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La sentencia del Tribunal Oral Federal de Santa Cruz en Río Gallegos cerró un capítulo judicial que comenzó casi nueve años después del hundimiento del ARA San Juan. Como ocurre en los procesos más sensibles de la historia argentina, el veredicto dejó conformes a algunos y profundamente decepcionados a otros.
Las familias esperaban respuestas más contundentes; la Justicia resolvió dentro de los límites que impone el derecho penal. Esa tensión entre expectativa social y decisión judicial difícilmente desaparezca.
Pero mientras el fallo divide opiniones, existe una certeza que trasciende cualquier sentencia: la sociedad tenía derecho a conocer, comprender y seguir cada instancia de un proceso que investigó una de las mayores tragedias de la Argentina contemporánea.
Ese derecho fue el verdadero motor de una cobertura periodística sin precedentes.
El hundimiento del submarino ARA San Juan, ocurrido el 15 de noviembre de 2017, no fue únicamente un desastre militar. Fue una tragedia humana que dejó 44 familias atravesadas por un dolor imposible de dimensionar y abrió interrogantes sobre el funcionamiento de las instituciones del Estado, la cadena de responsabilidades y las condiciones en las que navegaban quienes tenían la misión de custodiar la soberanía nacional.
Cuando el juicio oral fue radicado en Río Gallegos, lejos de Mar del Plata -ciudad donde reside la mayoría de los familiares de los tripulantes- surgió un desafío adicional. La distancia geográfica amenazaba con transformarse también en distancia informativa. Muchos de los familiares debieron seguir las audiencias mediante videoconferencia, mientras que buena parte de los grandes medios nacionales redujo su presencia o directamente dejó de cubrir el proceso con continuidad.
Allí apareció el verdadero valor del periodismo local y estuvimos a la altura. Durante 127 días calendario y 29 jornadas de debate oral, el Grupo La Opinión Austral desplegó una cobertura transmedia que no tuvo antecedentes en la provincia de Santa Cruz.
Desde la edición impresa del diario La Opinión Austral; el portal digital laopinionaustral.com.ar; nuestros perfiles en Facebook, Instagram, TikTok, X y YouTube; las radios LU12 AM680 de Río Gallegos, FM 92.1 Las Heras y FM Láser 92.9; hasta LOA Stream con sus programas emitidos también vía streaming, cada plataforma aportó una mirada distinta sobre un mismo objetivo: que ningún argentino quedara al margen de lo que sucedía dentro de la sala de audiencias.
No fue solamente una cobertura judicial, sino un compromiso con la verdad para que cualquiera persona de cualquier parte del mundo pudiera estar al tanto de lo que iba ocurriendo en la sala de juicio ubicada en el primer piso de la esquina más transitada de la capital de Santa Cruz.
Fue el seguimiento permanente de testimonios cargados de emoción, pericias técnicas complejas, reconstrucciones del hundimiento, debates jurídicos, acusaciones cruzadas, documentos desclasificados, fotografías, videos y largas jornadas donde convivieron el lenguaje frío del expediente con el dolor permanente de quienes todavía buscan respuestas.
Pasaron casi un centenar de testigos delante del tribunal conformado por Mario Gabriel Reynaldi, Luis Jiménez, Enrique Baronetto y Adolfo Quadrini que, en algunas oportunidades, algunos se vieron obligados a seguir las audiencias a través de Zoom. Declararon ingenieros, submarinistas, especialistas navales, fiscales, abogados defensores y familiares que durante años sostuvieron un reclamo inquebrantable de verdad y justicia.
Tal como lo destacó Reynaldi antes de dar a conocer el fallo, en el debate primó el respeto entre las partes que defendían sus posturas. Así se vio entre el trabajo de la Fiscalía representada por Julio Zárate, Lucas Colla, Gastón Pruzan, María Garmendía, los querellantes Valeria Carreras y Lorena Arias, además de Luis Tagliapetra; junto a los defensores de los acusados Gastón Morrillo por Luis López Mazzeo, Leticia Diez, quien defendió a Hugo Correa y Héctor Alonso y Juan Pablo Vigliero por Claudio Villamide.
