Your browser doesn’t support HTML5 audio
El básquet formativo de Hispano Americano volvió a ser protagonista en la Liga Promesas de la Patagonia. Las categorías U13, tanto femenina como masculina, cerraron su participación con resultados que reflejan el trabajo realizado durante toda la temporada: las chicas se consagraron campeonas de la Copa de Plata y los varones alcanzaron el subcampeonato de la Copa de Oro.
Los profesores Christian Smart, Matías Granatelli y Agostina Aminahuel, junto a los jugadores Felipe Guitard y Bautista Garbo y las jugadoras Rocío Godoy, Juana González y Julia Verbes, compartieron sus sensaciones en una entrevista con LU12 AM680, donde repasaron el camino recorrido, las finales disputadas y todo lo que significó competir en Río Turbio.

Para el plantel femenino, la definición de la Copa de Plata significó mucho más que la obtención de un título. También representó la posibilidad de atravesar una experiencia novedosa, marcada por la intensidad del partido y por el particular clima que se vivió en las tribunas.
Christian Smart, integrante del cuerpo técnico de la U13 femenina junto a Agostina Aminahuel, destacó la importancia de haber podido cerrar el proceso con un campeonato. “Todo lo que ellas vienen trabajando durante el año, poder cerrarlo con un campeonato es la frutillita al postre”, expresó.
La final fue de enorme paridad y se mantuvo punto a punto durante buena parte del encuentro. Hispano logró sostenerse en un partido de mucha intensidad y encontró el quiebre en los minutos decisivos para quedarse con la victoria y levantar la Copa de Plata.
A la tensión propia de una definición se sumó el importante acompañamiento del público local. Bombos, cánticos y una tribuna muy activa generaron un escenario al que las jóvenes jugadoras santacruceñas no estaban acostumbradas.
Agostina Aminahuel contó que fue una experiencia nueva para las chicas y recordó uno de los momentos de mayor tensión de la final, cuando el marcador se mantenía igualado y desde el banco comenzaron a rezar ante cada jugada. “Es una adrenalina hermosa que ellas no conocían”, señaló.
Las jugadoras también reflejaron lo vivido dentro de la cancha. Juana González contó que el encuentro fue “muy nervioso” y destacó la capacidad del equipo para reaccionar cuando Río Turbio había logrado tomar ventaja en el marcador. Hispano consiguió frenar la reacción del rival y terminó imponiéndose por diez puntos.
Julia Verbes, por su parte, remarcó que fue un partido duro y que, pese a las dificultades y al desarrollo punto a punto, el equipo pudo remontarlo y quedarse con el título. Rocío Godoy también resaltó la importancia de seguir dando lo mejor en cada entrenamiento y utilizar cada derrota como una oportunidad para mejorar.
En el caso de los varones, la campaña tuvo un condimento especial. Durante la temporada, Hispano había protagonizado partidos muy equilibrados ante Río Turbio, con resultados que habían dejado al equipo con ganas de tomarse revancha.
Felipe Guitard recordó que el torneo comenzó a principios de año y que los enfrentamientos ante el conjunto local siempre fueron muy disputados. “Siempre estuvo muy peleado. La vez que fuimos perdimos uno y ganamos el otro con Turbio, y ahora nos quedamos con las ganas de ganarle de vuelta”, explicó.
La revancha finalmente llegó y el equipo masculino logró imponerse en uno de los partidos que tenía marcados como objetivo. Bautista Garbo también recordó la paridad existente desde el comienzo de la competencia y destacó las ganas que tenía el grupo de volver a enfrentarse al rival.
El camino de los chicos también incluyó otro partido de enorme exigencia ante San Miguel. El conjunto de Hispano llegó a estar 15 puntos abajo, pero logró reaccionar y terminó dando vuelta el marcador para ganar por seis unidades. Para los entrenadores, ese tipo de remontadas reflejan el crecimiento que los jugadores vienen teniendo tanto en lo deportivo como en lo emocional.

Matías Granatelli explicó que uno de los principales desafíos durante los partidos es ayudar a los jóvenes a controlar las emociones y concentrarse en su propio juego, especialmente cuando el contexto externo puede resultar adverso.
“Trato de transmitirles esa seguridad y que se concentren en ellos, que confíen en sus compañeros, pero sobre todo en ellos mismos”, señaló el entrenador, quien también destacó el esfuerzo que realizan los jugadores durante toda la semana.
Los chicos y chicas entrenan varias veces por semana y, en muchos casos, resignan tiempo con amigos, cumpleaños o actividades familiares para estar en el club. Por eso, para el cuerpo técnico, poder disputar este tipo de competencias y vivir experiencias como las finales de la Liga Promesas representa también una recompensa al esfuerzo cotidiano.
Uno de los grandes ejes de la charla fue la necesidad de encontrar el equilibrio entre competir y disfrutar. Los entrenadores coincidieron en que, si bien a estas edades comienza a aparecer con mayor fuerza el deseo de ganar, el deporte no debe perder nunca su carácter lúdico.
“Uno quiere ganar y quiere tratar de ser lo más competitivo posible, pero no deja de ser un juego y hay que divertirse”, sostuvo Smart.
Los propios jugadores reconocieron que aprender a manejar las derrotas y la frustración forma parte de este proceso. Felipe Guitard contó que suele quedarse con bronca cuando pierde, aunque encuentra tranquilidad en saber que dejó todo dentro de la cancha. Las jugadoras también admitieron que no siempre resulta sencillo cambiar el chip de la diversión hacia una competencia más exigente.

