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La historia de Romina Vanessa Pacheco es una de esas que condensan, en primera persona, el verdadero impacto de las políticas públicas territoriales. Su recorrido dentro de los Centros de Promoción Barrial (CPB) de Comodoro Rivadavia comenzó cuando apenas era una niña. Más de dos décadas después, ese mismo camino la encuentra del otro lado: hoy es docente de nivel inicial en un jardín maternal municipal.

Con 37 años, Romina trabaja actualmente en el Jardín Maternal del CPB San Martín, donde acompaña el desarrollo de bebés y niños pequeños. Su historia no solo refleja un crecimiento personal y profesional, sino también el rol fundamental que cumplen los jardines maternales municipales en el acompañamiento de cientos de familias de la ciudad.

Una historia que atraviesa generaciones

Hace más de veinte años, Romina era una de las niñas que asistía diariamente al CPB del barrio 30 de Octubre. En ese espacio pasó gran parte de su infancia, participando de talleres, actividades recreativas y propuestas de acompañamiento escolar.

Su vínculo con el lugar fue creciendo con el tiempo y marcó profundamente su vida.

“Pasaba prácticamente todo el día en el CPB. Había talleres de pintura, taekwondo, bijouterie, apoyo escolar. Era un lugar donde siempre encontrabas alguien dispuesto a escucharte. Más allá de las actividades, era un espacio de contención que para muchos chicos significaba muchísimo”, recordó.

Ese acompañamiento, asegura, fue determinante para su desarrollo.

“Los CPB me ayudaron a progresar. Primero fui una nena que participaba de los talleres, después ingresé a trabajar como personal de maestranza y hoy soy docente. Todo ese recorrido nació en estos espacios”, expresó.

Durante la mañana, Romina trabaja con bebés de entre tres y once meses, mientras que por la tarde acompaña a un grupo de doce niños de dos años.

Del trabajo de maestranza a convertirse en docente

El recorrido laboral de Romina dentro del Municipio comenzó hace siete años. Su ingreso fue como personal de maestranza, mientras avanzaba con su formación académica.

Con esfuerzo, estudio y trabajo simultáneo, logró cumplir su objetivo profesional.

“Empecé a trabajar en el Municipio hace siete años. Ingresé como personal de maestranza, estudié la carrera mientras trabajaba y este año pude comenzar como docente. Es muy emocionante porque yo también crecí en un CPB”, contó con orgullo.

Actualmente, desarrolla tareas en dos salas del Jardín Maternal del CPB San Martín. Durante la mañana trabaja con bebés de entre tres y once meses, mientras que por la tarde acompaña a un grupo de doce niños de dos años.

Para ella, cada jornada representa una oportunidad de devolver lo recibido.

“Hoy trato de devolver todo lo que yo recibí. Busco ofrecerles a los chicos un espacio de contención y también acompañar a las familias. Muchas veces recibimos mamás muy jóvenes o familias que atraviesan distintas situaciones y sentimos que podemos hacer una diferencia en la vida de esos chicos”, señaló.

El rol de los jardines maternales

Actualmente, el Municipio cuenta con 10 jardines maternales que funcionan de lunes a viernes en Centros de Promoción Barrial distribuidos estratégicamente en distintos sectores de Comodoro Rivadavia.

Estos espacios forman parte del trabajo que lleva adelante la Dirección General de Promoción Barrial, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia.

Más de 200 niños y niñas de entre 45 días y 2 años asisten a estos jardines maternales, donde reciben no solo acompañamiento pedagógico, sino también cuidado, alimentación y seguimiento integral.

El servicio incluye desayuno y almuerzo para toda la matrícula, además de un abordaje articulado con distintas áreas municipales para acompañar el desarrollo infantil y la realidad social de cada familia.

Mucho más que cuidado

Los jardines maternales municipales cumplen una función que va mucho más allá del cuidado diario. En cada actividad existe una planificación orientada al desarrollo integral de los niños.

El sistema cuenta actualmente con más de 40 docentes y auxiliares que trabajan con propuestas específicas para la primera infancia.

Desde la Dirección General de Promoción Barrial, Mirta Galarze destacó el valor de esta tarea.

“Existe una intencionalidad educativa en cada actividad que realizamos. Estimulamos el desarrollo motriz, cognitivo, del lenguaje y la socialización, pero también buscamos colaborar con la organización familiar. Muchas familias pueden sostener sus trabajos y organizar la dinámica con sus otros hijos gracias a que cuentan con estos espacios”, explicó.

Además, los jardines permanecen abiertos durante casi todo el año. Solo interrumpen actividades durante enero y la primera quincena de febrero, manteniendo el servicio incluso durante el receso invernal.

Esto permite a muchas familias sostener su organización cotidiana y compatibilizar la crianza con las obligaciones laborales.

Romina en su infancia también participaba de los talleres que ofrecía los Centros de Promoción Barrial.

Evaluación integral

El ingreso de niños y niñas a los jardines maternales municipales no responde únicamente a la disponibilidad de vacantes, sino a un proceso de evaluación integral.

Antes de cada ciclo lectivo, los equipos sociales de los CPB realizan visitas domiciliarias para conocer en profundidad la realidad de cada familia. Allí relevan condiciones habitacionales, dinámicas familiares y necesidades específicas de acompañamiento.

A partir de este diagnóstico, se establece un orden de prioridades que contempla especialmente situaciones de mayor vulnerabilidad social, derivaciones del Servicio de Protección de Derechos y casos que requieren atención prioritaria.

El objetivo es garantizar que el acceso al servicio llegue a quienes más lo necesitan.

Salud y neurodesarrollo

Como parte de esta política pública, la Municipalidad también articula con la Secretaría de Salud mediante el Programa de Neurodesarrollo.

Todos los niños que ingresan a los jardines maternales son evaluados por profesionales especializados para realizar un seguimiento de su crecimiento y desarrollo.

Cuando se detecta alguna dificultad, se activa un abordaje interdisciplinario con pediatras especialistas en neurodesarrollo, fonoaudiólogos, psicopedagogos, kinesiólogos, terapistas ocupacionales y otros profesionales.

De esta manera, se garantiza un acompañamiento integral no solo para los niños, sino también para sus familias.

Una experiencia piloto con impacto social

Este año, además, se implementó por primera vez una sala vespertina en el CPB San Martín como experiencia piloto. Romina forma parte del equipo docente a cargo de esta nueva propuesta.

Para ella, esta iniciativa tiene un valor profundamente simbólico.

“Me encanta ofrecerles lo que a mí me ofrecieron, ofrecer un espacio de contención que es fundamental, principalmente porque los chicos aprenden muchas cosas y uno los acompaña junto a los papás”, sostuvo.

Con la emoción de quien vivió ambas realidades, primero como niña y ahora como docente, dejó un mensaje claro sobre la importancia de sostener y fortalecer estos espacios.

“Es muy importante que sigan existiendo y que puedan seguir habiendo más salas, más CPB y más jardines, porque la familia lo necesita realmente”.

Su historia es también la historia de muchos vecinos de Comodoro Rivadavia: personas que encontraron en los Centros de Promoción Barrial un lugar de crecimiento, acompañamiento y oportunidades. Un recorrido que demuestra cómo la contención en la infancia puede transformarse, con el paso de los años, en una herramienta concreta para cambiar vidas.

EN ESTA NOTA Comodoro Rivadavia

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