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La aparición de ballenas muertas en Puerto Madryn y Península Valdés se intensificó en los últimos días, con ejemplares adultos y juveniles que se suman a la inusual cantidad de crías fallecidas desde junio.
Mientras los investigadores analizan distintas hipótesis, entre ellas una posible intoxicación asociada a la marea roja, crecen los cuestionamientos sobre el impacto ambiental y la necesidad de conocer las causas del fenómeno.
La mortandad de ballenas francas australes en las costas de Chubut encendió nuevas señales de alarma. Este lunes 12 de octubre se encontraron dos ejemplares sin vida en Puerto Madryn, frente al Centro Nacional Patagónico (CENPAT) y en las inmediaciones del muelle Piedra Buena. Los hallazgos se sumaron a otros registrados durante el fin de semana y elevaron a cinco la cantidad de animales que llegaron muertos a la costa en tres días, de acuerdo a los reportes locales.
El fenómeno se produce en una temporada que los especialistas consideran atípica por la cantidad de ejemplares fallecidos. Aunque desde junio se registraba principalmente la muerte de ballenatos, durante los últimos días también aparecieron juveniles y adultos, lo que abrió nuevas líneas de investigación.
Hipótesis sobre las causas de las muertes
El biólogo e investigador del CONICET Mariano Coscarella, integrante del Laboratorio de Mamíferos Marinos del CENPAT, explicó en diálogo con ADNSUR que el patrón observado recientemente podría responder a un proceso diferente del que afectó a las crías durante los meses anteriores.
“La verdad es que ha sido una temporada un poco atípica, hemos tenido más mortalidad de lo que normalmente tenemos, y lo que ha sucedido en los meses anteriores es que aparecían crías en la costa, pero este fin de semana han comenzado a aparecer animales juveniles y adultos”, precisó.
Según detalló, una de las principales hipótesis para explicar las muertes de los ejemplares de mayor edad está relacionada con la alimentación. Durante octubre, las ballenas comienzan a prepararse para migrar hacia sus áreas de alimentación y pueden ingerir algas vinculadas con fenómenos de marea roja, que producen toxinas capaces de afectar a los animales.
“La principal hipótesis que estamos trabajando es que en el mes de octubre las ballenas en el Golfo comienzan a prepararse para iniciar su viaje de alimentación y comienzan a alimentarse en el Golfo. Y, como ha sucedido en temporadas anteriores, por ejemplo en el 2024 o en el 2022, cuando se alimentan ingieren también algas de las que conocemos como las que producen la marea roja”, puntualizó.
Y agregó: “Eso afecta a los juveniles y adultos que están alimentándose. Lo que estamos viendo probablemente no sea el mismo fenómeno, pero estos son los primeros animales que hemos visto, se han tomado las muestras y habrá que analizarlo”.
La bacteria detectada en los ballenatos
En paralelo, los investigadores continúan estudiando las causas de la elevada mortalidad de crías registrada durante la temporada. Una de las líneas de trabajo apunta a Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria asociada con la erisipela, que puede provocar enfermedades sistémicas en cetáceos.
Coscarella señaló que los informes preliminares vinculan este microorganismo con las muertes de los ballenatos, aunque todavía se aguardan los resultados definitivos: “En el caso de las crías, por ejemplo, está la aparición de la bacteria que ha generado la enfermedad de erisipela, y los informes preliminares indican que es esta bacteria, pero faltan aún los informes finales”.
Advirtió que la presencia de la bacteria no alcanza, por sí sola, para explicar por qué se produjo una mortalidad tan elevada. “En temporadas pasadas las bacterias estaban, las ballenas estaban, las gaviotas estaban, y no tuvimos esta mortalidad. Algo ha cambiado y lo que estamos viendo es qué puede haber cambiado”, aseveró.
A su vez, entre los factores que se analizan se encuentran las condiciones ambientales. El investigador recordó que 2026 es un año Niño y mencionó que se registraron muertes de ballenas en otras regiones del mundo asociadas a variaciones climáticas. Sin embargo, aclaró que todavía no se identificó una causa definitiva para lo que sucede en Chubut.
“Lo que sí les pido a la comunidad en general es que no se acerquen a los animales y un poco de paciencia, porque esto es como cuando uno manda los análisis: te hacen una biopsia, los mandan a analizar y van a Bahía Blanca, y a lo mejor tardan un mes, un mes y medio en devolverte los resultados. Esto es lo mismo, y a eso le tenemos que sumar las restricciones presupuestarias que estamos teniendo en el sistema científico”, subrayó al mencionado portal.
Cuestionamientos por el impacto ambiental
La mortandad generó igualmente interrogantes acerca de la posible incidencia de las actividades humanas en el ecosistema marino.
En una publicación difundida por el espacio URBA Chubut -Urbanismo y Territorio, Guillermo Ebene Kent cuestionó la falta de explicaciones públicas y planteó la necesidad de investigar posibles fuentes de contaminación vinculadas con los basurales a cielo abierto, los residuos de la actividad pesquera y los vertidos cloacales en el Golfo Nuevo.
“Luego de varias semanas y cantidad de ejemplares sin vida (un número aún no establecido, o no comunicado, se especula más de doscientos animales) el silencio oficial y científico, de fundaciones ecológicas y gran parte de la prensa, es total”, escribió. Asimismo, puso en duda que la bacteria detectada permita explicar por sí sola el fenómeno.
“El consenso sería responsabilizar a una bacteria llamada erisipela, pero nadie explica cómo es que algunas mueren y otras no, o cómo ingresaría este patógeno al animal. Todos esquivan debatir el nivel de responsabilidad humana en estas muertes masivas”, reprochó Kent.
Seguidamente, aseguró que “está probada la presencia de basurales a cielo abierto y su efecto en los hábitos alimenticios de las gaviotas, que luego pican e infestan a las ballenas. Están probados los derrames de la industria pesquera, tanto de los barcos como de las plantas en tierra”.
Para cerrar, alertó: “Este proceso de muertes no termina, estamos hablando de un daño ambiental grave (…) No es difícil, lo que la sociedad quiere es una explicación, lógica y real de qué está sucediendo y que cambios reales vamos a llevar adelante para que esto se detenga y no vuelva a repetirse el año que viene”.
Por su parte, Coscarella indicó que, hasta el momento, los investigadores no identificaron cambios visibles en las actividades humanas de la costa que permitan establecer una relación directa con las muertes. Las posibles fuentes de contaminación y su incidencia requieren evaluaciones específicas, por lo que no hay elementos suficientes para atribuirles la mortandad.
Relevamientos y medidas de prevención
El 6 de septiembre, investigadores del CESIMAR-CONICET realizaron el primer censo aéreo de la temporada y contabilizaron 1.375 ballenas francas australes, de las cuales 409 eran crías. El número fue inferior a los 2.110 ejemplares registrados en 2025, aunque los especialistas advirtieron que las diferencias en las fechas de los relevamientos y la distribución de los animales impiden establecer una comparación directa.
Los equipos científicos continúan desarrollando relevamientos y tomando muestras para determinar la cantidad de ejemplares muertos, estimar cuántos ballenatos nacieron durante la temporada y establecer qué factores podrían explicar la mortandad.
Mientras avanzan los estudios, las autoridades solicitaron a la población no acercarse ni tocar a las ballenas que aparezcan varadas, estén vivas o muertas, y evitar que las mascotas entren en contacto con los cuerpos.
- Para informar sobre un ejemplar en la costa, se encuentra disponible el teléfono 280-4670760, correspondiente a la Dirección de Fauna y Flora Silvestre y la Secretaría de Ambiente de Chubut.
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