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La próxima semana, Dana García dejará Río Gallegos para comenzar uno de los desafíos más importantes de su vida. La nadadora del Club Hispano Americano viajará a San Juan, Puerto Rico, donde estudiará Psicología en la Universidad del Sagrado Corazón gracias a una beca deportiva integral que le permitirá continuar desarrollando su carrera dentro y fuera de la pileta.
“Estoy muy feliz, muy contenta, esperando que llegue la semana que viene porque ya me voy. Con muchas ansias de vivir toda esta experiencia y todo lo que conlleva“, expresó durante una entrevista en LU12 AM680, donde repasó el camino que la llevó hasta esta oportunidad.
La beca cubrirá la totalidad de sus estudios universitarios, el alojamiento en la residencia del campus, la alimentación, distintos insumos para su carrera y el equipamiento necesario para entrenar y competir, incluyendo las mallas de competición, uno de los elementos más costosos para cualquier nadador. Además, contará con una tarjeta para administrar sus gastos dentro de un campus que dispone de residencia, comedor, mercado y una piscina olímpica de 50 metros, una infraestructura difícil de encontrar en la Patagonia.
La historia de Dana con la natación comenzó cuando apenas tenía cuatro años. Empezó a nadar en el jardín de infantes y luego continuó en Mareas, donde permaneció hasta los diez años. Sin embargo, su deseo de competir apareció mucho antes de que pudiera hacerlo.
“Quería competir y ahí no se podía hasta ser mucho más grande. Dejé un año la natación, hice baile, que siempre me acompañó, pero seguíamos intentando entrar al Hispano“, recordó.
Ese momento finalmente llegó a principios de 2019. Con 11 años fue aceptada en el Club Hispano Americano, donde primero integró el preequipo y pocos meses después pasó a entrenar con Andrés Bicocca.
“Ahí llegó mi primer torneo y me encantó. Descubrí que era lo que realmente quería hacer“, contó.
La pandemia frenó momentáneamente su crecimiento, pero el regreso a los entrenamientos en 2022 marcó el inicio de una etapa de mayor exigencia. Bajo la conducción de Alejandro Amuchástegui comenzó a prepararse para objetivos mucho más ambiciosos.
“A fines de 2022 mi entrenador me dijo que íbamos a entrenar mucho más fuerte para intentar clasificar al Sudamericano Juvenil“, recordó.
El desafío era enorme. En sus pruebas competía con una nadadora que era campeona mundial junior, pero decidió apostar al trabajo.
“Me levantaba a las cuatro de la mañana para entrenar a las cinco y media“.
El esfuerzo tuvo recompensa. Consiguió las marcas necesarias para integrar por primera vez la Selección Argentina y en ese Sudamericano obtuvo la medalla de bronce.
“Fue mi primera medalla con la Selección. Todo el esfuerzo dio sus frutos.”
Desde entonces, su crecimiento no se detuvo. En 2024 volvió a representar a la selección argentina en competencias disputadas en Brasil y, poco después, realizó una pretemporada de tres meses en el club Grêmio.
“Lo lindo de estas oportunidades es animarse. Capaz después no son tan coloridas como uno imagina, pero justamente eso también las hace increíbles”, reflexionó.
Ese año volvió a integrar el seleccionado nacional para disputar la Copa Pacífico en Bolivia, donde nuevamente sumó medallas para la Argentina. En total, Dana ya representó al país en cuatro oportunidades.
“Representar a la Argentina es algo muy lindo. Tenemos mucho sentido de pertenencia. Lo que más disfruto es cantar el Himno antes de competir.”
Mientras seguía creciendo como deportista también comenzó a pensar en su futuro académico: “Quería estudiar y seguir nadando. En Argentina es muy complicado por los tiempos y los costos, así que empecé a buscar una beca en el exterior.”
Entre distintas alternativas, la Universidad del Sagrado Corazón apareció como la mejor opción.
“Me gustó mucho. Además, como en Puerto Rico se habla español, el idioma también fue un punto importante porque el inglés no es mi fuerte.”
Las conversaciones con la institución comenzaron el año pasado y durante este año llegaron los meses de trámites, documentación, la homologación del título secundario y la gestión de la visa.
“Primero me la rechazaron por todo el contexto que está viviendo Estados Unidos, pero después finalmente me la aprobaron por un año y medio.”
La nueva etapa también implicará una despedida difícil. Dana reconoce que dejar su casa será uno de los mayores desafíos.
“Mi mamá Loreta está mucho más nerviosa y ansiosa. Mi papá Heraldo demuestra menos, pero también lo siente. Y mi hermano Sebastián tiene 12 años; va a ser raro porque me voy a perder toda su adolescencia.”
Más allá de la distancia, asegura que el apoyo de su familia fue fundamental durante todos estos años, al igual que el acompañamiento de sus entrenadores.
“Están igual de locos que yo. Siempre aparecen con nuevos desafíos y yo los sigo en todo.”
También destacó la importancia del aspecto mental dentro del deporte de alto rendimiento.
“Tengo mi psicóloga porque llega un momento en que necesitas entender muchas cosas. La natación es un deporte muy solitario; pasas horas con la cabeza abajo del agua y aparecen muchos pensamientos. Soy muy autoexigente y siempre quiero más.”
Precisamente por esa experiencia eligió estudiar Psicología, con la intención de especializarse algún día en Psicología Deportiva.
Hoy, mientras cuenta los últimos días antes de subir al avión, reconoce que la ansiedad convive con un poco de miedo.
“Ahora ya falta muy poco. Tengo un poco más de miedo, pero sobre todo estoy muy contenta y con muchas ganas de empezar.”
Después de años de madrugadas, entrenamientos interminables, competencias, viajes y sacrificios, Dana García iniciará una nueva etapa que representa mucho más que una beca universitaria. Será la continuidad de un sueño construido a fuerza de sacrificio, perseverancia y pasión por la natación, llevando una vez más el nombre del Club Hispano Americano, de Río Gallegos y de la Argentina hacia nuevos desafíos.











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