Cada declaración permitió reconstruir la secuencia técnica que llevó al hundimiento: desde el ingreso de agua por la válvula ECO-19, el cortocircuito en las baterías de proa, la generación de hidrógeno, la deflagración interna y el posterior colapso del submarino a gran profundidad.Pero detrás de cada dato técnico aparecía siempre la dimensión humana.
Las voces de madres, padres, hermanos e hijos recordaban permanentemente que detrás del expediente existían 44 historias de vida. Tal como lo pudimos ver y escuchar cuando, por ejemplo, escuchamos a Lucía Zunda, hermana de uno de los héroes, tanto en las inmediaciones del tribunal como en el estudio de LU12 AM680 y también a María Peralta, otra familiar que viajó desde Comodoro Rivadavia y habló con el móvil de exteriores de la Decana de la Patagonia.
El periodismo tuvo entonces una responsabilidad doble: explicar la complejidad técnica del juicio sin perder nunca de vista que aquello que estaba en discusión era una tragedia nacional.
Durante estos cuatro meses, tanto en papel, como en la web y en la radio, las partes también su posibilidad de dar su visión sobre lo que iba pasando en el juicio. Por ejemplo, Lorena Arias, Valeria Carreras, Juan Pablo Vigliero y Luis Tagliapetra pasaron por el estudio de LU12 AM680. Incluso fuimos recibidos por Claudio Villamide en el hotel en el que se hospedaba para darnos una sentida entrevista.
Los fallos judiciales rara vez conforman a todos, mucho menos cuando se juzgan responsabilidades por la muerte de 44 personas.
Habrá quienes consideren insuficiente la condena. Habrá quienes sostengan que la Justicia actuó conforme a la prueba producida durante el debate. Ese debate continuará probablemente durante años.
Eso quedó reflejado en al transmisión especial que se por streaming en la jornada del martes, donde Gisella Castillo, Juan Suárez, Juan Palacios y Leandro Franco estuvieron al pie del cañón contando minuto a minuto lo que estaba ocurriendo mientras los jueces deliberaban, cuando se conoció la sentencia y las primeras repercusiones tras escuchar el veredicto del tribunal.
Lo que no admite discusión es el papel que debe cumplir el periodismo.
El periodismo no dicta sentencias, no reemplaza a los jueces, tampoco condena ni absuelve. Su misión consiste en otra tarea, igualmente indispensable para la democracia: informar, documentar y comunicar.
Porque una sociedad bien informada puede discutir con fundamentos. Puede exigir explicaciones. Puede preservar la memoria de los hechos. Puede controlar a las instituciones. Eso fue lo que ocurrió durante todo el juicio por el ARA San Juan.
Cada audiencia quedó registrada con las transmisiones replicadas en el canal de Youtube de La Opinión Austral. Cada testimonio fue contextualizado. Cada resolución fue explicada. Cada instancia fue compartida con una audiencia que, desde distintos puntos del país, siguió un proceso judicial que difícilmente habría tenido semejante visibilidad sin una cobertura permanente.









El Grupo La Opinión Austral demostró, una vez más, que el periodismo federal puede estar a la altura de los acontecimientos más trascendentes de la Argentina.
La capacidad profesional de sus periodistas, fotógrafos, camarógrafos, operadores, productores y técnicos permitió sostener durante más de cuatro meses un trabajo de enorme complejidad logística y periodística.
Fue una tarea colectiva. Una tarea realizada desde Santa Cruz para todo el país. Porque cuando el dolor exige memoria, el periodismo tiene la obligación de estar presente y porque, en definitiva, los protagonistas no fueron solamente quienes declararon frente al tribunal.
También lo fueron las familias que nunca dejaron de reclamar justicia. Los trabajadores de prensa que hicieron posible que cada audiencia llegara a miles de hogares y una sociedad que comprendió que la historia del ARA San Juan no termina con un fallo judicial.
Continúa cada vez que alguien decide contarla con rigor, responsabilidad y compromiso.
En el Grupo La Opinión Austral esa convicción permanece intacta. Primero, porque informar también es construir memoria, la verdad necesita ser contada y porque el periodismo, siempre, está del lado de la sociedad.
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