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Un millón cuatrocientos mil pesos habría sido el móvil por el que un integrante del Ejército terminó con la vida de un conocido empresario de Río Gallegos, hace poco más de dos años.

Se trata de uno de los casos más resonantes del último tiempo en la capital de Santa Cruz: un hombre fue encontrado sin vida, semienterrado y con un disparo en la cabeza.

José Daniel Cabrera Gallardo, alojado actualmente en la Comisaría Sexta, comenzó a ser juzgado por el crimen de Nelson Ariel Romero, apoderado de Romero Sistemas -reconocida firma de seguridad privada-, quien halló la muerte el 18 de agosto de 2024 y cuyo cuerpo fue localizado días después por la Policía en las afueras de Río Gallegos.

Nelson Romero tenía 56 años de edad al momento de su muerte. (FOTO: LA OPINIÓN AUSTRAL)

Tal como indicó La Opinión Austral, todo comenzó con una denuncia por desaparición luego de que el hermano de Romero lo llamara sin obtener respuesta. Con las horas, la mascota de Ariel -un bulldog francés- fue vista deambulando por el barrio Marina, y su camioneta con manchas de sangre fue hallada a pocas cuadras, en el barrio 366 Viviendas, a metros de la casa de Cabrera.

Este viernes, minutos después de las nueve de la mañana, comenzó el debate de valoración de pruebas contra Cabrera en las instalaciones de la Cámara Oral.
Al recinto asistieron tanto familiares de la víctima como del imputado.

Con puntualidad y en medio de un silencio absoluto, la presidenta del tribunal, María Alejandra Vila, dio inicio al juicio. Cabrera se sentó junto a sus abogados, Rodrigo Marín y Matías Solano. En la primera jornada lució camisa blanca a rayas celestes, jean y una mirada firme hacia el tribunal o la Fiscalía; respecto a las fotos de cuando estaba libre, solo conserva el corte militar.

Del otro lado de la sala estuvo la fiscal de Cámara, Verónica Zuvic, junto a Aldana Ulloa y los querellantes, los abogados Gabriel Bertorello y Cristian Arel.

Carlos Arenillas, María Alejandra Vila y Jorge Yance deliberando. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Acompañando a María Alejandra Vila estuvieron Jorge Yance como vocal titular y Enrique Arenillas como vocal subrogante.

Como se observó en la transmisión en vivo de LU12 AM680 antes de la apertura formal, para comenzar la jornada se dispuso la inclusión por lectura o presencial de unos treinta testigos que, desde este viernes y durante la próxima semana, acudirán a Malaspina 41 para aportar datos relevantes en la causa, calificada como homicidio agravado criminis causae y por el uso de arma de fuego, por la que Cabrera podría recibir reclusión perpetua.

El acusado solo habló dos veces: al presentarse ante el tribunal y al responder con un tajante “no” sobre si declararía para dar su versión de los hechos imputados por el crimen del empresario.

El acusado identificándose ante el tribunal. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Al presentarse, Cabrera dijo haber nacido en Tartagal, Salta; ser integrante del Ejército Argentino y residir desde 2020 en la casa 75 del barrio 366 Viviendas. Todo ante la mirada de los familiares de Romero quienes, entre la impotencia, sacaban pañuelos de papel y movían las rodillas con nerviosismo.

Ante su negativa a declarar, la secretaria de Cámara leyó la indagatoria de la instrucción. Tal como lo informó La Opinión Austral en agosto de 2024, el exmilitar sostuvo que halló la llave del rodado de Romero Sistemas a metros del vehículo, mal estacionado cerca de su casa.

Toda la prueba presentada en la sala de juicio. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

En esa oportunidad, el acusado afirmó haberse apoderado de pertenencias y de la llave, añadiendo que no llamó a la Policía porque se “había manchado con sangre” y sintió “miedo”; lo que provocó indignación en los allegados de la víctima, quienes rechazaron tales dichos e hicieron gestos de incredulidad ante esa hipótesis. Mientras tanto, Cabrera escuchaba con atención y el ceño fruncido, mirando hacia la nada.

Según la acusación fiscal, Cabrera mató a Romero de dos disparos cerca de la casa de este para obtener un beneficio económico de 1 400 000 pesos mediante la billetera virtual del fallecido y una tarjeta con la que compró un celular en la plataforma Marketplace de Facebook.

José Daniel Cabrera Gallardo siendo retirado esposado por las autoridades en un cuarto intermedio. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Antes de iniciar formalmente el debate, las partes acordaron realizar una inspección en las zonas por donde circuló la camioneta de Romero, desde su vivienda hasta el hallazgo con manchas de sangre, lonas y cinta en el barrio 366 Viviendas, la cual se concretará en los próximos días con la logística requerida.

Las joyas

Al rehusarse Cabrera a declarar y no llegar a un juicio abreviado, dio inicio el proceso ordinario con la declaración de los primeros 30 testigos. El primero en testificar fue Néstor Aldo Romero, hermano del empresario y querellante en la causa.

