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La tragedia registrada recientemente en la frontera entre Nepal y China volvió a poner el foco sobre los riesgos asociados a la inestabilidad de los ambientes de montaña. En El Chaltén, investigadores estudian un escenario diferente, pero con un punto en común: el movimiento de grandes masas de hielo, roca y sedimentos puede generar fenómenos abruptos difíciles de anticipar sin monitoreo permanente.
El investigador del Instituto de Estudios Andinos “Don Pablo Groeber” (UBA-CONICET), Diego Winocur, explicó este lunes que científicos vinculados al Conicet siguen de cerca una ladera ubicada en las cabeceras de un glaciar y que desemboca directamente sobre un lago.
“Estamos estudiando lo que es el riesgo de un proceso similar al que ocurrió en Nepal, no es el que ocurrió directamente, pero lo que sucede es que hay una parte de una ladera que se está moviendo lentamente”, señaló Winocur en diálogo con Eduardo Feinmann, en el programa “Alguien tiene que decirlo” de Radio Mitre
El escenario que preocupa en El Chaltén
De acuerdo con el investigador, la ladera en movimiento se encuentra vinculada a un glaciar ubicado en las cabeceras y desemboca directamente en un lago. El principal riesgo se produciría si esa masa se desprendiera de manera abrupta.
“Y esa ladera desemboca directamente en un lago. Y si eso se cae abruptamente, ese lago puede desbordarse y es de donde nace el río Fitz Roy y ese río Fitz Roy pasa por El Chaltén”, explicó.
El posible encadenamiento del fenómeno es el motivo de la advertencia científica: un desprendimiento repentino podría generar un desborde del lago y el agua avanzar posteriormente por el río Fitz Roy, que atraviesa la localidad.
Por eso, los investigadores buscan avanzar en un mecanismo que permita detectar cambios y advertir con anticipación a quienes se encuentren en las zonas potencialmente expuestas.
“Estamos como alertando de que hay un potencial riesgo de que eso suceda y, bueno, estamos queriendo establecer un sistema de alerta temprana para avisar a la población de que eso puede llegar a suceder”, afirmó Winocur.
Qué relación tiene el caso de Nepal con El Chaltén
El antecedente ocurrido en Nepal puso en evidencia las consecuencias que puede tener un colapso repentino en un ambiente de montaña. Según explicó Winocur, una de las hipótesis más aceptadas sobre aquel episodio sostiene que colapsó el frente de un glaciar.
“Sí, sí, fue tremendo lo que pasó. De hecho, hay distintas hipótesis. La más aceptada hasta el día de hoy es que colapsó el frente de un glaciar que cayó verticalmente por más de 100 metros y se sublimó, o sea, que se derritió todo ese volumen de hielo y pasó a ser agua”, relató.
Ese proceso produjo un incremento del caudal y el desplazamiento de agua, tierra y lodo hacia las poblaciones ubicadas aguas abajo.
“Y generó el aumento del caudal del río y atravesó todos los pueblos que estaban por debajo, llevándose tierra, lodo y lamentablemente gente también”, agregó.
El investigador remarcó que el caso que estudian en Santa Cruz no es el mismo fenómeno ocurrido en Nepal, pero consideró que el antecedente sirve para observar la importancia del monitoreo de las masas glaciarias y de las laderas asociadas.
El calentamiento global y la estabilidad de los glaciares
Para Winocur, el calentamiento global constituye un condicionante central en la transformación de los glaciares y en la desestabilización de sus frentes.
“Y digamos, lo primero es asociado al calentamiento global, que todos los glaciares actualmente están retrocediendo y cuando retroceden por el aumento de la temperatura hay una desestabilización dentro de ese frente glaciario y genera colapsos como muy grandes y abruptos que si no se monitorean no los podemos predecir”, explicó.
El investigador señaló que la observación directa no resulta suficiente para conocer cómo evoluciona una estructura de estas características. El monitoreo permite identificar movimientos que de otro modo podrían advertirse recién después de que ocurra un desprendimiento.
