Your browser doesn’t support HTML5 audio
Alberto Marucco estuvo preso entre 1976 y 1981, primero en el Regimiento de Infantería Nº8 “Gral. O’Higgins” en Comodoro Rivadavia y después, en la Unidad Penitenciaria N° 6 en Rawson.
A mediados de diciembre de 2025, el Tribunal Federal de Comodoro Rivadavia condenó a dos exmilitares, dos expolicías de la provincia de Santa Cruz y un exprefecto por crímenes de lesa humanidad cometidos en el Centro Clandestino “Las Casitas”, que funcionó en el RIM 8, contra 23 personas que fueron secuestradas en el departamento de Güer Aike, Pico Truncado, Caleta Olivia, Comodoro Rivadavia y La Plata.
Raúl Pantaleón Cruz fue condenado a 11 años de prisión, Eduardo Rodríguez, a 3 años y 6 meses; los expolicías de Santa Cruz, Mario Enrique Pérez, recibió una condena de 7 años, y Francisco Olegario Sevilla, de 6 en tanto que el exprefecto Alfredo Pablo Lisseri, 3 años y 6 meses. El exmilitar Fernando Pedernera y el expolicía Rafael Augusto Manuelides fueron absueltos, consignó el Ministerio Público Fiscal de la Nación.
Marucco nació en Río Gallegos. Su padre era un militar que vino como soldado a Santa Cruz, donde conoció a quien se convertiría en la madre de sus hijos.
Durante un tiempo, por pase, la familia vivió en Rosario. En el barrio Saladillo, conoció cómo era crecer en una comunidad solidaria. En diálogo con La Opinión Austral, el expreso político y primer secretario de Derechos Humanos de Santa Cruz, afirmó que no tiene una fecha, sino que hubo “momentos para determinar cómo me fui incorporando a las preocupaciones políticas”.
La Opinión Austral: ¿A dónde te encuentra el 24 de marzo del ’76?
Alberto Marucco: Militaba con muchos compañeros, César Vivar, Juan Pablo Zúñiga, Morgavi, mucha gente de acá. Era secretario privado de Juan Carlos Rosell.
Cuando muere Perón, con todo el trabajo que había hecho don Jorge Cepernic, provocador, queriendo expropiar la Estancia El Cóndor, cosas muy significativas para la época, era inminente la intervención a la provincia. Suponíamos, no tan errados, que iba a venir la derecha peronista con la Triple A, entonces, algunos nos fuimos y estuvimos trabajando políticamente en Chubut.
Marucco fue el primer titular de la Secretaría de Derechos Humanos de Santa Cruz.
La intervención fue en octubre del ’74, yo vuelvo a fines del ’75 a armar con Juan Carlos Rosell y y don Cepernic el Partido Auténtico, que era un partido del peronismo, pero de la tendencia de las regionales y vinculado al sector en ese momento que eran montoneros, la parte política que se pretendía llevar adelante. Recorrimos toda la provincia con Rosell afiliando para el Partido Auténtico.
El 24 de marzo, me despierto y me entero que está el golpe y que uno de los detenidos era (Ramón) Torres Molina, la señora y otros más.
Suponiendo que me iban a venir a buscar, me voy a la casa de Sergio Medina, un amigo abogado, y de Ariel Medina. Los padres me dieron amparo: “No te quedes en tu casa, vení a la nuestra y quedate escondido acá”. Era una cosa muy fuerte en esa época y cada vez que me acuerdo es muy fuerte, porque no salí por 15 días y los partes, por ejemplo, decían: “Será condenado a muerte, todo aquel que ayude a un subversivo” y yo estaba con los padres, dos personas grandes. Todos esos gestos son lo que me van a formar.
No vinieron a buscarme así que retomé la actividad. El 11 de junio o julio del ’76, siempre tengo este problema con la fecha, me detienen.
Van a mi casa, oficiales importantes, los tres comisarios de la Primera, Segunda y Tercera, el jefe de la SIDE y el de la federal, capaz porque mi papá que era militar, pero ya estaba retirado.
Me llevaron a la Tercera, interrogatorio, después a la Primera y luego me dicen: “Bueno, si vos no contás lo que nosotros queremos que nos digas, te vamos a tratar de otra manera”.
Me trasladaron dos agentes de la Policía Federal en avión a Comodoro. Y una sorpresa, acá había un profesor de gimnasia que era muy popular, Mena. Era muy ameno, muy compinche. Cuando llego a la federal, el que me toma la huella digital era él y cuando yo lo veo, abro los ojos. “Qué sorpresa, ¿no? Vení para acá que te vamos a tomar la huella”, dijo. Ahí descubro que ese profesor que era tan amable en la escuela era de la federal.
Me llevan directamente al Regimiento 8 de Infantería de Comodoro Rivadavia, donde estoy un mes y medio más o menos, secuestrado, encapuchado y con 20-30 compañeros.
LOA: ¿Cómo se vivía ahí?
AM: Muy mal.
Agradezco a Peyo Torres, creo que debió ser él, al menos eso le pedí, que le hiciera llegar a mi familia donde estaba. En mi casa llegó un mensaje anónimo “su hijo está en el regimiento de Comodoro”.