Néstor relató cómo supo de la desaparición, cómo fue la búsqueda y aportó un dato clave: a ambos les gustan las alhajas -según indicó ante el tribunal- y algunas que llevaba la víctima no aparecieron.

Néstor Romero, hermano de Nelson Ariel y querellante en la causa. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Néstor mantenía un vínculo cercano con su hermano y solían saludarse a las ocho de la mañana, pero ese día fue distinto: “Él no me contestó; a veces tardaba, pero siempre respondía. Lo llamé y daba apagado”, declaró ante el tribunal, entre gestos de asentimiento de sus allegados y la atenta mirada de las partes.

“Pensé que podía estar volando, hace poco iniciara clases de vuelo y el día estaba lindo”, comentó sobre su sospecha inicial vinculada al aeroclub local. Al copropietar una firma de seguridad, Néstor usó los medios a su alcance para buscarlo. Antes del mediodía, un móvil llegó a la casa de la víctima en el barrio Forestal; tras hablar con la empleada, constataron que el cuarto de Ariel estaba cerrado y la cama tendida: “No había dormido ahí”, dijo, generando un silencio profundo en la sala.

Zuvic devolviendo la cadena al hermano de la víctima. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Al indagar sobre las joyas, Néstor explicó que ambos usaban cadenas de unos 110 gramos y que Ariel llevaba anillos de 30 a 40 gramos con grabados: “Tenía uno con iniciales y otro con un escorpión por su signo”, detalló a la Fiscalía. En ese instante, mostró una cadena similar a la sustraída a su hermano, se la quitó y se la acercó a Zuvic para que la examinara.

El respeto primó minutos después, cuando Matías Solano expuso sus condolencias al hermano y familiares de la víctima, aclarando que su labor es estrictamente técnica.

La primera pregunta de la defensa se refirió a la contextura de Ariel, ante lo cual Néstor sonrió brevemente: “Era más grandote que yo, pesaría unos 92 kilos”, dijo el testigo.

Matías Solano haciendo preguntas mientras es escuchado por su cliente. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Como la firma privada cuenta con registros en vídeo, Solano le consultó a Néstor cómo es el trabajo conjunto con las fuerzas de seguridad. “Nosotros colaboramos con la Policía y tenemos un director técnico que es un comisario mayor”, indicó, añadiendo que suelen entregar un pendrive.

Seres queridos de Nelson Ariel mientras escuchaban a Néstor. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

La casa de Ariel tenía cámaras perimetrales y, al respecto, Néstor cuenta con el disco rígido guardado. Para concluir, la fiscal le pidió una reflexión a Néstor: “¿Cómo son los días sin Nelson?”, motivando una declaración que conmovió a los presentes: “Siempre se hace difícil, fueron muchos años. Además de hermanos éramos amigos, comíamos juntos y nos hablábamos a diario. Tenía, como dicen, buena vibra. Solo espero profesionalismo de los jueces”. Esto provocó que Damián Quiróz, allegado a la víctima, rompiera en llanto junto a la familia.

El segundo hermano

Tras Néstor, declaró el hermano del acusado: Ezequiel Cabrera, quien, al igual que en sus dichos a La Opinión Austral en su momento, defendió a su familiar asegurando que es “un hombre de bien”.

Ezequiel contó que ambos fueron soldados voluntarios en Tartagal, ingresaron al Ejército y en 2020 los trasladaron al sur: él a Rospentek y José a Río Gallegos.
En ese sentido, comentó que su hermano tenía un perfil falso en Facebook a nombre de Ariel Martel, donde vendía zapatillas, camperas y celulares. Agregó que a su hermano le gustaban los teléfonos y solía usar iPhones, aunque no recordaba si el último era “14 o 15”.

Ezequiel Cabrera testificando ante el tribunal. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Los días posteriores al arresto hubo tensión judicial por la representación del imputado, aspecto que explicó su hermano. “Cuando una compañera me contó lo sucedido, viajé de Rospentek a Río Gallegos y contacté al abogado Jorge Trevotich. Pero en la comisaría apareció otro, de apellido Monzón, diciendo que lo había enviado mi mamá; no sé si ella lo conoce. Yo elegí a Trevotich”, indicó. Cabe recordar que, por esos días, el juez Fernando Zanetta apartó a Trevotich en la instrucción para no vulnerar el derecho a defensa.

El celular de Ezquiel Cabrera siendo entregado a la instructora. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

El testimonio de Ezequiel abordó también el móvil que su hermano habría tenido al momento del hecho (la fiscalía sostiene que compró un iPhone 15 con dinero de la billetera virtual y tarjeta de Romero), por lo que mostró fotos del acusado con el equipo. Al incorporar nueva prueba, las partes la revisaron: la fiscal y la querella analizaron el aparato y dieron sus impresiones. “¿El de la foto es tu hermano?”, indagó Zuvic, mientras Arel acotó: “No se ve la fecha”. Cabrera siguió la secuencia con tensión, acomodándose en la silla.

Tras la desaparición

Quienes primero supieron de la desaparición testificaron luego ante el tribunal: la empleada doméstica de Romero, una colaboradora de su empresa y un sobrino del empresario.