“O sea, mirando a simple vista es difícil si no tenemos un monitoreo de cómo se va moviendo ese glaciar”, sostuvo.
En ese sentido, consideró que el aumento de las temperaturas modifica las condiciones de estabilidad del sistema: “Entonces, creemos que, digamos, el calentamiento es un condicionante necesario para que eso suceda. Si no, o sea, si la temperatura media, el glaciar está estable, no debería suceder en ese sentido”.
El principal problema: monitoreo insuficiente
Uno de los puntos centrales de la advertencia de los investigadores es la falta de instrumentación que permita seguir en tiempo real el comportamiento de la ladera.
Winocur explicó que actualmente el seguimiento se realiza de manera indirecta mediante imágenes satelitales, pero que la frecuencia de esas observaciones no permite contar con una respuesta inmediata frente a un cambio repentino.
“En realidad, lo que necesitamos es justamente monitorear esa ladera que puede llegar a caerse abruptamente. Actualmente no tenemos esa manera de hacerlo porque, bueno, estamos bajos en presupuesto”, afirmó.
El investigador explicó que el equipo viene siguiendo el comportamiento de manera indirecta y que las imágenes permiten observar la zona, aunque con una demora que puede resultar determinante frente a un evento súbito.
“Pero lo mejor sería tratar de ver cómo se mueve ese comportamiento porque lo venimos siguiendo de manera indirecta, pero no tenemos una relación directa con el lugar. O sea, sí lo vemos a través de imágenes satelitales, pero que pasan cada dos o tres días”, detalló.
La limitación es concreta: si el desprendimiento ocurre entre una observación satelital y la siguiente, el evento podría ser detectado cuando ya se produjo.
“Y, bueno, si algo sucediera, no tenemos la manera de predecirlo porque ya lo vamos a ver cuando ya haya sucedido y eso es nuestro temor”, remarcó.
El pedido para establecer un sistema de alerta temprana
Ante ese escenario, los investigadores plantean la necesidad de establecer un sistema que permita detectar un posible evento y transmitir rápidamente la información a la población.
El objetivo no es afirmar que el desprendimiento vaya a ocurrir, sino contar con herramientas para reducir los tiempos de reacción si se produce un cambio abrupto.
Los estudios realizados por los investigadores ya fueron entregados a organismos que podrían intervenir ante una emergencia.
“Si alertamos a la población, si estamos en contacto con ellos, nuestros estudios se los dimos a Parques Nacionales, a Bomberos, a Defensa Civil y están tratando de armar al menos un protocolo”, indicó Winocur.
Ese protocolo permitiría establecer una respuesta frente a un eventual desborde y avanzar en medidas destinadas a disminuir sus consecuencias.
“Si algo sucede, poder generar de alguna manera mitigar el impacto de que eso vaya a suceder”, explicó.
Sin embargo, el investigador volvió a marcar la principal dificultad que enfrenta actualmente el trabajo científico: la falta de instrumentación específica para realizar un monitoreo permanente de la ladera.
“Hoy en día no lo podemos predecir porque no tenemos la instrumentación asociada al monitoreo de esa ladera”, concluyó Winocur.
La advertencia científica no anticipa una fecha
El planteo de los investigadores se concentra en la prevención. El movimiento de una ladera y la existencia de un escenario potencial de riesgo no permiten establecer por sí mismos cuándo podría producirse un eventual desprendimiento.
La preocupación radica precisamente en la dificultad para anticipar un fenómeno abrupto si no existen instrumentos capaces de registrar de manera continua los cambios en la estructura.
En este contexto, el antecedente de Nepal funciona como referencia para dimensionar la importancia de contar con sistemas de observación y alerta en zonas donde las condiciones de montaña pueden desencadenar procesos rápidos.
Para los investigadores, la prioridad es contar con información en tiempo real que permita actuar antes de que un posible desprendimiento alcance el lago y genere consecuencias aguas abajo.
El pedido apunta, de esta manera, a transformar el seguimiento científico en una herramienta de prevención para El Chaltén: detectar a tiempo, alertar a la población y contar con un protocolo de respuesta ante un eventual evento.
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