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Por Juan I. Martínez Dodda

Esteban Jobbagy es un estudioso de la interacción entre la ecología de ecosistemas terrestres, la hidrología y los cambios en el uso de la tierra. Es un científico multi reconocido por sus trabajos analizando la producción agropecuaria, la acción del hombre y sus efectos en la naturaleza. En exclusiva, Santa Cruz Produce habló con él para conocer esa evolución que ha puesto bajo la lupa, la aceleración de los cambios, sus preocupaciones, pero también lo que le entusiasma. Hay luz al final del túnel.

Investigación

Meses atrás hablamos con el profesor de la FAUBA Gonzalo Irizarri, quien junto a un equipo de investigación evaluó a través de imágenes satelitales y trabajo de campo cómo estaba el recuso forrajero en Santa Cruz y Patagonia. La situación de pastos (alimento para las ovejas) en la Patagonia está atravesando un momento crítico.

Cambio climático, un negocio (el ovino) que va y viene en un contexto doméstico inestable (inflación, una paleta de divisas diferentes), cenizas (Chaitén en 2008, Puyehue en 2011) que dejaron su huella; también juegan su partido la expansión “a libre demanda” del guanaco y una actividad que se fue quedando sin recursos forrajeros y, en algunos casos, no dejó otra opción que presionar más sobre los recursos que quedaron disponibles hasta languidecer.

Hoy se habla (para algunas zonas) de pastoreos rotativos, en los que se deja descansar algunos cuadros para que rebrote el pasto. Jobbagy ha dedicado su vida al estudio de las intervenciones humanas en los ecosistemas y sus efectos. Por eso, en el contexto actual de cambios, consideramos oportuno hacerle algunas preguntas.

Jobbagy investigó cómo estaba el recurso forrajero en Santa Cruz y en Patagonia.

Argentina tiene un futuro agrícola por muchas décadas, eso no va a cambiar, sin embargo, tiene que aprender a armonizar esa actividad agrícola que es expansiva y en algunos casos extremadamente intensiva, con la naturaleza y las necesidades del resto de la sociedad”, apuntó Jobbagy, que cree que está la “simiente para hacer esto, hay puertas de diálogo”.

En este sentido, consideró que “hay un sector de la producción agropecuaria que es muy diverso, pero tiene algunos componentes que genuinamente quieren hacer mejor las cosas”. “Entonces están las piezas del rompecabezas para tener sistemas ambientales agrícolas mucho mejores, está la voluntad de dialogar, están la ciencia y la técnica para apoyar esas transformaciones, quizás nos está faltando armar una mesa de juego de largo plazo en la que se puedan generar confianzas”, ahondó Jobbagy.

El ingeniero y científico en su laboratorio de la Universidad de San Luis.

El científico se refiere a que “la política del día a día devora todas posibilidades de diálogo una y otra vez“, entonces, “si pudiésemos armar un espacio de debate de largo plazo podríamos ver una agricultura mucho más amigable con la naturaleza y con la comunidad de la que tenemos hoy”.

Entre las cosas que apasionan a Jobbagy de su trabajo, destaca ser testigo de cómo los seres vivos transforman lo que no está vivo. “Por ejemplo, la vegetación del Amazonas decide cuánto llueve en Buenos Aires; los bosques en la sierra de San Luis o Córdoba deciden cuánta agua hay en los arroyos; ese análisis de la evolución de lo abiótico, sin vida, controlado por seres vivos, siempre me fascinó, y los humanos estamos al tope de la intervención”, contó.

“Quienes estudian sistemas agrícolas en el mundo se encuentran que cuando más cultivos usan, se quedan sin agua, pero en Argentina pasa exactamente lo opuesto y es raro, por eso empecé a investigarlo y una de las razones es que acá tenemos un sistema agrícola que yo llamaría gasolero“, indicó Jobbagy. Y explicó: “Se incubó en un esquema de relativamente baja inversión y eso ha llevado a que tengamos uno de los sistemas menos regados del mundo y entonces es un sistema que genera más excesos de agua que consumos y déficits”.

“La política del día a día devora todas las posibilidades de diálogo”.

Alta velocidad

Me deja perplejo la velocidad a la que los humanos estamos transformando la forma en la que funciona nuestro planeta, es decir, cómo circulan el agua, el carbono y los nutrientes, transformaciones que a veces son obvias y explícitas, como que quemamos combustibles fósiles y generamos un flujo de gases invernadero a la atmósfera cada vez mayor, pero también muchas otras veces lo hacemos sin darnos cuenta, alteramos flujos de manera brutal y nos llevamos sorpresas que asustan”, explicó Jobbagy. Así las cosas, el investigador destacó que lo que antes llevó 100 años, hoy lo generamos en 20 y el próximo salto puede ser en 5 o 10″.

