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En el Salón Cultural de Las Heras, la comunidad se reunió este 24 de marzo para conmemorar los 50 años del último golpe cívico-militar en Argentina. El acto fue presidido por el presidente del Honorable Concejo Deliberante, Mauricio Gómez, junto al juez del Juzgado de Instrucción N°1, Eduardo Quelín, y contó con la participación de los concejales Walterina Pacheco Vera, Romina Trotta, Tomás Montero, funcionarios del ejectuvio municipal y representantes de instituciones y vecinos.
Durante la jornada, el eje estuvo puesto en la necesidad de sostener la memoria colectiva, con una mirada que también incluyó lo ocurrido en el sur del país, donde durante años muchas de las historias permanecieron en silencio.
En ese marco, el presidente del Concejo Deliberante, Mauricio Gómez, planteó que la memoria no es un proceso cerrado, sino una construcción que continúa con el paso del tiempo. En diálogo con La Opinión Austral, señaló que en Santa Cruz todavía se siguen conociendo casos y testimonios que permiten dimensionar lo ocurrido durante la dictadura.
“Nosotros venimos reconstruyendo la historia hace varios años, charlando con familiares, investigando”, afirmó.
En esa línea, remarcó que ese trabajo permitió visibilizar situaciones que durante décadas permanecieron en silencio en la región, desde detenciones ilegales hasta casos de personas desaparecidas y víctimas de torturas en distintas localidades de la provincia. Entre ellos, hechos registrados en Pico Truncado, donde un grupo de policías fue detenido y algunos de ellos sometidos a tormentos en instalaciones militares de Comodoro Rivadavia.
También dejó entrever que con el paso del tiempo continúan apareciendo historias, como la de Federico Lüdden nacido en la localidad de Las Heras y que fuera detendio en su casa de City Bell, departamento de La Plata, que amplían lo que se sabía sobre lo ocurrido en Santa Cruz, en una reconstrucción que todavía no está completa.
“Hay que mantener viva la memoria por toda esa gente, por todos los argentinos que todavía habitamos este suelo”, expresó. Y agregó: “No vamos a discutir cuántos fueron, sino recordarlos”.
Durante el acto se recordó a Margarita Delgado, vecina de Las Heras detenida y desaparecida durante la última dictadura cívico-militar. Tenía 25 años cuando fue secuestrada en 1977, en un operativo en el que también fue asesinado su compañero. Durante años, su historia quedó en silencio, como tantas otras en el país, hasta que con el tiempo comenzó a reconstruirse.
Ese nombre, repetido en el acto, remite a una historia concreta atravesada por el accionar del terrorismo de Estado. Como en tantos otros casos durante la dictadura, la desaparición de Margarita Delgado se dio en un contexto de secuestros ilegales, operativos sin orden judicial y traslados a centros clandestinos de detención, donde las víctimas permanecían incomunicadas y fuera de todo registro. Para su familia, eso significó años de incertidumbre, sin información oficial ni respuestas sobre su destino.
Recién con el regreso de la democracia comenzaron las primeras investigaciones, pero en muchos casos la reconstrucción de lo ocurrido llevó décadas y todavía hoy, a 50 años, hay historias que siguen abiertas.
Al término del acto, en medio de la gente que comenzaba a retirarse del Salón Cultural, su hermano Arturo Delgado aceptó dialogar con La Opinión Austral. Ante la consulta sobre su presencia en la conmemoración, respondió: “Vine por mi hermana, porque todos los años la recuerdo. No me hace muy bien, pero uno siempre vuelve”.
A partir de allí, su testimonio permitió reconstruir parte de la historia familiar, atravesada por años de incertidumbre. Explicó que durante mucho tiempo no supieron qué había pasado, porque no había información ni respuestas, en un contexto donde —como ocurrió en todo el país— las familias quedaban completamente a oscuras frente a la desaparición de sus seres queridos. “En ese tiempo no se podía averiguar nada… después, con los años, se fueron sabiendo cosas”, expresó, en referencia a un proceso que en muchos casos llevó décadas.
En ese marco, señaló que el 24 de marzo sigue siendo una fecha difícil, porque no remite sólo a un hecho histórico, sino a una experiencia personal que permanece. “Uno se acuerda de su hermana”.
Su presencia en el acto volvió a poner en primer plano una realidad que atraviesa a muchas familias: la memoria no se construye sólo desde los discursos, sino también desde esas historias que se sostienen en el tiempo, marcadas por la ausencia y por la necesidad de seguir buscando respuestas.
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