Julia Verbes explicó que después de una derrota suele pensar que podría haber dado algo más, aunque sus entrenadores le recuerdan que también es importante reconocer cuando el trabajo realizado fue bueno. Esa capacidad de analizar lo sucedido y buscar una mejora es precisamente uno de los aspectos que el cuerpo técnico intenta fomentar.
Agostina Aminahuel destacó que los partidos sirven como aprendizaje para los entrenamientos posteriores, donde se analizan errores, se corrigen situaciones y se trabaja para llegar mejor al próximo compromiso, pero siempre procurando que el disfrute permanezca presente.
En la rama femenina, además, el cuerpo técnico encontró durante este año una nueva manera de trabajar que permitió que todas las jugadoras compartieran los mismos estímulos de entrenamiento. La decisión generó una competencia interna sana y produjo un crecimiento general del plantel.
Aminahuel explicó que esta metodología incluso hizo más difícil la elección de las jugadoras que integran cada convocatoria, porque el nivel de competencia interna aumentó y todas comenzaron a tener mayores posibilidades de ganarse un lugar.
En la final ante Río Turbio, dos jugadoras que durante buena parte del año habían competido por un lugar terminaron compartiendo minutos decisivos y tuvieron un muy buen rendimiento. Para el cuerpo técnico, ese es uno de los mejores ejemplos del crecimiento que puede producir una competencia interna saludable.
En el equipo masculino, Matías Granatelli explicó que el objetivo también es que los jugadores experimenten las distintas posiciones que existen dentro de la cancha. La intención es brindarles herramientas desde pequeños para que puedan adaptarse a los cambios que naturalmente aparecen durante su desarrollo deportivo.
Felipe Guitard, por ejemplo, contó que se siente especialmente cómodo manejando la pelota y destacó el entendimiento que tiene con sus compañeros para trasladarla y generar juego.
Pero detrás de los resultados deportivos también existe un importante esfuerzo de las familias, los dirigentes y toda la institución. Los entrenadores remarcaron que las distancias que deben recorrer los equipos santacruceños para participar de competencias regionales implican un esfuerzo logístico y económico considerable.

Christian Smart destacó el trabajo conjunto que existe entre jugadores, familias, docentes y dirigentes para hacer posible cada viaje y cada competencia. En ese sentido, señaló que los logros obtenidos por los chicos también son una satisfacción para toda la institución.
El entrenador también puso en valor el carácter formativo de los encuentros y el vínculo que se genera entre los jugadores de distintos clubes. Muchos de los chicos que se enfrentan dentro de la cancha después comparten colegio, otros deportes o diferentes actividades fuera del básquet.
El acompañamiento de los jugadores de la U13 masculina de Hispano a sus compañeras durante la final fue una muestra de ese espíritu de equipo y pertenencia. Los propios entrenadores destacaron el apoyo que brindaron los varones desde las tribunas durante el partido decisivo.
La temporada todavía tiene nuevos desafíos para los planteles. Desde Hispano trabajan en la organización de un torneo en Río Gallegos y, en octubre, está previsto otro importante compromiso organizado por Sokol, con participación de equipos de distintos puntos del sur argentino y delegaciones provenientes de Chile.
Será otra oportunidad para que los jóvenes continúen sumando minutos, experiencias y aprendizajes en un contexto competitivo.
Mientras las copas obtenidas en Río Turbio quedan como el reconocimiento visible de una temporada de trabajo, el verdadero objetivo del proyecto formativo de Hispano Americano aparece en un plano más amplio: que los chicos y chicas aprendan a competir, a superar la frustración, a compartir con sus compañeros y, sobre todo, a disfrutar del deporte.

El campeonato de la U13 femenina y el subcampeonato de la U13 masculina son, en definitiva, dos nuevos capítulos de un proceso que el club viene construyendo desde sus categorías formativas, con el acompañamiento de entrenadores, familias y dirigentes.
Porque más allá del resultado final, en Hispano saben que cada partido, cada entrenamiento, cada viaje y cada experiencia compartida forman parte de un aprendizaje que continuará mucho después de que las luces de una final se apaguen.
Leé más notas de La Opinión Austral
Compartir esta noticia