Cuando me llevan a Comodoro, bajamos al aeropuerto. Unos jóvenes oficiales, le hacen entrega de mí, me suben a una camioneta del Ejército, con una lona arriba, me tiran al piso, me dan patadas y trompadas, me vendan los ojos, me ponen una capucha y me esposan. Y ahí me empiezan a llevar por toda la zona, el aeropuerto queda frente a un barrio que se llama Próspero Palazzo, yo había vivido en Próspero Palazzo así que con todas esas volteretas que hacían para despistarme, me estaba dando cuenta de que me llevaban a ese lugar.
Entré sabiendo a dónde entraba, sin verlo, era un regimiento. Tortura, humillaciones de todo tipo, me había mordido la lengua por la tortura y se me había reventado un oído. Al único que pude denunciar, porque estuve todo el tiempo casi sin escuchar y vendado, fue al médico que me fue a inspeccionar. Después, nos sacan y nos reparten en las comisarías y dos días después nos llevan en avión a la cárcel de Rawson.
El día que llegué a la comisaría, me dejaron ahí y vino un médico a ver cómo estaba. Esa noche fue tremenda, terminé comiendo esposado en un pedazo de cartón, hacía casi un mes que no comía. Así que le pedí a los presos comunes que me dejaran algo en un pedazo de cartón sucio que había y comí, como pude, del piso con las manos atadas. Esas humillaciones eran constantes en el regimiento y después en la cárcel de Rawson también, fue duro para todos los que estaban ahí.
Lo que es importante destacar de ese lugar es que no sólo estuvo la militancia política peronista, partidaria, sino que también hubo policías presos. Estaba Llamazares que fue el jefe de policía de Acevedo. Ahí fue denunciado el comisario Sevilla, todos lo conocíamos, era el comisario del pueblo, y era uno de los que torturaba, lo habían llevado para torturar a gente de Santa Cruz.
LOA: ¿Era un destino para santacruceños?
AM: De la Patagonia. Había un compañero que mandaba una revista que en esa época era de circulación clandestina, “Evita”, y se la mandó a varios amigos de Comodoro. A raíz de eso, como miraban el correo, descubrieron a esos que recibían la revista, juntaron nombres y denunciaron que había aparecido una célula terrorista en la Patagonia, dada la trascendencia que le dieron necesitaban identificar quienes eran y éramos militantes tanto del Chubut como de Santa Cruz que habíamos estado signados, por eso Jorge Morgavi, su esposa, la mujer de Juan Carlos Rosell y otros tantos, también fueron detenidos en la comisaría, algunos llegaron a la Unidad 15 y algunos es tuvieron unos pocos días, Leandro Manzo, Laura Manzo.
Hubo un compañero al que lo hicieron desaparecer, el “Pocho” Silveira, y otros terminamos con varias cuestiones producto de la tortura y con varias causas inventadas, nos hacían firmar todas las atrocidades que a ellos se le ocurrían poner como que habíamos hecho los detenidos.
LOA: ¿Qué fue lo más complejo que te tocó vivir ahí?
AM: De todo ese periodo del centro clandestino de detención y exterminio, todo lo que se ha escuchado de torturas, golpes, humillaciones. Había mujeres detenidas que fueron violadas.
También la humillación a nuestros familiares. En ese momento, mi madre tendría 40 y tantos años, mi padre, un poco más, y cada vez que me iban a ver, la desnudez, la humillación, el manoseo, la diatriba, todo eso.
“Las aberraciones que había en la cárcel, me cuesta enumerarlas”.ALBERTO MARUCCO, EXPRESO POLÍTICO
Ellos iban cada dos meses, el sistema para los que estaban ahí era todos los sábados y domingos, y para los que estábamos a más de 100 km, teníamos seis días cada dos meses. Mis padres, gracias a Dios, estuvieron presentes siempre.
LOA: ¿ Cuándo te liberan?
AM: En el ’81 me liberan de la cárcel, después sigo con prisión domiciliaria y para la guerra de Malvinas en abril me informan que estoy en libertad plena, fueron en total casi seis años.
El golpe no fue contra nosotros, fue contra todo el pueblo argentino. La mayoría de los muertos y desaparecidos eran trabajadores, obreros de fábrica, gremialistas, estudiantes. Era una cuestión primero con la derecha en general que le cuestionábamos métodos que quería llevar adelante López Rega, peleado con don Jorge Cepernic, luchar contra eso era todo un símbolo.
Militancia hoy es casi un estigma, una palabra con la que te desmerecen. Juan Carlos Agüero y muchos compañeros peronistas, que conocí en ese momento de juventud y compromiso, tenían una entrega muy importante, colaborábamos en los distintos barrios y vecinales.
Estando en Comodoro cuando no teníamos ninguna ayuda estatal, arriba en la última callecita del Chenque, pusimos cinco cuadras de agua pidiéndole un tanque a la petrolera, consiguiendo gente que nos lleve hasta allá arriba. Y lo hacíamos cuando salíamos de trabajos duros de albañilería, en ese momento trabajaba en una obra en construcción porque no tenía otra cosa y estaba tratando de que no me encontrara la policía.
