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La tragedia que conmocionó a Río Gallegos comenzó durante la tarde del domingo 25 de octubre, cuando José y Leo desaparecieron en las aguas del río Gallegos, en el sector conocido como La Toma, en Palermo Aike, a unos 30 kilómetros de la capital santacruceña. Durante casi cinco jornadas, efectivos policiales, bomberos, rescatistas y personal de distintas instituciones participaron de un amplio operativo que terminó el jueves 29 con el hallazgo de los dos hermanos.
El domingo 25
Tal como lo anticipó de manera exclusiva laopinionaustral.com.ar el episodio ocurrió alrededor de las 16, cuando los chicos se encontraban en la zona del río junto con dos adolescentes de 14 y 15 años, amigos y vecinos. Los cuatro habían cruzado un brazo de agua hacia una formación de sedimentos conocida como la isla. Al intentar regresar a la orilla, fueron arrastrados por la corriente.
Los adolescentes lograron salir del agua, pero perdieron de vista a José y Leo. La situación fue comunicada al sistema de emergencias 911 y, durante esa misma tarde, se desplegó el primer operativo de búsqueda.
Personal de la Unidad Operativa Güer Aike, efectivos del Grupo Especial de Rescate y Salvamento (GERS) y otros equipos comenzaron los rastrillajes por las márgenes del río y las tareas de búsqueda subacuática. Sin embargo, la escasa visibilidad, la temperatura del agua y las condiciones del cauce dificultaron el trabajo. Durante la noche se interrumpieron las tareas de buceo en profundidad por razones de seguridad, mientras se mantuvieron las recorridas y la vigilancia en el sector.
El lunes 26
A las 5.30 del lunes 26 de octubre se reanudaron las tareas con un despliegue mayor de recursos humanos y materiales. Cerca de 120 integrantes de distintas áreas participaron de las acciones, entre ellos personal policial, rescatistas del GERS, efectivos de Investigaciones, Seguridad Vial, Protección Civil, Prefectura Naval, Gendarmería y equipos de apoyo sanitario y social.
El ministro de Seguridad, Pedro Prodromos, supervisó el operativo y se avanzó en la coordinación de recursos adicionales, incluidos canes y equipos para explorar el lecho del río. También se restringió el acceso vehicular a determinados sectores para ordenar el movimiento en el área de trabajo.
Mientras los equipos recorrían las márgenes y exploraban el agua, los padres de los chicos, Katherin y José , permanecían en el campamento instalado en las inmediaciones. Profesionales del hospital brindaron asistencia psicológica y acompañamiento social a la familia.
Con el paso de las horas sin resultados, la familia insistía en la necesidad de encontrar a los niños, mientras los responsables del operativo evaluaban cómo ampliar la búsqueda sin exponer a nuevos riesgos a quienes intervenían.
El martes 27
El rastrillaje se amplió hacia distintos puntos del curso de agua. Los equipos trabajaron aguas arriba, en dirección a Canillitas, y aguas abajo, hacia el puente de la Ruta Nacional 3.
Para esa jornada, el despliegue superaba los 150 efectivos. Se incorporaron recorridas con personal montado y el uso de drones para observar sectores de difícil acceso desde la costa.
En paralelo, el abuelo de los chicos, Emilio Virreira, pidió que “se permitiera la colaboración de vecinos y baqueanos que conocían el terreno”. La familia valoraba la disposición de personas que se habían acercado para ayudar, aunque surgieron diferencias sobre la participación de voluntarios sin coordinación con los responsables del operativo.
Desde las fuerzas de seguridad explicaron que el ingreso de particulares al río sin preparación ni organización podía poner en peligro a los propios colaboradores y complicar las tareas.
El miércoles 28
Después de tres días de búsqueda sin resultados, los equipos comenzaron a concentrar esfuerzos en un sector más acotado del río. El testimonio de los adolescentes que habían sobrevivido al incidente permitió orientar el trabajo hacia una zona específica.
En ese marco, los perros marcaron un área de interés en el agua y se delimitó un cuadrante de aproximadamente 40 por 40 metros.
Por disposición del gobernador Claudio Vidal, se reforzó el equipo de buceo con seis buzos tácticos adicionales, hasta alcanzar un total de 15. También se incorporaron una cámara subacuática y un sonar de alta resolución para mejorar la exploración del fondo.
