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Se concretó una nueva reunión en la Comisión de Energía y Combustibles de la Cámara de Diputados de la Nación y se analizó el mercado energético argentino y su inserción en el mundo. Participaron Martín Kaindl, director de Relaciones Institucionales del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG); Maia Goldin, gerente de Estrategia en YPF; Federico Mancuso, gerente Ejecutivo de Asuntos Públicos de YPF,y Oscar Sardi director general de Transportadora Gas del Sur. La comisión fue presidida por el diputado Facundo Correa Llano (LLA).
Contexto energético global
Argentina en el escenario energético internacional fue el primer eje desarrollado por Martín Kaindl. Explicó que más de tres cuartas partes de la matriz energética primaria mundial están basadas en combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas.
De los combustibles fósiles, el carbón es el que mayores emisiones genera, emitiendo entre cinco y diez veces más gases de efecto invernadero que el gas natural. Esto representa un factor determinante en el nivel de emisiones a escala internacional.
Señaló que Argentina prácticamente no posee carbón y cuenta con una “matriz energética relativamente limpia”. Los siete países más desarrollados del mundo tienen matrices con una presencia significativa de carbón, un recurso sumamente abundante y económico. “Hay muy pocos yacimientos locales de carbón y la calidad de este no es buena. Por este motivo, la matriz nacional no está asentada en el carbón, sino basada principalmente en el gas natural”, describió.
Esta configuración gasífera se relaciona de forma directa con el “descubrimiento del yacimiento Loma La Lata a fines de la década de 1970“. Se trató de un hallazgo de escala gigante que en su momento fue caso de estudio en congresos geológicos internacionales. Este yacimiento permitió gasificar el país desde los años 80 y consolidó una estructura donde el gas es el insumo preponderante.
En cambio, las matrices de generación de potencias como Estados Unidos o China se basan en gran medida en el carbón, con una presencia especialmente dominante en el caso chino. Ocurre lo mismo al observar la matriz eléctrica de la India o la de diversos países europeos como Alemania y Polonia, donde la participación del carbón es amplia.
Esto es fundamental al evaluar la reducción de emisiones y los compromisos ambientales asumidos. Enfatizó que para una nación con alto consumo de carbón, bajar los niveles de emisión resulta técnicamente más sencillo. Para Argentina, en cambio, reducir las emisiones -que constituye un objetivo válido- resulta un reto complejo, dado el punto de partida relativamente limpio de su matriz. Se requiere un conocimiento preciso de la estructura energética antes de suscribir compromisos que luego puedan presentar dificultades de implementación.
Entre los años 2023 y 2024, la matriz energética mundial creció un 2,2%. Este incremento se distribuyó entre un 38% de renovables, un 28% de gas natural, un 15% de carbón, un 11% de petróleo y un 8% de energía nuclear. En consecuencia, el 54% de la energía adicionada en ese período correspondió a fuentes fósiles.
Según indicó el representante del IAPG, en la actualidad no se está produciendo una transición estricta, sino una adición de fuentes. Si bien la incorporación de renovables es positiva, las cifras indican que estas no resuelven por sí solas el problema y que los combustibles fósiles aún cumplen un rol central.
Los combustibles fósiles seguirán siendo una parte sustancial del abastecimiento energético global. La proyección hacia el año 2050 elaborada por la Agencia Internacional de Energía (AIE) -organismo vinculado a la OCDE y con una perspectiva favorable a las renovables- señala que casi el 60% de la matriz mundial continuará dominada por fósiles, manteniendo un 16% de participación del carbón.
Martín Kaindl planteó que reemplazar el carbón destinado a la generación eléctrica por gas natural disponible a nivel global permitiría bajar sensiblemente las emisiones. Pero presenta complejidades operativas severas, en particular dentro del sector transporte. La electrificación avanza en los automóviles particulares, pero no resuelve los requerimientos del transporte de carga, el transporte marítimo ni el aeronáutico. La densidad energética contenida en el tanque de un vehículo convencional se obtiene mediante un proceso de carga simple, rápido y económico, difícil de equiparar con otras tecnologías actuales.
“A la transición energética se suma la necesidad de considerar la creación y preservación de empleo, la mejora en la calidad de vida y la incorporación de más de mil millones de personas que hoy carecen de suministro eléctrico formal en el mundo. Muchas de estas poblaciones recurren a la quema de biomasa o madera, lo cual genera altos niveles de emisión”, describió.