Esa entrega que era de horas de esfuerzo, de compromiso con la gente, esta altura de mi vida, a mí me queda el placer de haber hecho eso.
LOA: Hay muchas personas que hoy no se sabe dónde están y no pueden contar lo que vivieron. Me gustaría que cuentes cómo fue ese periodo durante el cual estuviste detenido para que se entienda lo que significaba ser un preso político durante la dictadura.
AM: Lo más tremendo es que vos sabías que estabas a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, que afuera se mataba gente, leíamos los diarios cuando teníamos.
Sabíamos que en Pilar, por ejemplo, habían apilado a 30 compañeros muertos y lo habían dinamitado y explotado por el aire. No es agradable contar eso, pero a veces uno cuenta alguna cosa para que se tenga dimensión de lo que era eso, había muertos todos los días. Y esto de que era una guerra, algunos estaban en organizaciones militares, pero en la cárcel he estado con un muchacho de 16-17 años recién cumplidos que estaba en la UES.
Las aberraciones que había en la cárcel… me cuesta a veces enumerarlas y de hecho no me gusta, pero a veces las cuento en general, en lo personal uno no cuenta lo que te pasaba.
“Ahora los ven como gente grande, pero sabés cómo torturaban cuando eran jóvenes, como violaban cuando eran jóvenes…”.
ALBERTO MARUCCO, EXPRESO POLÍTICO
Me jacto, a lo mejor con algo de soberbia, pero no odio. No sé si he odiado a alguien en algún momento. Con Etchecolatz me pasaba algo así de odio, fue la primera vez que la sentí, imaginaba momentos donde él padeciera todo lo que hizo, toda la tortura, lo más inimaginable que gente como él llevaba adelante con jóvenes de 17, 18, 25 años.
Ahora dicen: “Bueno, los genocidas, ya están viejos…” Cada día que niegan decir dónde están los desaparecidos, son genocidas, cada día es un día más de genocidas que tienen a todas estas personas detenidas e involucradas en la represión y en la dictadura del ’76. Ahora los ven como gente grande, pero sabés cómo torturaban cuando eran jóvenes, como violaban cuando eran jóvenes…
El 24 de marzo tenemos que hablar del 24 de marzo, querés hablar de los derechos de la mujer, hablémoslo hasta el 23 y el 25, seguimos. No desvirtuemos la magnitud, el dolor y todas las particularidades que tuvo esa fecha nefasta que es el inicio de la dictadura más sangrienta que tuvimos en Argentina, tengamos ese día exclusivo para eso, si podemos.
Por suerte, no tenemos dictaduras militares, tenemos que tratar de seguir manteniendo esta cuestión de justicia, de verdad y memoria.
Me han gustado mucho las invitaciones a los colegios, los chicos tienen que saber que nosotros fuimos encarcelados, torturados, pero que empezamos peleando por el pelo largo.
LOA: ¿Qué significan para vos estos 50 años del golpe?
AM: El juicio que tuvimos por el Regimiento N° 8 me marcó un una cosa importante, declaré como víctima de la detención.
En ese momento, preso nadie pensaba en la salida, el pensamiento pasaba por evadirse, estando esposado, atado a una cama y golpeado. Estaba contra una pared, así que pasaban por ahí, te golpeaban, terminé en la cárcel con un hematoma grande.
La fantasía era escaparme. Los aviones pasan muy bajito aterrizando en Comodoro y como nos manejábamos mucho en avión, se sabía el horario y si era Austral, era Aerolíneas. Salir de ese horror que teníamos ahí, la fantasía de “agarro el Austral de las 12 hs, me meto en la rueda” y lo más pavote, vuelvo a Gallegos, lo primero que van a hacer es buscarte en tu casa, pero esa era la fantasía que uno tenía.
Un compañero me decía: “Che, loco, hace 50 años pasó eso, están muertos, los que nos torturaron. Y nosotros ya tenemos problemas de otras cosas, de los tobillos, de las caderas”. Él, enojado con la situación, lo cual es totalmente entendible.
Con otros compañeros charlamos y decían: “Che, pero tenemos que ir a testificar. Nosotros somos protagonistas de ese momento y quién mejor que nosotros va a decir y denunciar aquello que pasó, aunque sea tarde, ¿no?”. El jefe de Regimiento ya había muerto.
También estuvo el alivio por poder estar y recordar a aquellos que ya no están. Ese día me acordé de algunos que otros que murieron en otras circunstancias, después que salimos, César Vivar, Juan Pablo Zúñiga, Luis Porciel, un amigo entrañable. Fue poder contar lo que ellos no pudieron contar, la llevamos al juicio, eso trae también algún alivio al alma. Uno cree que la tiene toda ya superada, el tiempo te va llevando a eso a superar y cuando ocurren estas cosas uno termina quebrado emocionalmente, pero alivia, eso alivia.
Leé más notas de Belén Manquepi Gómez
Compartir esta noticia
Dejanos tu comentario