Ese día, cerca de las siete de la tarde, el jefe de Gabinete, Pedro Luxen, y el jefe de la Policía, Diego Agüero, brindaron información sobre el desarrollo del operativo en una conferencia de prensa. La posibilidad de sumar un helicóptero para el día siguiente también formó parte de la planificación.
El jueves 29
Las tareas comenzaron a las 6. La jornada estuvo marcada por la presencia del gobernador Claudio Vidal y del jefe de Gabinete, Pedro Luxen, quienes llegaron al lugar antes de las 6.30. Desde allí, Vidal participó de un reconocimiento aéreo en un helicóptero provincial junto con el padre de los chicos.
Durante esa jornada se produjo el desenlace que la familia esperaba desde el domingo. En el sector donde se concentraban las tareas, los rescatistas localizaron el cuerpo de José, el mayor de los hermanos, y procedieron a recuperarlo con la intervención de buzos y embarcaciones. Más tarde, el cuerpo de Leo, fue encontrado por personal que realizaba rastrillajes terrestres aguas abajo, en las inmediaciones del puente de Güer Aike.
Con ambos hallazgos, el operativo de búsqueda concluyó el jueves 29. A partir de ese momento, las actuaciones quedaron sujetas a los procedimientos judiciales y administrativos correspondientes.
La noticia provocó una profunda conmoción en Río Gallegos. Tras días de incertidumbre y búsqueda, la familia tuvo que afrontar la confirmación más dolorosa. El Gobierno provincial dispuso dos días de duelo, con las banderas a media asta, en señal de acompañamiento y pesar por la muerte de los niños.
Alrededor de las 19.30 del jueves, los restos fueron entregados a la familia y trasladados al Club Talleres, donde se preparó la despedida de una gran cantidad de vecinos que llegarían a dar el último adiós.
El viernes 30
Desde las primeras horas del día, familiares, amigos, vecinos y compañeros se acercaron al Club Talleres, para acompañar a la familia. El velatorio se extendió durante más de 20 horas, entre la noche del jueves y la jornada del viernes, y convocó a una multitud.
La presencia de compañeros de escuela, integrantes de delegaciones deportivas infantiles y vecinos reflejó el impacto que la muerte de los hermanos tuvo en la comunidad. José y Leo vivían en el barrio San Benito y jugaban al fútbol en el Club Talleres, un espacio que formaba parte de su vida cotidiana.
José tenía 12 años y proyectaba continuar sus estudios en el Colegio Industrial. Además, había surgido la posibilidad de viajar a Comodoro Rivadavia para realizar una prueba futbolística. Leo, de 10 años, compartía con su hermano el vínculo con el fútbol y con su entorno barrial.
El abuelo Emilio Virreira había recordado esos proyectos durante los días de búsqueda y había expresado “la impotencia de no encontrar palabras para consolar a mi hijo”. La familia atravesó aquellas jornadas aferrada a la esperanza de que los niños aparecieran, mientras recibía muestras de solidaridad de vecinos y personas que se acercaron para colaborar.
A las 16.30 del viernes, la procesión fúnebre partió acompañada por autobombas de bomberos y vehículos de Protección Civil. Cerca de las 17, los restos llegaron al Cementerio Municipal, donde se realizó la despedida final. La suelta de globos blancos acompañó uno de los momentos más emotivos de la jornada.
Una tragedia que obliga a revisar la prevención
La muerte de José y Leo dejó al descubierto los riesgos que presentan determinados sectores del río Gallegos, especialmente aquellos que son utilizados de manera informal como espacios recreativos.
La Toma es un lugar conocido por los habitantes de Río Gallegos, pero esa familiaridad no elimina los peligros del cauce. Los pozones, las variaciones de profundidad, las corrientes y las bajas temperaturas pueden convertir una jornada de esparcimiento en una emergencia en pocos segundos.
La tragedia también recuerda que, detrás de cada operativo, hay personas que arriesgan su integridad para ayudar y familias que atraviesan momentos de enorme vulnerabilidad. La asistencia emocional, la coordinación institucional y la planificación de los recursos de una respuesta y, tal como dijo el jefe de Gabinete Pedro Luxen: “Hay que trabajar para que esto no vuelva a pasar“.
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