La empleada de Romero Sistemas declaró que el 19 de agosto “comenzamos a llamarlo y no era habitual que pasara eso”. Agregó que lo vio por última vez la jornada previa, vistiendo ropa informal y sin notar nada extraño. Señaló que el bulldog francés, mascota de Ariel, estaba con él, pues solía llevarlo al trabajo. Como a Néstor, la querella le preguntó si usaba joyas; la mujer respondió afirmativamente: “Anillos, cadenas y pulseras”.

Una de las empleadas de Romero Sistemas frente al tribunal. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Siguió el testimonio de la empleada doméstica, quien indicó que esa mañana llegó con normalidad. Ella trabajaba dos veces por semana, de 7 a 14 horas.
“La alarma estaba activa; la desactivé y limpié el comedor. La puerta de la pieza estaba cerrada, pensé que dormía”, aseguró. Consultada sobre si conocía a Cabrera, respondió con un tajante “no”.

Añadió que Ariel “era una excelente persona, la mejor que conocí en mi vida, muy respetuoso”. La mujer indicó que pocos ingresaban a la casa. Mencionó que su yerno y un hombre llamado Luis le “hacían de uber” para trasladarla a ella y a visitas puntuales al domicilio del barrio Forestal.

En este punto, la defensa pidió reproducir un audio en la sala: un diálogo entre la empleada y Luis. De pocos segundos, expuso la desesperación de ella al indicarle que Romero no aparecía: “Ariel no aparece; hallaron al perro, pero él… ¿dónde dejaste a esa persona?”. Luis respondió: “En Beccar y Ecuador, cerca del monumento a Malvinas”.

La empleada doméstica durante su testimonio. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Luis agregó en la grabación: “Mucho no puedo ayudar, estoy en Salta”. Sin recordar el nombre, describió al sujeto como “un hombre flaco y narigón”.
El yerno de la empleada inició como jardinero de Romero, luego fue vigilador en la firma y chofer privado para gestiones del empresario. Al declarar este viernes, afirmó: “Hacía de chofer para mi suegra y personas desconocidas, a las dos de la tarde y a las ocho de la noche”. Aclaró no conocer a Cabrera.

Cerró la tanda el sobrino de Romero, empleado de la firma. Relató que el 19 de agosto accedió a la computadora de Ariel y notó transferencias en horarios inusuales de la noche previa: “22:30 o 23 horas; ahí avisamos a la DDI”, recordó sobre las primeras gestiones.

Como Néstor, explicó la labor conjunta con las fuerzas de seguridad y ratificó que “somos colaboradores de la Policía”, sumando que “hay muchos videos”.
Para el sobrino, el crimen “fue un golpe duro; trato de no quebrarme, era un tipazo”. Al retirarse tras declarar, giró a la izquierda y miró al acusado, quien siguió impávido, con la mirada perdida.

El celular

La compra del iPhone 15 por parte de Cabrera usando la billetera virtual y las tarjetas de Romero resulta medular en la causa. Por ello, los siguientes testigos resultaron clave: el vendedor del equipo y el camarada de armas del acusado que fue a buscarlo debido a que este se hallaba de guardia. Ambos aportaron un relato coincidente sobre el procedimiento acordado para el encuentro y la entrega del teléfono.

Cristian Arel hablando con Néstor Romero. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Como dato relevante, el comerciante había integrado el Ejército tiempo atrás, por lo que conocía tanto al imputado como a su compañero.

El camarada del acusado sostuvo en la instrucción que Cabrera le había comentado que atravesaba una complicada situación económica e incluso hacía “changas” nocturnas como repartidor; no obstante, debieron recordárselo durante su declaración de este viernes.

La camioneta encajada

El 18 de agosto, el vehículo de Romero fue visto por la zona del barrio La Herradura, cerca de una conocida empresa de transporte y una cancha de fútbol 7. Dos vecinos comparecieron este viernes ante el tribunal para detallar lo observado esa noche.

Uno de ellos explicó que transitan pocos autos por el lugar y señaló que la camioneta parecía “atascada en el barro. Mi novia me pidió ayudarlo, pero no hay iluminación en el barrio y no logré ver bien quién era; solo noté que parecía joven. Al día siguiente vi en las noticias que lo buscaban y llamé a la policía para avisar que había visto la camioneta”.

Gabriel Bertorello oyendo uno de los testimonios de este viernes. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

El otro residente declaró en un sentido similar, aunque aclaró que, a su criterio, el rodado estaba detenido entre la calle y “lo que sería la banquina. Me lo crucé de frente, pero no pude identificarlo bien”, indicó.

Lo que viene

El debate de valoración de pruebas continuará el próximo lunes a las nueve de la mañana en las mismas instalaciones donde se realizaron las primeras audiencias. Se prevé la declaración de peritos y profesionales que actuaron en el expediente, sumado a la reconstrucción e inspección de cómo habría sido el trayecto de la camioneta: desde el barrio Forestal hasta la zona donde enterraron a Romero y, finalmente, el barrio 366 Viviendas donde fue hallado el rodado.

 

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