para mi papá era muy fuerte todo el tiempo estarme nombrando, por eso me pusieron Yanina, porque termina en “ina”, que era lo más cercano. Mis hermanas también tienen el “ina”, Silvina y Carolina y las tres tenemos como segundo nombre Soledad, que fue donde estuvo mi papá.
Los primeros años, por lo que pude hablar con mi mamá, fueron muy difíciles porque ellos eran muy chicos para llevar adelante semejante situación. Tenían 21 años.
“Ver cómo se mueren tus amigos es un dolor que no te lo saca nadie”.YANINA ALTURRIA, HIJA DE FERNANDO ALTURRIA
Yo siempre le decía a mi mamá: “Vos te casaste realmente enamorada porque te casaste con un hombre que estaba loco”. Y ella lo supo sostener. Mi papá hizo el resto de su vida gracias al amor y al sostén de mi mamá. Nosotros somos una consecuencia de ese amor, pero ella fue muy fuerte para poder sostenerlo, supo contenerlo, supo acompañarlo.
Mi mamá nos contaba que como novia flamante quería ser lo más compañera posible. De golpe en la noche, mi papá se levantaba llorando, abajo de la cama, escondido en el baño.
Mis primeros cinco años vivimos en Buenos Aires, hay muchas tormentas eléctricas, entonces el ruido de la tormenta, los truenos, exaltaban mucho a mi papá y ella pudo acompañarlo, a pesar de su desconocimiento, y con el tiempo esas heridas se fueron haciendo un poco más livianas.
LOA: ¿Y en qué momento eso empieza a sanar un poquito?
YA: Creo que yo tendría 10 o 12 años.
Era un papá excelente, era muy cariñoso, muy presente, jugaba con nosotros todo el tiempo. Laburaba todo el día y a la noche, si tenía que venir y jugar con nosotros, lavar los platos, ordenar la casa, estar con mi mamá, él estaba.
De fines de marzo a fines de junio, mi papá no existía. Era un hombre que estaba llorando y con la mirada perdida durante todo ese tiempo. Era una persona que estaba en el sillón, sentada, mirando tele y no hablaba, era el momento para estar para él, acompañarlo, hacerle mimos, decirle cosas lindas, no portarnos mal y hacer cosas para que él se sintiera mejor. Esto fue todo un proceso.

Entendí, de grande, de que se acompañara con otros veteranos porque los únicos que entienden lo que pasaron son los mismos veteranos.
Más allá de las diferencias que puedan haber llegado a tener, tuvieron muchos más puntos de encuentro porque entre ellos entienden qué fue lo que vivieron en esa guerra.
Cuando se empezaron a encontrar los veteranos, empezaron a hablar, a formar el centro de veteranos, eso lo ayudó mucho a él a poder hablar.
Hay muchas cosas que yo no sé de las que vivió mi papá, son heridas muy profundas que él tenía y que capaz no se sentía cómodo contando. Algunas cosas, de grande, las supe, pero él empezó a hablar y a cambiar su forma de afrontar todas estas fechas tan particulares unos 10-15 años después de la guerra, ahí pudo sobrellevarlo un poco mejor.
LOA: ¿En qué momento te das cuenta el peso de que tu papá fuese un un veterano de Malvinas?
YA: Nosotros lo vivimos de forma tan natural, siempre fue parte de nuestra vida. Mi papá siempre fue veterano de guerra. En mi casa nunca se habló otra cosa que no fuera Malvinas. Malvinas es parte de nuestra identidad, no es un tema que tocábamos sólo el 2 de abril, era algo de lo que hablábamos todo el tiempo.

Es imposible separarlo a mi papá de lo que es la gesta de Malvinas. Para nosotros siempre fue muy natural. Él siempre, por ejemplo, habló en todos los actos del 2 de abril, desde que tengo memoria, en la escuela.
Yo decía que mi papá es veterano y era como: “Wow, fue a la guerra”. Veía en el otro la fascinación, la sorpresa o la admiración y muchos me decían: “Mandale mis saludos”. Es un héroe, pero siempre lo vi tan de chiquita que para mí era algo muy natural.
Yanina es la primera de los cinco hijos e hijas de Fernando Alturria y Rosalinda Godoy.
Siempre me generó mucho orgullo porque jamás nadie me habló mal de mi papá, nunca. Siempre fueron muestras de cariño, de admiración y de respeto. Siempre tuvimos dimensión de lo que hizo mi viejo.
Como papá, tenía esas cosas como cualquier otro papá cuando vos decís que con 20 años estás cansado y él te decía: “Yo a los 20 ya había ido a una guerra”. No tenías punto de discusión con eso. Siempre fue así, fue todo muy natural.
LOA: ¿Qué recuerdo te gustaría compartir de tu vida con él?
YA: Tenía muchas charlas con él. Las charlas siempre fueron muy profundas, siempre me hizo disfrutar la vida.
Él dice: “Yo viví la muerte tan de cerca que todo esto es regalado”. Entonces, él siempre me decía: “Mirá, si lo podes resolver, resolvelo y si no lo podés resolver, ya está. ¿Para qué te vas amargar? Trata de vivir con eso”. Mis amigos que me dicen: “Vos no sos extrema, ni sos dramática”. Es que mi papá me enseñó a vivir así, a decir: “A ver, ¿cuál es el problema?, ¿se puede resolver? Vamos a resolverlo y si no se puede resolver, tratemos de transitarlo de la mejor forma posible porque no hay nada que no se pueda solucionar”.

Y esa fue su mayor lección, porque en la vida siempre nos pasan cosas que no podemos controlar, lo único que podemos tratar de manejar es cómo lo vamos a afrontar. Ese fue un estilo de vida que mi viejo nos transmitió y creo que eso fue gracias a lo que él vivió, que fue tan fuerte.
“Mi papá hizo el resto de su vida gracias al amor y al sostén de mi mamá”.YANINA ALTURRIA, HIJA DE FERNANDO ALTURRIA
Creo que estar esperando la muerte, ver cómo se mueren tus amigos y ver cómo perdés una guerra y que en la tierra por la que vos peleaste de golpe hay otra bandera flameando, son dolores que no te los saca nadie.
Mi papá transformó todo ese dolor en amor por la Patria, que se que se vio reflejado en todo el trabajo que él hizo y en amor por nosotros. Somos cinco hermanos y somos muy distintos, pero tenemos muy claro el valor de la familia, de la unidad, del amor, del respeto que nos tenemos y tratamos de multiplicarlo y reflejarlo en todo lo que hacemos, más allá de Malvinas, es como nuestro faro para poder replicarlo en nuestra vida, eso nos enseñó mi papá.
LOA: ¿Te gustaría agregar algo más?
YA: El orgullo, el amor que siempre nos dio, voy a estar eternamente agradecida a él y mi mamá. Creo que no hubiesen podido ser, ni hacer, uno sin el otro. Cedió mucho tiempo que podríamos haber tenido con ellos, hoy por hoy me di cuenta que todo el trabajo que ellos hicieron valió la pena porque, sobre todo en Gallegos, está muy arraigado el tema Malvinas, hay un montón de gente malvinera. Hoy que ellos no están, sigue estando el amor que dieron, lo vemos en la gente que nos lo recuerda y siempre son palabras de amor, de cariño y todos, hasta el día de hoy, tienen algo hermoso o una anécdota linda para contar de él.
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