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Juan Rivarola nació el 27 de octubre de 1947 en la Ciudad de Buenos Aires. En 1963 se trasladó a Río Gallegos, donde inició su formación en la Escuela de Cadetes de la Policía Provincial, egresando en 1965 como oficial. Un año más tarde se radicó en Pico Truncado y en 1967 ingresó a Gas del Estado, empresa clave en el desarrollo energético del país.

Luego se fue a vivir a Caleta Olivia, donde desarrolló una intensa actividad sindical. Fue elegido representante gremial e integró la comisión directiva del sindicato, desde donde impulsó la defensa de los derechos laborales y de los recursos naturales.

En diálogo con La Opinión Austral, Juan recordó todo lo que vivió durante la última dictadura nacional.

“Teníamos un sindicato posicionado desde el punto de vista de la defensa de los recursos naturales”, recordó.

El Boulevard de la Memoria, recuerda a los detenidos de Caleta Olivia.

La persecución y la detención en 1977

Durante la última dictadura cívico-militar, su militancia sindical lo convirtió en blanco de persecución. En 1977, al advertir que otros dirigentes gremiales estaban siendo detenidos, decidió presentarse en la comisaría de Caleta Olivia acompañado por el padre Juan Luzovec, en un intento por resguardar su integridad.

“Me acompañó hasta la comisaría para preservar mi integridad física… en teoría”, relató.

Sin embargo, fue detenido y trasladado a la sede de la Policía Federal en Comodoro Rivadavia, donde fue sometido a torturas físicas y psicológicas. Luego fue derivado a Rawson y finalmente a la Unidad 15 de Río Gallegos, donde permaneció detenido durante 157 días.

Juan Rivarola, uno de los detenidos durante la última dictadura militar.

“Antes de ser enviado a Río Gallegos hubo tortura física en la Federal, además de la tortura psicológica en todo el proceso”, aseguró.

Rivarola vincula directamente su detención con su rol gremial: “Indudablemente esta postura incomodaba al proceso de las fuerzas armadas”, sostuvo.

La libertad y las consecuencias: años sin trabajo

Tras recuperar la libertad, su situación distó de normalizarse. Fue cesanteado de Gas del Estado y quedó excluido del trabajo formal durante años.

“Desde la detención fui declarado cesante… estuve 8 años sin sueldo, sin indemnización y sin trabajo”, expresó.

La persecución no terminó con su liberación. La estigmatización y el control sobre su figura dificultaron cualquier posibilidad de empleo: “Volví a Caleta Olivia, donde tampoco conseguía trabajo por ningún lado porque estaba marcado con todas las empresas”.

 

Ante esta situación, debió recurrir a trabajos informales para subsistir: “El primer trabajo que conseguí fue cargar arena a pala en la playa, como una changa”.

Incluso cuando consiguió trabajo en una distribuidora, continuaron las presiones:  “Fueron los servicios de inteligencia a presionar para que no me den trabajo. Y el dueño le dijo ‘Él es el mejor empleado que tengo, no lo voy a echar’”, recordó con mucha emoción.

El regreso con la democracia y la reconstrucción

Recién con el retorno de la democracia, en 1983, Rivarola logró ser reincorporado a Gas del Estado. En esa etapa se desempeñó en el área de seguridad industrial, retomando su actividad dentro del ámbito energético.

“Con el resto de compañeros que fuimos despedidos, volvimos a ser reincorporados pero esta vez en Cañadón Seco. Ahí necesitaban personas, empecé a hacer supervisión industrial porque uno de los puntos que logré en 1975 siendo paritario en Gas del Estado, fue sobre seguridad industrial y salud. Fue un convenio muy lindo que fue tomado como ejemplo de avance en la Organización Mundial del Trabajo. Fue una hermosa experiencia”.

Rivarola contó sobre el trabajo en Cañadón, “Estuve en la planta de Propano y Butano, donde se producían los tubos de 45 kg. Esos tubos iban a las Malvinas Argentinas”, recordó con lágrimas.

La historia de Juan, esta disponible en el boulevard. FOTO: TAMARA MORENO / LA OPINIÓN AUSTRAL.

Su historia refleja no solo la represión directa ejercida durante la dictadura, sino también las consecuencias prolongadas en la vida laboral y social de quienes fueron perseguidos por su compromiso sindical y político.

Un mensaje a las nuevas generaciones

A casi cinco décadas del golpe de Estado, Rivarola sostiene la necesidad de mantener viva la memoria y fortalecer la participación ciudadana.

Sin democracia no hay país, no hay posibilidad de expresarse libremente”, afirmó.

En ese sentido, dejó un mensaje dirigido especialmente a los jóvenes:  “Que participen y defiendan la democracia para que el Nunca Más sea permanente”, cerró.

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