Si hubiese que tomar decisiones para desacelerar este espiral frenético de cambios, ¿por dónde creés que habría que ir? ¿De abajo (es decir, lo que hacemos cada uno en nuestras vidas cotidianas) hacia arriba? ¿O de arriba (decisiones gubernamentales) hacia abajo? “La respuesta es todo, pero hay prioridades“, respondió. Y explicó: “Lo top-down, de arriba hacia abajo, las iniciativas de los sistemas financieros, corporaciones, estados, es importante, pero en paralelo lo que hagamos desde abajo, bajar esa intensidad metabólica de nuestras vidas, también ayuda”.

¿Hace falta viajar tanto, consumir tanto? “En paralelo, por la inequidad del mundo, mientras algunos creemos que podemos bajar mucho, todavía hay otros que necesitan consumir un poco más para estar bien, entonces es un desafío delicado el de desacelerar, por eso antes tenemos que generar mecanismos para generar más equidad y después desacelerar”, opinó.

“En Argentina tenemos un capital humano impresionante, sorprendente”.

Sin embargo, esta aceleración, lo que se llama “cambio impredecible del mundo”, para Jobbagy es una fuente de esperanza. “Las sorpresas de los últimos 30 años nos asustan, algunas malas como el calentamiento global que ha sido un poco peor que los pronósticos, pero por otro lado se han generado un montón de respuestas y mecanismos que son alentadores, por ejemplo, todas las tecnologías de energías alternativas, sobre todo la solar, que generan entusiasmo, sobre todo la adopción veloz que ha tenido en algunos países”, explicó.

A Jobbagy también lo motiva el ingenio humano, “que no tiene límites” y un mundo en donde “le estamos dando cada vez más lugar a la empatía y la colaboración”. “Es cierto, hay guerras e injusticias, pero las generaciones más jóvenes dan más lugar a la empatía, que décadas atrás sólo se pensaba en éxito y competencia”, expresó Jobbagy.

¿Qué tiene Argentina?

Creo que tenemos un capital humano impresionante, sorprendente diría yo, por ahí producto de un país que aportó mucho a la educación y donde la movilidad social fue muy alta comparada respecto a otros de la región, pero este presente es resultado de una inercia de décadas pasadas que se nos está perdiendo“, opinó y advirtió Jobbagy.

Por eso, para el científico, uno de los grandes problemas del país es que no puede resolver la inequidad, “aún con sus experimentos más liberales o los más populistas, entonces veo que tenemos a favor una historia de que ese capital humano aprendió a trabajar bancándosela con pocos recursos, eso es una virtud que podemos aprovechar, pero creo que estamos en un punto de inflexión, pensando en la ciencia, si en los próximos 10 años no ponemos esfuerzo por levantar el sistema, no sólo con dinero, sino también con mejores reglas de juego, inclusión de más gente en el proceso de formación científica, etc., vamos a empezar a ver un deterioro, por el contrario, si lo empujamos, Argentina muy rápido puede subirse al tren de la innovación y los descubrimientos”.

“Como científico, cuando se te queman los papeles sobre las explicaciones ya existentes, siempre hay una oportunidad”, dice, convencido y entusiasmado, Esteban Jobbagy. Consultado sobre si él creía que había más o menos jóvenes atraídos por la ciencia, el científico consideró que “el impulso de la investigación está siempre en la gente, no cambió, es el de averiguar, descubrir, explorar en forma sistemática aplicando métodos científicos para encontrar cosas que antes no se veían“.

Y en ese sentido, señaló: “Tal vez la pregunta que me hago es si el sistema científico está siendo capaz de captar a la gente interesada en la ciencia, ¿o los estamos perdiendo y la gente se va a otras actividades? Mi sospecha es que nos estamos quedando atrás“, lamentó finalmente el científico.

Lo que antes llevó 100 años, “hoy lo generamos en 20 y el próximo salto puede ser en 5 o 10”.

Quién es Esteban Jobbagy

El Dr. Esteban G. Jobbagy Gampel nació en 1968 en Santiago de Chile, país al que habían emigrado sus padres, ambos investigadores argentinos. Cuando él tenía 3 años, la familia regresó al país. Se graduó como ingeniero agrónomo en la Universidad de Buenos Aires en 1993, como magíster scientiae en Recursos Naturales en la misma universidad en 1998 y obtuvo un PhD en Biología, con especialización en ecología, en la Universidad de Duke, Estados Unidos, en 2002.

Desde 2018 es investigador superior de CONICET. Fue fundador y actualmente dirige el Laboratorio GEA (Grupo de Estudios Ambientales) en la Universidad Nacional de San Luis, un lugar de referencia nacional para estudios ecohidrológicos y de teledetección.

Cuenta con 160 publicaciones en revistas de las más prestigiosas del mundo, así como también alrededor de 20 capítulos de libros. No sólo es respetado dentro de la comunidad científica, sino que desarrolla una activa comunicación pública de la ciencia e interacciones con actores sociales, como productores agropecuarios y encargados de planificación en el ámbito gubernamental. Recientemente fue elegido por la Fundación Konex entre las 100 personalidades de la última década de la Ciencia y la Tecnología en Argentina, dentro de la disciplina Ciencias Agrarias y de los Alimentos.

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