Por lo tanto, los desafíos globales no sólo implican reducir las emisiones existentes, sino también abastecer a la población sin acceso actual a la energía y responder al crecimiento demográfico proyectado. Desde la perspectiva del IAPG, el principal objetivo inicial debería enfocarse en sustituir el carbón por gas natural.
Por último, analizó los drásticos cambios en los flujos globales del sector energético internacional durante los últimos veinte años. En mapas históricos de hace dos décadas, Medio Oriente figuraba como el gran proveedor y Estados Unidos como el principal demandante hacia donde convergían las líneas de suministro.
A partir del desarrollo y la revolución del shale desde 2005 hasta el presente, Estados Unidos pasó de ser uno de los mayores demandantes a convertirse en el principal productor y exportador de petróleo y gas natural, situándose junto a actores tradicionales como Arabia Saudita en petróleo y Rusia en gas.
Este cambio reconfiguró la lógica comercial, económica y geopolítica global. En ese nuevo mapa de flujos energéticos, Argentina comienza a tener una figuración visible a nivel internacional gracias al desarrollo de la formación Vaca Muerta, cuyo nivel de producción ya le permite posicionarse dentro de los gráficos globales de hidrocarburos.
Petróleo y gas en Argentina
Kaindl explicó que en Argentina existen 24 formaciones geológicas donde se registraron condiciones para la generación de petróleo. Tras más de 100 años de exploración, sólo cinco de esas cuencas han estado y continúan en producción: la Cuenca Norte (en Salta y Jujuy), la Cuenca Cuyana (en Mendoza), la Cuenca Neuquina (Neuquén, Río Negro y el sur de Mendoza), la Cuenca del Golfo San Jorge (sur de Chubut y norte de Santa Cruz) y la Cuenca Austral (sur de Santa Cruz y Tierra del Fuego).
Remarcó que la cuenca de menor antigüedad acumula casi 80 años de actividad, lo que evidencia que las explotaciones convencionales son maduras. Mantener su nivel de producción exige un esfuerzo operativo de inversión cada vez mayor.
En paralelo, se refirió al desarrollo de la exploración offshore, destacando los trabajos en la Cuenca Argentina Norte (ubicada a entre 300 y 400 kilómetros de la costa de la provincia de Buenos Aires) y en la Cuenca Malvinas Oeste (al oeste de las islas Malvinas). En estas zonas se avanzó en la adquisición sísmica en aguas profundas. No obstante, recordó que el país ya cuenta con producción offshore de gas en aguas someras en las costas de Tierra del Fuego, fuente que abastece aproximadamente el 20% del consumo nacional de gas natural.
Actualmente, el foco de la industria está concentrado en Vaca Muerta. La formación Los Molles, ubicada a más de mil metros por debajo de Vaca Muerta, contiene recursos de gas conocidos, pero permanece en segundo término ante la prioridad del desarrollo no convencional principal.
En relación con el volumen de los recursos no convencionales, citó el relevamiento realizado en 2013 por la Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA), que ubicó a Argentina en el segundo lugar mundial en recursos de gas no convencional, con 802 trillones de pies cúbicos (TCF), y el cuarto en petróleo no convencional, con 26.000 millones de barriles acumulados entre todas sus rocas shale.
Para poner en dimensión estas cifras, el representante del IAPG recordó que “el consumo anual de gas en Argentina no alcanza los 2 TCF. Específicamente sobre Vaca Muerta, la EIA le asignó 308 TCF de gas y 16.000 millones de barriles de petróleo. Este último número equivale a la producción total histórica de petróleo convencional del país desde el descubrimiento en Comodoro Rivadavia en 1907 hasta el año 2023”.

Exportaciones
En cuanto al comportamiento de la producción petrolera, los datos a mayo pasado indicaban un volumen de 887.000 barriles diarios, superando posteriormente los 900.000 barriles por día, en camino hacia la meta de un millón de barriles diarios. Décadas atrás, la producción convencional se encontraba en declino y el país se perfilaba hacia un escenario de alta dependencia de las importaciones.
Actualmente, la Argentina exporta 268.000 barriles diarios de petróleo. Las cifras de venta al exterior continuarán en aumento en la medida en que se habiliten los proyectos e instalaciones de transporte en marcha, ya que la infraestructura histórica no estaba dimensionada para el potencial actual.
En materia de gas natural, la producción se ubica en 155 millones de metros cúbicos diarios. Kaindl explicó que las importaciones registradas responden a picos estacionales de consumo invernal. Dado que la exportación y el transporte de gas requieren obras de gran magnitud, la logística difiere de la del petróleo.
Planteó que, más allá del concepto de autoabastecimiento, la Argentina debe orientarse hacia un esquema de abastecimiento inteligente o eficiente. Debido a la marcada estacionalidad de la demanda doméstica, resulta técnicamente más eficiente importar un buque de gas para cubrir picos de consumo de una o dos semanas en lugar de poner en marcha un yacimiento para un período tan breve. Concluyó ratificando que el país cuenta con recursos excedentes de petróleo y gas, pero sosteniendo que la eficiencia logística resulta determinante para la sostenibilidad del sistema.
YPF
Maia Goldin, gerente de Estrategia de YPF, señaló que las estimaciones actuales de la compañía en la generación de divisas para la Argentina supera los 40.000 millones de dólares anuales en exportaciones energéticas —con variaciones sujetas a la volatilidad del precio internacional del crudo Brent—. Esta proyección implica más que duplicar la producción de petróleo respecto a los niveles de 2025 y casi duplicar la producción de gas natural obtenida al cierre de ese mismo año.
Sostuvo que el cumplimiento de esta meta se fundamenta en dos factores principales: la calidad del recurso y la sinergia de la industria. Por un lado, Vaca Muerta ocupa el cuarto lugar mundial en recursos de shale oil y el segundo en shale gas. Informes de consultoras internacionales como Rystad Energy y Wood Mackenzie ratifican la calidad de la roca y señalan que los estándares de productividad y eficiencia alcanzados en el yacimiento igualan o superan a los de Estados Unidos.
Asimismo, hizo referencia a las grandes obras de infraestructura en desarrollo, como el proyecto Vaca Muerta Sur, Southern Energy y Argentina LNG. En conjunto, estos desarrollos proyectan un flujo de inversiones cercano a los 130.000 millones de dólares en un plazo estimado de cinco a seis años.
Conclusiones
Argentina cuenta con una industria desarrollada a lo largo de casi 120 años. Permitió formar profesionales de primer nivel, consolidar fabricantes y prestadores de servicios locales, y atraer empresas de exploración y producción nacionales e internacionales de estándar global. La velocidad en la curva de aprendizaje y el nivel de desarrollo alcanzado en Vaca Muerta no habrían sido posibles sin ese entramado profesional y técnico previo.
En segundo término, la geología de Vaca Muerta se ubica entre las mejores y más productivas del mundo. Pese a los avances logrados, el potencial pendiente es enorme, por lo cual resulta indispensable sostener condiciones que faciliten inversiones de gran magnitud.
Kaindl subrayó que la alta productividad del yacimiento le otorga una huella de carbono comparativamente baja. Vaca Muerta es un proyecto enfocado estructuralmente en la exportación, dado que la magnitud de los volúmenes proyectados excede la capacidad de absorción del mercado interno y justifica las grandes obras de infraestructura en marcha.
Por último, reiteró que la producción convencional mantiene una importancia estratégica. Enfatizó la necesidad de garantizarle condiciones operativas acordes a sus características particulares para sostener su actividad, argumentando que su continuidad es clave tanto para el balance energético nacional como para la economía de las comunidades y provincias.
Efecto multiplicador: generación de empleos
Respecto al impacto socioeconómico del sector, Martín Kaindl presentó datos sobre la generación de puestos de trabajo a partir de un estudio elaborado en 2021 por el entonces Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación.
Según el informe, la industria del petróleo y del gas lidera la creación de empleo indirecto e inducido frente al resto de las actividades productivas, registrando un efecto del 83,6% en empleo indirecto/inducido frente a un 16,4% de empleo directo.
Esta relación implica que por cada puesto de trabajo directo creado en el sector se generan 6,1 empleos indirectos e inducidos a nivel nacional. El representante del IAPG destacó además la calidad de estas plazas laborales, señalando que se caracterizan por ser formales y contar en su gran mayoría con niveles de retribución medios a altos, lo que constituye un aspecto central en el impacto económico que proyecta el desarrollo no convencional.
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